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Selección de ContraPeso.info
8 agosto 2007
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Análisis, SOCIALISMO
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ContraPeso.info  presenta un texto de Charles M. Philbrook, Director de Estudios Económicos, Datum Internacional, S.A. Agradecemos al Instituto de Libre Empresa, en Perú, el gentil permiso de reproducción. El tema tratado por el autor es la disyuntiva entre socialismo y capitalismo.

CAPITALISMO O SOCIALISMO Y EL ÉXITO DE LOS PAISES

El desaparecido escritor, Samuel Beckett, decía que había tres cosas de las cuales él estaba seguro: que había nacido, que estaba viviendo y que, algún día, moriría… y el tiempo se encargó de darle la razón.

Sin embargo, aparte de estas características vitales que compartimos todos los humanos, pareciera que no hay muchas más de las cuales podamos estar seguros.  Es algo así como que el tiempo fuese el catalizador del devenir de las cosas, de los hechos; solo el tiempo nos puede dar la seguridad total.

En el campo económico sucede algo muy similar, pero con un giro algo irónico: debatimos la conveniencia de tal o cual programa, tal o cual modelo, y pareciera que siempre estamos seguros de sus resultados.  Al cabo de un tiempo, si se vive en un país subdesarrollado, uno se da cuenta que eso no era lo que buscaba; eso no era por lo cual luchó.

Una vez más, se perdió el tiempo.  No está demás preguntarse, entonces, por qué se hizo lo que se hizo o se dejó de hacer lo que pudo haberse hecho.

La historia de la humanidad muestra que son 7 (Grupo de los 7) los países que han triunfado económicamente, definiendo como “triunfo” el haber escapado al estado natural de pobreza que es inherente a la especie humana y el haber logrado que -solo en estos países- la pobreza y el desempleo sean la excepción y, la prosperidad, la regla. Otros 15 países se les acercan rápidamente y, la diferencia en velocidades, está a favor de estos últimos.

¿Qué tienen todos estos países en común?  Son economías de mercado.

Alguien por ahí puede retrucar, con justa razón, que China no es exactamente del todo capitalista, y la observación a eso sería la siguiente: a) el “milagro chino” se está dando en ese 30%, ó menos, de la población que tiene ciertos derechos de propiedad; b) 50% de sus exportaciones totales y un 80% de sus exportaciones, en sectores de alta tecnología, son realizadas por empresas extranjeras.  En suma, el “milagro” tiene un nombre: Capitalismo.

Pues bien, de estos 22 países, hay unos que avanzan más rápido que otros y son los que tienen, relativamente, un menor gasto público y, en cuanto a apertura comercial son, relativamente, más abiertos. ¿Por qué, “relativamente”? Porque uno siempre es más alto o más bajo en relación a otro, no en relación a sí mismo.

Capitalismo: tu oferta es mi demanda

Entender la esencia del capitalismo, para los más de 3 millones de micro-empresarios que tiene el Perú, es algo simple ya que lo viven día a día; es simple porque la propiedad privada, el mecanismo de precios, y la interacción de oferta y demanda son tres de sus pilares fundamentales.

Sin embargo, entender cómo empiezan a girar los engranajes de esa compleja maquinaria y cómo se auto-lubrican, para minimizar el desgaste, requiere de algo más: un sistema económico.

Contrariamente a lo que muchos puedan pensar, la historia de la humanidad (desde las cavernas, pasando por los árboles, hasta llegar a las mega-ciudades) sólo ha conocido tres sistemas económicos; es decir, tres maneras bajo las cuales se determina qué producir, cuánto producir y para quién producir:

1) aquellos basados en el principio de la tradición (p.e., esquimales)

2) aquellos organizados de una manera controlada, centralizada (p.e., las  civilizaciones Inca, Maya, China, Egipcia, la ex – Unión Soviética, la China actual, Cuba y otros)

3) aquellos basados en el sistema de mercados

Toda sociedad tiene un objetivo y es el cómo sostenerse y perpetuarse en el tiempo.  El cómo lograr que el orden social sea parte de un todo y que, los miembros de la sociedad, participen en forma coherente en la provisión de bienes y servicios es el gran “problema económico”.

Para conseguir estas tareas de producción (el “qué”) y de distribución (el “por qué”) los sistemas recurren a una serie de “castigos” y “recompensas”.

1) en las economías tradicionales es a través de expresiones de aprobación o desaprobación por parte de la comunidad

2) en las centralizadas se da mediante la coerción física, castigo, o entrega de riqueza o una serie de prebendas

3) en las de mercado los “premios” y “recompensas” se dan vía el incentivo que genera las ganancias o pérdidas de utilidades.

A través de la historia se observa que las economías centralizadas van de la mano con regímenes políticos totalitarios y, la razón, es que no existe otro motor que el del mercado para motivar, incentivar. ¿Cómo hace un régimen centralizado para que se active la interacción entre producción y distribución? Una gran agencia de planificación determina, en base a proyección de intereses, “qué” se va a producir, “cuánto” se va a producir y “para quién”…  la oferta por un lado, y la demanda, por otro: un divorcio absoluto.

