Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Pastel con Refresco de Dieta
Leonardo Girondella Mora
9 abril 2007
Sección: ECOLOGIA, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Una columna de marzo, de Arnold Kling titulada “The Political Economy of Alternative Energy”, tuvo la gran ventaja de definir un concepto complejo en palabras sencillas —hablo de los “offsets” ambientales, un tema mencionado en las noticias con cierta regularidad reciente, pero que no todos comprenden.

El tema cobró popularidad por la situación simultánea de el ex vicepresidente Al Gore —al mismo tiempo de volverse un activista del calentamiento global, la casa en la que vive consume montos muchas veces superiores al promedio de consumo de electricidad, colaborando así a eso mismo que pretende combatir. El apuro en el que esta celebridad se metió quiso ser solucionado con un remedio original.

Se dijo que Gore compraba “carbon offsets” para anular su consumo de energéticos. Se ha reportado que la idea central en esto es el cálculo de la “huella de carbón” que cada familia deja en el ambiente, es decir, el consumo de energéticos que hace, para luego reducirlos y comprar offsets que reducirían esa huella a ser un cero neto.

Con gracia, Kling compara hacer eso con el caso de quien está a dieta y de primer plato come una ensalada para al final comer un postre lleno de calorías. Lo que Gore hace es, los sabemos, gastar grandes cantidades de energía en su casa —comer el postre— justificándose con el consumo de la ensalada —la compra de los offsets: inversión en formas alternativas de energía.

Los offsets, según lo que he leído, son contribuciones a acciones y causas que tienen como resultado la reducción de emisiones de dióxido de carbono —si usted hace una contribución por un monto que represente una disminución igual a las emisiones que usted causa, en teoría su contribución al daño ambiental es cero. Desde luego, suena bien, pero tiene un problema, o mejor dicho dos.

Uno, hacer eso representa muy bien al tipo pasado de peso que toma una rebanada de pastel acompañada de un refresco dietético. El efecto neto es cero y si se es congruente, habrá que ir a un efecto no nulo —además de crear una conciencia artificialmente tranquila, como una especie de gracioso permiso para contaminar más allá de lo razonable sin remordimientos de conciencia.

Dos, el cálculo es extraordinariamente difícil de hacer —una persona sabrá el monto de las emisiones que produce, pero no el efecto real de sus contribuciones a causas que las reducen. Si acaso las contribuciones realizadas reducen el precio de un combustible menos contaminante, por ejemplo, no puede presuponerse que se usará el mismo monto de este combustible que de otros y podría llegar a ser que no se lograra la menor emisión esperada. Si me cobran menos por energía eólica, es posible que la use más y no igual que la generada por carbón.

Creo que una posible solución es la incorporación de las externalidades del consumo de energía contaminante —eso elevaría el precio de esa energía y tendría un efecto en las cantidades de ella demandadas. Y, si se aplica eso a toda la energía, resultaría que las menos contaminantes serían más demandadas, con dos resultados positivos: una reducción neta de la contaminación y una presión sobre los productores de energías contaminantes para limpiarlas y reducir su precio.

Eso sí tiene sentido y no el darse permiso de consumir energía contaminante tratando de que otros usen la que lo es menos. Porque, además, esas contribuciones son voluntarias y de efectos netos impredecibles.

Para que Gore ilumine su casa, muchos otros tienen que consumir otra energía —es decir, Gore subsidia la buena energía de otros basado en un cálculo dudoso, para poder usar energía mala en grandes cantidades iguales a las que anula. No tiene gran sentido.

Kling establece algo similar cuando dice que para evitar emisiones de carbón, sería más aconsejable imponer impuestos mayores a la energía más contaminante, que es igual a lo que dije de elevar el precio de esa energía —o bien, por iniciativa propia reducir los consumos de energía con emisiones de carbón. Es decir, la opción de Gore, usar abundantemente energía de este tipo y luego acudir a los offsets es hacerse el loco.

Hay otra idea que ha sido sugerida, la de la venta de permisos para contaminar —algo que tiene una apariencia terrible y logrará hacer que muchos ecologistas griten espantados.

Pero no está mal esa idea: actualmente las empresas no incorporan en sus costos la totalidad de las emisiones contaminantes que realizan, pero lo tendrían que hacer en el momento en el que existieran los permisos para contaminar —eso pondría presión en sus costos y volverían a la contaminación una de sus preocupaciones.

Por su parte, los subsidios a las energías limpias son la otra cara de la misma moneda, pero la cara menos eficiente —colocan a los gobernantes al mando del mercado de energéticos distorsionando el mecanismo de precios y creando oportunidades de corrupción y nepotismo, además de la búsqueda de rentas.

Mi intención fue demostrar, aunque sea brevemente, que las apariencias engañan: consumir un refresco de dieta seguido de una gran rebanada de pastel es el remedio del obeso iluso; la existencia de galletas dietéticas puede llevar al consumo mayor de ese producto con un resultado neto de una mayor ingestión de calorías.


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