Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Piratería y Cinismo
Eduardo García Gaspar
24 enero 2007
Sección: CRIMEN, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La mercancía llamada pirata puede ser definida como la que reproduce bienes sustituyendo a los reales fabricantes y que se beneficia por ofrecer esos bienes a precios muy inferiores ya que no paga los gastos de desarrollo del bien. El caso clásico es el de un disco de música o de una película.

El productor pirata no absorbe los gastos del bien original, es decir, de la producción de la música ni de la película. Es así que es posible conseguir discos de cantantes célebres y cintas nuevas a precios ínfimos. La tecnología facilita el copiado, de modo que él único gasto de producción es el disco en blanco, que es realmente barato, más etiquetas y estuche, también baratos.

Pasaría muy poco de no ser por el consumidor y su demanda. Es igual al mercado de drogas. Los mexicanos suelen quejarse de que somos un país productor y vendedor de drogas por la culpa del mercado de los EEUU. Lo mismo sucede con la mercancía pirata: existe en buena parte porque los mexicanos demandan esos bienes. No hay a nadie más que culpar que a los que compran bienes piratas. Si ellos fueran personas éticas, no lo harían.

Si usted va a la empresa disquera o a la productora de películas, y asalta sus instalaciones, estoy seguro que todos lo considerarían digno de ser puesto en la cárcel: usted tomó dinero de las oficinas de esas empresas. Pero si usted o yo compramos esos discos piratas, muy pocos nos condenarían. Y eso es lo que es realmente notable. Ambos son robos, pero uno es reprobado mientras que el otro no.

Conozco y he visto a muchas personas, todas respetables en muchos sentidos, gente que nunca en su vida asaltaría una tienda ni siquiera para llevarse cien pesos, pero que compra esos discos piratas. Los compra con frecuencia, sin arrepentimiento, juzgando que están aprovechando una oferta inocente, o que es una especie de venganza contra los precios elevados de los discos originales.

La realidad innegable es que comprar un disco pirata es ser cómplice en un robo, no diferente al ser ayudante del que entra a robar a una oficina. Pero también es realidad la escasa conciencia que muchas personas tienen de eso que hacen. Creo que la idea de robo ha sido entendida muy estrechamente, para comprenderla como quizá el robo a mano armada de un banco. La verdad es que hay robos de otros tipos.

Roba quien ofrece mercancía pirata, como un bolso de Fendi o de Gucci, y el que lo compra. Porque ese diseño y logotipo no son suyos, ni les costó desarrollar. Roba quien toma un trabajo de otro y lo hace pasar por suyo: se trata del plagio intelectual, un suceso nada raro en la comunidad académica. Lo mismo va para la venta de programas de computadora y similares.

Llego aquí al punto que creo que bien vale una segunda opinión: tratar de entender cómo es que se reprueban los secuestros y los robos, al mismo tiempo que se acepta otro tipo de robo, como la mercancía pirata. Una causa puede ser la incapacidad de distinguir entre la propiedad física y la propiedad intelectual. Y soy dueño de mi coche y quitármelo sería un robo, pero también soy dueño de esta columna.

Invito a entrar a mi auto a quien yo quiero cobrando o sin cobrar. Igual con mi columna. A cambio de una cantidad acordada la reproducen varios periódicos para que sea accesible su lectura. Pero no la regalo y nadie tiene el derecho a reproducirla sin mi consentimiento abierto. Pueden hablar de la columna, pero no reproducirla. Y mucho menos, hacerse alguien pasar por su autor.

Puede ser ése un problema, el de la propiedad intelectual más difícil de entender que el de la propiedad física, lo que es realmente un problema dada la dirección en la que la economía se mueve. Pero también otra causa es la relajación del la moral: no creo que haya dudas en ese respecto, las reglas éticas se han ablandado y son más flexibles. Somos menos exigentes con nosotros mismos, más holgados moralmente.

La tercera causa puede ser la falta de comprensión de los procesos económicos. Un mercado pirata funciona igual que un mercado legal. En el caso de la mercancía pirata, los beneficiarios son bandas criminales, a las que los compradores terminan ayudando y, por eso, dañando a la economía formal. Esos consumidores son contribuyentes importantes a la corrupción del país, aunque no lo entiendan.


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