Los sistemas de mercado, en cambio, utilizan el mecanismo de precios para equilibrar la demanda por un lado y la oferta por el otro.  El precio de un producto depende de los costos de producción en los que se incurra y de la demanda que pueda existir por el mismo.  Productos que tengan un bajo costo, pero por los cuales disminuye o es nula la demanda, en poco tiempo se dejan de producir.  Es en los mercados de bienes donde se determina el precio final del producto mediante la interacción de éstas y otras variables.

Los costos de producción, a su vez, están íntimamente ligados a los mercados de factores: el mercado laboral (donde interactúan empleadores y empleados) y el de capitales (agentes económicos con excedentes de ahorros que prestan a quienes tienen déficit del mismo).

En teoría, entonces, quien quiera producir camisas, va al mercado de capitales (o al banco) y apertura su patrimonio o paga una tasa de interés por el capital de trabajo que requiera; luego, va al mercado laboral y contrata a empleados (paga el salario del mercado) y, finalmente, vende su producto en el mercado de bienes, al precio que esté dispuesto a pagar el consumidor.  Esta es la versión más simplona de cómo funciona el sistema de mercado.

Sin embargo, sólo unos cuantos países triunfan y, la gran mayoría, fracasa en el intento.

La razón es que en los países en los cuales fracasa, hay una serie de factores culturales, políticos, geográficos y hasta sociales que impiden que estos mercados funcionen óptimamente.

Un vistazo al panorama económico del Perú revela, por ejemplo, que hay sectores en los cuales la competencia es mínima o inexistente.  Si al sistema bancario pudieran entrar más bancos, habría más competencia, y el spread financiero (la tasa de interés entre depósitos y créditos) debería disminuir. La gente pagaría menos por el crédito.  No existirían tasas activas del 60% cuando por depósito pagan 3%.  Los costos de producción serían menores y harían más competitivos a los empresarios.

En el mercado laboral, los sueldos en algunos sectores son bajos porque la oferta laboral (léase desempleo) es altísima.  En casi todas las franquicias de fast-food estadounidenses, en Lima, los sueldos que reciben los empleados son la sexta parte de lo que recibe uno en Estados Unidos.  Si ambos tienen la misma productividad, ya que utilizan las mismas máquinas, y los precios de venta del producto son similares a los que se dan en EE.UU. (un Big Mac en Lima y en Nueva York valen casi lo mismo) los sueldos deberían ser iguales (al menos eso dice la teoría económica).

Pero eso no se da; y no se da porque es el lado de la demanda (el empleador) el que fija el sueldo: “Si no quieres trabajar por 600.00 soles, otro lo hará” (y así puede ir bajando hasta que llega al sueldo mínimo mortal).

En varios sectores de la economía peruana, por no decir todos, la competencia es ridículamente pequeña: ¿telefonía?, ¿cable?, ¿proveedores de internet?, ¿supermercados?, ¿cerveceras?, ¿AFPs?…, ¿bancos?

La economía norteamericana es 130 veces más grande que la peruana y tiene unos 5,000 bancos comerciales.  Proporcionalmente, entonces, en el Perú podríamos tener unos 30 bancos, el doble de lo que tenemos ahora.  En 1825, Estados Unidos tenía la población que tiene el Perú, hoy, ¡y ya contaba con unos 300 bancos!

En suma, el Perú es lo que es porque los políticos y la clase dirigente son como son.  Si hay una regla de oro es que los países no colapsan por exceso de capitalismo, pero sí por ausencia del mismo.  En el Perú, coexisten los tres sistemas económicos y, el capitalista, ha sido tan poco competitivo e ineficiente que su paso por la historia republicana del país ha sido casi irrelevante.

Socialismo: Lo tuyo es mío, y lo mío, es mío

Son dos los prismas, a través de los cuales, se puede contemplar al socialismo: uno es el de la propiedad privada, y la posición que con respecto a la tenencia de la misma tiene el socialista en sí; el otro, es el de la distribución del ingreso.

En ambos casos, las posiciones que se puedan tener, van de un extremo a otro del espectro político; desde los que son radicales (no hay propiedad privada y todos ganan igual) hasta los que creen en “algo” de propiedad y en una “mejor” distribución del ingreso.  A primera vista –solo a primera- pareciera que ésta es la más humana, la más justa.

Empecemos por los ingresos y las causas de su “injusta” distribución.  En un mundo en el cual TODOS tenemos ingresos iguales se deben dar los siguientes supuestos:

a) igualdad en las habilidades y destrezas;

b) tenemos los mismos gustos (diferentes gustos generan diferentes demandas, ergo, diferentes precios);

c) no existe discriminación;

d) la única fuente de ingresos son salariales;

e) oferta de recursos naturales y de mano de obra es infinita y,

f) no existe ESTADO.

