Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Obsesión Igualitaria
Eduardo García Gaspar
13 agosto 2007
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Imagine usted que le ofrecen un puesto en alguna empresa, con un sueldo de un millón mensual, pero en esa empresa el resto de las personas ganan 2 millones al mes. Al mismo tiempo, le ofrecen otro puesto en otra empresa: allí usted ganará 500,000 al mes y el resto de las personas 400,000.

¿Cuál de esas dos empresas preferirá usted (todo lo demás constante)? Un artículo del WSJ habló de experimentos de este tipo. Unas dos terceras partes de las personas prefirió trabajar en una empresa ganando 33 mil dólares y el resto 30,000 que en una empresa en la que ganaran 35 mill y el resto 38,000.

En otro experimento, más de la mitad de las personas prefirieron trabajar en una empresa ganando 50 mil dólares al año que en una ganando 100 mil. ¿Por qué? Donde ganaban 50 mil el resto ganaba 25 mil, pero donde ganaban 100 mil el resto ganaba 200 mil. Es notable que tantas personas prefirieran ganar la mitad pero más que el resto. Quizá sea que en el ingreso también hay un componente no monetario, el de sentirse mejor que el resto.

Desde luego, también una buena parte de las personas vieron el asunto desde otro punto de vista. Quizá sea que pensaron en la oportunidad, la de ganar más pero en una situación en la que existe la probabilidad de llegar a lo que otros ganan.

El punto de todo esto es que al considerar los ingresos de las personas introducimos en nuestro pensamiento también una comparación con los ingresos de otros. Y cuando estas comparaciones se hacen, existen dos modos de hacerlas. Será posible sentir celo y hasta envidia de los que más ganan. Pero también será posible sentir entusiasmo y hasta admiración de los que más ganan.

Quienes sienten esa envidia son por lo general los proponentes de medidas gubernamentales cuyo propósito sea el reducir los ingresos mas altos, por la vía de impuestos generalmente. Piensan que al final lo que importa no es el ingreso real, sino el comparado con otros.

Del otro lado, quienes sienten admiración son por lo general los proponentes de medidas que dejen en libertad a las personas para ganar lo que quieran. Son los enemigos de los impuestos de lujo y de los progresivos de tasas gigantes. Creen que lo que importa en el ingreso real, no las comparaciones.

¿Quién tiene la razón? No lo sé con absoluta certeza, pero todo me indica que esa razón se inclina muy fuertemente hacia la postura de los que prefieren no hacer comparaciones. Un par de razones que los asisten son las siguientes.

Primero, el mundo es dinámico y lo que importa no es tanto el estado de cosas en un momento dado, sino la oportunidad de mejorar. Si las cosas fueran estáticas y los ingresos nunca cambiaran, la opción de igualarlos sería la racional. Pero no lo es en un mundo que se mueve y que necesita ser visto en términos reales, no relativos. Los ingresos bajos pueden subir, lo que ha sido la tendencia mundial.

Segundo, el mundo es un embrollo y una maraña de complejas relaciones, lo que plantea una posibilidad a considerar: qué sucederá con los de ingresos bajos y medios cuando se reducen los ingresos de los que más ganan. No se quedarán igual, eso lo sabemos. ¿Subirán o bajarán?

Lo que hay buena base para suponer es lo siguiente. En el corto plazo se elevarán los ingresos del gobierno y el gasto público, y en alguna proporción se elevarán los ingresos de algunos segmentos de la población (los más pobres si el gasto está bien enfocado y no hay corrupción desmedida). Pero en el largo plazo, las inversiones se desalientan y existirán menos oportunidades para todos: menos empleos.

Es decir, al reducir el ingreso de los más ricos se altera también la oportunidad de elevar el ingreso de los más pobres. No es un buen resultado, porque de lo que se trata es de elevar el ingreso de los más pobres, no de dificultar esa elevación. Es eso de lo que hablan  los economistas: los incentivos, que desaparecen cuando los impuestos se elevan en demasía. Habrían sido mejor que los ricos ganaran más porque así los pobres elevarían sus ingresos.

La pobreza, al final de cuentas, es un asunto que merece más atención que la dada por enfoques superficiales que no consideran sus efectos colaterales.

Post Scriptum

• El artículo al que hice referencia es es de The Left’s ‘Inequality’ Obsession, de Arthur C. Brooks, WSJ, julio 19, 2007

• Desde luego, supone lo anterior que el ingreso de los más favorecidos se realizó en medio de mercados libres y con apego a la ley como mínimo.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información para el interesado en buscar explicaciones.





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