Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Moralidad Imposible
Eduardo García Gaspar
15 mayo 2007
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Creo que todos estaríamos de acuerdo en que una piedra, una roca, un árbol, o un veneno no pueden ser juzgados por los actos cometidos con ellos. No puede culparse a la piedra de la ruptura de un vidrio, ni al veneno de la muerte de una persona, ni al árbol por aplastar un automóvil.

Esto tiene sentido para todos. Y sin embargo, se cometen errores severos al respecto. Por ejemplo, un lector me envió una cita de origen desconocido que dice, “La economía moral debe usarse para resistir a la economía de libre mercado para evitar que las alzas de precio lastimen a las personas”.

La frase es muy bonita, pero es errónea. No puede haber una economía moral, de la misma manera que no puede haber una matemática moral.

Los únicos que podemos ser morales somos las personas, no las cosas que usamos. Un cuchillo puede ser muy útil en la cocina o en la mesa, pero también en un asalto o en un asesinato. El cuchillo sigue los mismos principios físicos cortando un buen filete que entrando en el estómago de una persona. Ni la anatomía, ni la física tienen moral. La moral recae en la persona que usa el cuchillo.

El tema puede quizá parecerle irrelevante, pero es vital por una razón: si usted cree que la economía puede ser moral usted cometerá grandes errores y, peor aún, retirará responsabilidad de las personas. Quien cree estar aplicando una economía moral ya no siente obligación de serlo. Cuando la responsabilidad moral se traslada a las ciencias, a la organización social, a las estructuras sociales, la persona pierde libertades y con ellas responsabilidades.

En economía hay leyes, principios que sabemos que funcionan independientes de nuestra voluntad. Sabemos que una elevación de la demanda produce precios mayores, que un aumento de la oferta los reduce. Eso no es moral ni inmoral, como tampoco lo es la ley de la gravitación, ni las leyes de la termodinámica. Nadie tendrá la ocurrencia de decir que la ley de la gravitación es inmoral porque puede matar personas.

Tampoco tiene sentido decir que la ley de la oferta y la demanda es inmoral porque puede reducir los ingresos de las personas, o aumentarlos. Las ciencias describen y explican la realidad. Y nada más. Resultaría tonto decir que es inmoral que una llama nos queme, pero sí es inmoral que una persona nos queme intencionalmente con una antorcha.

El punto es vital porque una buena cantidad de personas creen que pueden desarrollar una economía moral. Sin duda las intenciones son buenas, pero es imposible lograrlo. Usted no puede construir una física moral incluso con la gran intención de impedir que haya muertes en accidentes de tránsito. Si usted quiere lograr esa meta, entonces hace otra cosa: aprovecha lo que sabe de física y lo utiliza para lograr ese objetivo.

Usted no pone de lado a su conocimiento de física, al contrario lo capitaliza para lograr lo que quiere. En economía sucede lo mismo: se aprovechan los conocimientos de esa ciencia para intentar alcanzar objetivos buenos. ¿Quiere usted bajar precios? Sabemos muy bien qué hacer: facilitar la creación de una oferta mayor, lo que elevará el poder adquisitivo de las personas.

La discusión de este punto es fuerte. En lo general los socialistas se inclinan por la idea de tener una economía moral que sea de beneficio a las personas. Su problema es que en esa intención ignoran que la economía tiene leyes y que, si por ejemplo, quieren elevar el ingreso de las personas por medio de mayor gasto de gobierno, seguramente producirán inflación y dañarán a esos que pretendieron ayudar.

Los liberales, por su parte, tienen los mismos objetivos de beneficiar a las personas, pero quieren hacerlo respetando las leyes económicas que ya conocemos. Son más realistas que los socialistas y quizá sea por eso que tienen una imagen que puede a veces parecer más fría.

Todo por ignorar las leyes económicas, cosa que estoy seguro no harían con los principios del resto de las ciencias experimentales.

No es una cuestión abstracta que a nadie interesa. Es una cuestión práctica de todos los días. Un ejemplo brillante es la situación de Venezuela y de Cuba y de la URSS, donde se quiso hacer economía con buenas intenciones, pero pensando que podían violarse todas las leyes económicas. El fin no puede justificar los medios.


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