Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Religión Superficial
Eduardo García Gaspar
5 abril 2007
Sección: MEDIOS DE COMUNICACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Por estas fechas, casi siempre recuerdo una situación que comparto con usted por creer que es muy ilustrativa de un punto: es más digno de admiración el ateo convencido que el creyente de ideas superficiales.

El ateo convencido al menos ha pensado y meditado el tema religioso, para adoptar una posición en la que cree. El creyente superficial se encuentra en la mediocridad.

Hace ya tiempo, una persona inició una conversación acerca de la religión, concretamente sobre el catolicismo. El principio estuvo lleno de ataques, pero el tono era el de una conversación normal. Sin embargo, poco a poco, el tono subió hasta llegar a gritos y el empleo de palabras que no puedo reproducir. Quienes escuchamos la perorata quisimos responder, razonar, ofrecer puntos de vista diferentes.

Fue imposible. Esa persona ya estaba en un estado rabioso y no contestaba con serenidad. Total, en medio de la vergüenza general, varios de nosotros abandonamos el lugar. No había nada que hacer al respecto. Seguir allí era una pérdida de tiempo y una fuente de frustración. Pero la experiencia puede ser aprovechada.

La más clara de las lecciones: hablar de religión es dificultoso y eso puede ser explicado: la religión es una experiencia muy personal y lo es porque al mismo tiempo que nos causa temor, tenemos un gran desconocimiento sobre el tema. La persona a la que me referí antes, luego supimos, era un católico de nombre que nunca había abierto un libro al respecto. Su fuente de información era la televisión.

Y ésa es otra de las lecciones: hablar de religión requiere un cierto conocimiento al respecto. No creo poder tratar el tema de la física subatómica con ninguno de mis amigos, pero sí puedo tratar otros en los que ellos se mueven con facilidad porque los conocen. Y, más aún, si quiero saber de alguna materia en particular puedo leer algunos libros o ir con los expertos del tema, como hice cuando compré una pequeña cámara digital.

La tercera lección: hay temas en los que es difícil opinar con facilidad, como la estructura química de un planeta, pero hay otros en los que las opiniones abundan, especialmente las de los no expertos. Todos damos recetas medicinales para cualquier enfermedad, hablamos de política y de economía. Y también de religión tenemos amplias opiniones.

Se cumple así ese dicho, el de que la cantidad y fuerza de las opiniones es inversamente proporcional al conocimiento de la materia sobre la que se opina.

Un caso real: fui testigo de una persona que expresó una enorme cantidad de opiniones acerca del cardenal Ratzinger antes de su elección como Papa; el problema fue que allí también había otra persona en extremo conocedora de la obra del cardenal y que negó con información lo que la otra persona había dicho sin ella.

Llego ahora a la lección que más valiosa me parece. Los humanos tenemos una fuerte inclinación por lo llamativo, fácil y escandaloso. Por eso se vendió más El Código da Vinci que cualquier libro de teología cristiana. Es decir, estamos más expuestos a lo revelador, alborotado y superficial que a lo profundo, razonable y pausado. Y por eso estamos más expuestos a las noticias escandalosas de las religiones que a sus fundamentos y creencias.

El problema es que sobre esas bases es imposible tener conocimiento sólido de la fuente original. Un ejemplo: recientemente visitó México Hans Kung, un teólogo de consideración, pero cuya visita fue explotada por el lado de su oposición al Vaticano.

No hubo un examen de la posición vaticana y de la del teólogo. Y fue así que el pobre de Kung fue una celebridad temporal no por los estudios que hizo, sino por lo atractivo que es al oponerse al Papa.

Eso es igual a explotar la celebridad de Beckham, o de algún artista que hizo algo atrevido. No creo que muchos hayan procedido a comprar libros de Benedicto XVI, un enorme teólogo, para comparar su posición con la de los también pesados tratados de su opositor. Lo que recibimos fue la superficie, no el fondo; el escándalo, no la historia ni las dos versiones.

La pena, por tanto, es que sobre un tema de tanta importancia como es la religión, la información que más fácilmente nos llega es la escandalosa y la superficial. Así no podemos realmente opinar de religión.

POST SCRIPTUM

Por mi parte, trato de aplicar un principio de mero sentido común: la religión es realmente importante y merece atención, lo que me lleva a actuar respetando la autoridad de mi religión, es decir, el Vaticano. En mi experiencia he encontrado en extremo lógico y razonable lo que allí se prescribe y explica, con el valor de que afortunadamente no se mueven por modas intelectuales. Y si acaso hay algo que me cuesta trabajo aceptar, me doblego y lo acepto, quizá sin gran gusto… pero si delante de alguien me doblego, ése no será un teólogo divergente, ni una opinión mayoritaria, ni una idea en boga.


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