La negación o inexistencia de cualquiera de estos supuestos ya crea un factor de desigualdad.  Veamos:

a) si uno tiene más habilidades que otro lo justo es que gane más, que tenga un mejor ingreso.  ¿Es justo que un Maradona gane lo mismo que Juan el aprendiz?;

b) digamos, que a más gente le gusta el vino que la cerveza, por consiguiente, consume más fermentado de uva.  Suponiendo que los costos de producción sean iguales o algo parecidos, ¿es justo que el productor de vino, que trabaja más debido a la mayor demanda, gane lo mismo que el productor de cerveza, que trabaja menos?;

c) ¿toda discriminación es negativa? ¿es injusto que se discrimine a un enano en favor de un alto para formar parte de un equipo de básketball?;

d) en economías modernas, una fuente de ingresos adicional es la no salarial; por ejemplo, cuando uno compra acciones de IBM en el mercado de valores, ¿es injusto que reciba dividendos?;

e) que la mano de obra o los recursos sean finitos (lo son) crea diferentes ofertas, a igual demanda, diferentes precios y,

f) la existencia del Estado, por cuestión de tamaño o de escalas, inclina toda la balanza a su favor en cuanto a demanda de bienes se refiere; su sola existencia niega todos los otros supuestos.

Esta es la primera conclusión a la cual se llega: La principal fuente de desigualdad en el ingreso, ES EL ESTADO.

Otro tema que no se aborda al tratar divergencias en el ingreso es el de la aritmética del crecimiento.  Por ejemplo, dos países, Perú y Estados Unidos, crecen a tasas similares de 5% anual. El ingreso per cápita en el Perú es de US$ 2,000 y en Estados Unidos de US$ 30,000 (diferencia de US$ 28,000).

Al año siguiente, Perú, tiene un ingreso de US$ 2,100 y Estados Unidos de US$ 31,500 (diferencia US$ 29,400).  La diferencia ha aumentado en unos US$ 1,400 debido a que el Perú parte de una base más pequeña; para evitar que la brecha se amplíe, debe crecer a tasas mayores a 15%.

Este ejemplo sirve de base a una de las mayores críticas que se le hace al sistema capitalista: los ricos son más ricos, y los pobres son más pobres.  Un reconocido escritor conservador norteamericano, Kevin Phillips, en su libro Wealth and Democracy, menciona que, en 1986, el 20% más pobre de la población se llevaba el 4.6% de los ingresos, y el 20% más rico, el 43.7%, es decir, 10 veces más.

Algo que no se menciona, sin embargo, es la concentración de activos financieros en la clase alta de la sociedad y, en todo caso, la desigualdad en la distribución de las herramientas capitalistas explicaría la desigualdad en la distribución del ingreso.

En una época en la cual los mercados de valores alcanzaban niveles cada vez más altos (el índice Dow Jones se desplomó a comienzos del año 2000) era obvio que los ingresos no salariales de éstos les dieran una fuente adicional de ingresos (p.e., dividendos corporativos, ganancias de capital, intereses, etc.).

Hoy, la brecha entre estos dos quintiles ha disminuido, en parte, porque los ingresos de la clase baja han subido, mientras que los ingresos no salariales de la clase alta han disminuido.  Una forma de seguir disminuyendo esta brecha es brindarles las herramientas y los recursos, a las clases bajas, para que puedan adquirir estos activos financieros (acciones, bonos, etc.).  Más capitalismo, no menos…

Curiosamente, cuando se grafica los componentes del ingreso nacional de los Estados Unidos, desde 1929 hasta hoy, uno encuentra que el retorno al capital ha oscilado en un rango de 8% a 10%, mientras que el retorno a la mano de obra (salarios) entre un 65% y 70%.  En el país capitalista, por excelencia, la mano de obra se lleva 7 veces más que el capital.  En el Perú, el retorno a la mano de obra no llega ni al 40%.

Una segunda gran observación es que, mientras más capitalista sea la economía, el componente salarial en el ingreso nacional aumenta (EE.UU. es más capitalista que Perú, ¿o no?)

¿Debe el Estado intervenir en la economía? Sí, para garantizar la competencia y eliminar o prevenir el surgimiento de monopolios.  El Estado debe ser el gran árbitro; debe optar por ser pro-mercado y no pro-empresas cuando haya incompatibilidad entre ambos.

En relación a la propiedad, se puede observar que es algo así como la ley de Lavoisier sobre la materia, en el sentido que “ésta no se crea ni se destruye, solo se transforma”  Una expropiación lo que hace es convertir en pública la propiedad privada, es decir, nos quitan “lo nuestro” para que sea “de todos”… ¿tiene sentido que le quiten a uno “lo suyo” para que siga siendo “suyo”? No: o es de uno o no lo es; punto.

En suma, todo sistema político-económico debe ser juzgado a la luz de los resultados y no en base a lo noble y utópico de sus ideales.


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