Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
No Hablar de Religión
Eduardo García Gaspar
6 abril 2007
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Debí tener mucha suerte ese día, pues encontré al Sentido Común sentado, disfrutando una muy fría cerveza. Usted lo conoce. El Sentido Común es ese hombre vestido de gris, con muy blanca camisa y zapatos negros. Fui a su mesa a saludarlo y, como casi siempre, me invitó a que lo acompañara un momento.

Le pregunté si la complacía hablar de religión, un tema que me interesa en lo personal, pero que suele ser poco tratado en conversaciones. Siempre se ha escuchado eso de que no se debe hablar de religión ni de política para mantener las conversaciones agradables. Serán agradables así las conversaciones, pero también perderán interés.

— Sí, tiene usted un punto —me dijo el Sentido Común—. Las personas suelen rehuir el tema de la religión. La cuestión es explorar la razón de ese miedo a hablar de ella y lo que puedo decirle es que es miedo en efecto, a veces hasta odio y todo por una razón que me parece clara: un miedo a que lo que dice la religión sea cierto… algo que puede asustar.

Nos interrumpió el mesero que nos servía la cerveza pedida. Le dije entonces que me explicara mejor el punto que había mencionado, me refiero al miedo que él dice que la gente tiene a la religión. ¿Es en verdad temor a que sea cierto lo que la religión dice?

— Ya que usted tiene la mente muy obtusa —me dijo— lo explicaré aún más claro. Las personas no quieren en general hablar de religión por miedo a tener que considerar que lo que la religión dice sea realmente una verdad. Es la misma reacción que tiene un niño cuando lo mandan con el director de la escuela porque algo malo hizo. Siendo adultos se tiene la libertad de no ir a ver al director.

Le pedí que no me dijera que tengo la mente obtusa. Le pregunté que ahondara en la situación: lo que yo me imaginaba era un mecanismo de defensa, el de ignorar algo con la intención de no enfrentarlo, incluso a pesar de que ese algo es real y va a tener que enfrentarse tarde o temprano.

— Sí, creo que ya me entendió. Por esa razón es que el ignorar a la religión no es algo que puede tratarse de manera racional con quien lo hace. Ignorar a la religión es más bien una cuestión de actitud. Muchas veces, argumentar que una religión es verdadera no tiene éxito. Todo porque la actitud de la persona es negativa y entonces tiene que verse desde otro lado, desde el lado de la actitud.

Le pedí que me explicara más su punto pues me ayudaría a escribir una columna para el día siguiente. Tomó uno de sus cigarrillos, Camel sin filtro, y lo encendió con un Zippo de mil batallas. Y continuó hablando.

— Mire, creo que es fácil entender que Dios existe, que la religión es verdadera, que nos impone mandatos a los que podemos renunciar y que provee explicaciones que no dan otras fuentes de conocimiento. Me refiero al Cristianismo, pero eso no es suficiente. Si se tiene miedo a ella, entonces se rechazará, sin importar qué tan verdadera sea. Por eso, para ser religioso primero se debe tener una actitud positiva hacia la religión.

Le dije que yo sacaba en conclusión que, de acuerdo a lo que él decía, todos los esfuerzos de apologética que se hacen son una pérdida de tiempo. Me refiero a esos análisis racionales de explicación de las verdades de una religión.

— No, no son pérdidas de tiempo. Sirven para el que ya tiene una actitud positiva hacia la religión, pero no para quienes tienen una negativa. Y es entonces que éstos están más dispuestos a prestar atención a los ataques a la religión que a sus defensas: es como un alivio escuchar esos ataques a eso a lo que se le tiene temor, otra forma de reafirmar que se tiene miedo. Mire, lo que dice el Cristianismo es impresionante: usted se puede condenar por toda la eternidad si actúa de manera contraria a los preceptos de Dios.

Le dije que ahora comprendía mejor el asunto, pero que aún quedaba más por hablar. Me respondió que sí, que faltaba mucho y que lo que era terrible era la consecuencia del hacer de lado a la religión porque eso conducía al libertinaje.

—Quiera o no —me dijo—, usted va a elegir un dios que guíe su libertad. Puede ser el placer, puede ser otra persona y eso le hará perder el sentido de la libertad. Por eso, creer en la existencia de Dios es conveniente en esta vida, es una apuesta mejor que la de creer que no existe y después darse cuenta de que sí existe.

POST SCRIPTUM

• Lo dicho por el Sentido Común, es obvio, está muy inspirado en Blas Pascal. Véase por ejemplo Kreeft, Peter, Pascal, Blaise (1993). Christianity For Modern Pagans : Pascal’s Pensées Edited, Outlined, And Explained. San Francisco. Ignatius Press. 0898704529, p. 28 y ss. La idea de la apuesta a la existencia de Dios también es de Pascal.

• Sí, después de decir eso último, el Sentido Común me dejó pagar su cuenta, como siempre lo hace.


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