Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Natividad San Juan Bautista
Textos de un Laico
22 junio 2007
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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• La primera lectura (Isaías 49,1-6) tiene palabras proféticas: “Estaba yo en el vientre,  y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre… me dijo: «Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso»”.

Continúan esas palabras, “Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo…: «Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra»”.

• El evangelio de hoy (Lucas 1,57-66. 80) da sentido a las tal vez oscuras palabras de Isaías. Narra que, “A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: – ¡No! Se va a llamar Juan”.

La decisión del nombre era extraña. “Le replicaron: – Ninguno de tus parientes se llama así. Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios”.

El padre que había quedado mudo ahora hablaba y “Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: – ¿Qué va a ser este niño? Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel”.

¿Qué va a ser de este niño? Las palabras de Isaías lo habían dicho ya.

• La segunda lectura (Hechos 13,22-26), por su parte, cuenta que “En aquellos días, dijo Pablo: – Dios nombró rey a David, de quien hizo esta alabanza: «Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos». Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Antes de que llegara, Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su vida, decía: «Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias». Hermanos, descendientes de Abraham y todos los que teméis a Dios: a vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación”.

Juan, el que anuncia a Cristo, es un enviado de Dios, su escogido.

El festejo de la Natividad de San Juan Bautista, seis meses antes de la Navidad, es causa de celebración y de ella es posible aprender lo que el salmo nos dice, “Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente”. Sí, podemos pensar que se trata de Juan, un elegido por Dios, pero también es posible pensar en que esas mismas palabras se refieren a cada uno de nosotros en lo personal.

Y entonces, el salmo se convierte en nuestro rezo, “Señor, tú me sondeas y me conoces;  me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares. Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno”.

Si somos cada uno una creación de Dios, eso también significa que Él nos ha escogido, que somos seleccionados por el y le podemos orar con otras palabras del salmo, “Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras; conocías hasta el fondo de mi alma”.

Así, la celebración de San Juan Bautista este domingo se convierte también en otra posible celebración, una que depende de nosotros y de nadie más: el comprender que somos obras de Dios y que por tanto somos sus elegidos. Tan sólo basta con escucharle y aceptar que podemos imitar a San Juan Bautista por medio del que envía un mensaje de salvación al resto.


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SALMO 138

Señor, tú me sondeas y me conoces;

me conoces cuando me siento o me levanto,

de lejos penetras mis pensamientos;

distingues mi camino y mi descanso,

todas mis sendas te son familiares.

Si escalo el cielo, allí estás tú;si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;

si vuelo hasta el margen de la aurora,

si emigro hasta el confín del mar,

allí me alcanzará tu izquierda,

me agarrará tu derecha.





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