Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Noticias Buenas, Noticias Malas
Eduardo García Gaspar
13 abril 2007
Sección: EFECTOS NO INTENCIONALES, Sección: Una Segunda Opinión
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Si usted es de los que se alegran con la existencia de energéticos alternativos, como el biodiesel, más vale que contenga sus aplausos hasta conocer toda la historia. Se plantea un problema de agotamiento de recursos no renovables como el petróleo, incluyendo contaminación, y se dan gritos de júbilo por la existencia de combustibles alternativos como el etanol.

¿Va todo sobre ruedas entonces? No, el mundo es demasiado complicado como para aplaudir de inmediato. Los productos agrícolas aumentan de precio, lo que es bueno para ese sector, pero malo para el consumidor.

Y el precio mayor se debe en parte al uso subsidiado de productos agrícolas en la producción de esos combustibles alternativos, lo que puede influir en tener mayores tasas de interés y entonces disminuir el crecimiento económico.

El etanol y el biodiesel pueden producirse de maíz, azúcar, aceite de palma y otros cultivos. Ese aumento de demanda eleva sus precios y eso afecta los insumos de quienes producen otros bienes, por ejemplo carne y dulces o refrescos embotellados. No es propiamente inflación, pero sin duda elevará sus índices globalmente. Ya lo ha hecho, según reportó el WSJ, y se espera que la elevación se mantenga.

Sí, por causa de esos combustibles alternativos, puede ser que el consumidor vea subir los precios del pollo.

Le digo, es un mundo complicado, lleno de interrelaciones insospechadas y que generalmente se manifiesta en una mezcla de buenas y malas noticias al mismo tiempo. Quien cultiva azúcar o maíz está recibiendo buenas noticias, va a ganar más y eso será bueno para los agricultores de muchos países. Los de México deben estar alegres y hasta quizá se tornen partidarios del libre comercio, para exportar a otras naciones.

Más aún, allí tiene usted las buenas noticias de una reducción de la pobreza en el mundo. Es algo que alegra, pero los que han dejado de ser pobres, sobre todo en India y China, van a comer más, es decir, van a elevar la demanda de productos comestibles y eso significa una elevación de precios, lo que ya no es una noticia buena.

Y además de esa presión en la demanda, está el uso de productos del campo para producir etanol y biodiesel.

Además, estos precios mayores de comestibles pueden ser momentáneos o pueden ser de duración mayor. En lo general han sido momentáneos, pero los nuevos usos pueden indicar que no lo sean tanto.

Y más aún, suponga usted que el calentamiento de la tierra es cierto: entonces algunas áreas podrán convertirse en poco productivas, al mismo tiempo que otras, demasiado frías ahora, podrán abrirse al cultivo.

Quizá haya logrado convencerlo de una cosa: el mundo es complicado. Quienes aplaudieron el uso de combustibles renovables y menos contaminantes hicieron lo que todos haríamos. Aplaudieron una medida que se ve atinada, pero no imaginaron los efectos que eso puede traer y que no son todos buenos.

Todo el asunto puede desesperar a las personas y hacerles creer que entonces nada debe hacerse para no tener efectos inesperados.

No, al contrario, se deben hacer cosas pero considerando que ellas tienen efectos inesperados. La verdad es que no hay nadie que pueda prever todo lo que sucede y por eso se suele hablar de un orden espontáneo: un orden imposible de planear pero que al fin funciona bien si es dejada en libertad a la gente para que ella se ajuste a los cambios.

Unos cultivarán más atraídos por los precios altos. Otros comprarán menos, repelidos por los mismos precios. Y un poco después, los precios bajarán por la mayor oferta.

Es lo que Marx (Karl, no Groucho) llamó capitalismo, un sistema anárquico que crea gran riqueza y se adapta a sucesos cambiantes sin necesidad de intervención gubernamental. Es lo que los socialistas quieren planear desde las oficinas de gobierno, sin comprender que es imposible hacerlo: no existe la información para hacerlo y los burócratas no tienen la capacidad para realizarlo.

Y también es una buena ilustración de lo que B. Mandeville en el siglo 18 propuso con la idea de los efectos no intencionales, donde un cambio positivo en la sociedad produce efectos negativos y viceversa. Es lo que Bastiat hace más de cien años, llamó cosas que no se ven. Cosas que debíamos saber, pero que nos parecen sorprendentes aún ahora.


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