Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Opinión Pública es Parcial
Eduardo García Gaspar
14 septiembre 2007
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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El gobernante tiene varias fuentes de dónde sacar información que le permitan poner jerarquía a sus acciones. Ya que no todo puede hacerse, poner prioridad de las decisiones de gobierno es una parte esencial de la conducta de un gobernante.

Hasta aquí no hay problema. Pero hay una dificultad que puede ser seria. Si el gobernante se guía en exclusiva por la opinión pública va a correr un riesgo, el de ignorar problemas serios que no son percibidos por esa opinión. Es decir, lo que opinamos los ciudadanos es parcial.

Si se hace una encuesta preguntando sobre cuáles son los problemas que el gobierno debe enfrentar con mayor prioridad, de ella saldrán los obvios en México: seguridad pública, impunidad, narcotráfico, empleo y demás. No está mal una lista de esas. Pero la verdad es que hay más problemas de los que percibe el ciudadano.

Tendrán muy poca probabilidad de salir en esa encuesta otras situaciones: reducción de reservas petroleras, elevación de deuda pública por pensiones estatales, fallas en el registro de propiedad, elevar suministro de electricidad, facilitar contrataciones de empleados, lograr regulaciones eficientes de mercados.

Que cosas como éstas no salgan en una encuesta, no significa que no sean vitales y urgentes. Simplemente sucede que no son percibidas por las personas con facilidad en este momento y no lo serán hasta que no se conviertan en crisis abiertas, como interrupciones de electricidad o crisis de gasto público por las pensiones.

Pero en todo esto que bien vale una segunda opinión, hay más. Es muy posible que esa percepción pública de la situación del país se oponga a las soluciones. Un ejemplo es el de la ley laboral mexicana, muy rígida y que provoca desempleo. Al proponer hacerla más flexible, la oposición ha sido clara. Lo mismo va para los contratos-ley que han provocado cierres de empresas, pero no se percibe la necesidad de quitarlos.

Mi punto es sencillo: la opinión pública no revela la real jerarquía de los problemas, no abarca a la totalidad de ellos y en ocasiones frecuentes puede oponerse a las soluciones a sus soluciones mejores. ¿Por qué? La causa más razonable es la más obvia. El ciudadano común no tiene el tiempo ni los conocimientos especializados.

Envueltos en nuestras tareas diarias carecemos del tiempo para investigar todo o siquiera una parte importante. Sí, si nos preguntan tenemos opiniones. E incluso llega a interesarnos otro tipo de temas, como los deportes, el cine y la vida de las celebridades. No somos expertos. Y los que tratamos de serlo, conoceremos un poco más tal vez.

Todo esto tiene consecuencias muy temidas por los liberales como yo: la democracia puede ser convertida en una colección de decisiones de gobierno que persiguen satisfacer a la opinión pública. Los riesgos son los que usted se imagina: problemas desatendidos y soluciones equivocadas. Lo que a su vez produce descontento democrático y preferencia por un gobierno despótico.

La idea ha sido resumida en una frase que habla de los excesos democráticos y tiene razón. Demasiada democracia es malo. Y también se ha dicho con buena dosis de razón que las organizaciones más eficientes son muy pocas veces democráticas. Cuando todos opinan y quieren imponer sus deseos, las cosas se atascan y traban, y la democracia es lo que produce, obstáculos y baja velocidad de decisión.

Sin embargo, con todo y ese terrible defecto, ella es preferible por otra causa: evita la concentración de poder y sus abusos, al mismo tiempo que permite cambios pacíficos de gobierno. Lo que estoy diciendo es que en México debemos reducir nuestra admiración por la democracia.

No es el deus ex machina que todo lo soluciona y menos aún si ella tiene gobernantes preocupados siempre por la opinión pública. Para que ella funcione, requiere un elemento elitista que a muchos disgusta, la existencia de expertos y conocedores que sepan de los problemas y sus soluciones.

El presidente Fox no entendió que hay diferencia entre gobernar y hacer campaña. Guiarse por la popularidad exclusivamente no es la mejor guía del gobernante prudente. Ahora hay visos de mejora, aún muy débiles que todos esperamos sigan creciendo.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información para el interesado en buscar explicaciones.





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