Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Responsables, ¿Ante Quién?
Leonardo Girondella Mora
19 febrero 2007
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Quienes apoyamos a la libertad humana, en todas sus facetas, y por eso somos llamados liberales en el sentido tradicional del término, poseemos una tribulación principal —el olvido de otra idea esencial dentro de la libertad, la responsabilidad. El que seamos libres enlaza obligadamente el aceptar la responsabilidad de los actos libres cometidos.

Libertad sin responsabilidad no es libertad —las consecuencias de mis actos, aceptadas integralmente, son esenciales a la posibilidad de haber actuado con libertad. Sin ese sentido de compromiso dual entre libertad y responsabilidad, no hay libertad. ¿Cómo poder castigar a un criminal por sus actos si se renuncia a la responsabilidad? ¿O cómo entender la decisión de tener hijos sin ella? ¿O siquiera de beber un par de copas?

Mi supuesto es claro y está expresado en los dos párrafos anteriores y lo tomo como verdadero para proceder ahora a otra consideración —la de responsabilidad ante qué o ante quién. Digo que la responsabilidad necesita una referencia externa que la persona usa para entender su responsabilidad.

Un claro caso de esto es la creencia cristiana de ser al final responsables ante Dios por los actos cometidos, una creencia poderosa y fuerte que influye en las personas: voy a rendir cuentas ante alguien, voy a ser evaluado, juzgado.

Si quito a Dios de esa aseveración, se necesita un sustituto para llenar el vacío del “ante quién” rendiré cuentas. Esto sucede en nuestros tiempo, cuando la idea de Dios ha sido retirada de la conciencia inmediata. No es que se dude de que exista Dios —supongo que la mayoría de las personas crean en un ser superior—, pero Él se ha colocado a un lado. Existe, pero está alejado, poco interesado en nuestras vidas. Le tenemos sin cuidado.

Si se cree en la responsabilidad y en el rendir cuentas, los sustitutos de Dios deben existir —¿quiénes son?

Son de muchos tipos y cada quien los adopta a su conveniencia. Uno de los presidentes de México, ante el obvio fracaso de sus gestión dijo que la historia lo juzgaría. Era una posición cómoda, de apariencia razonable, que connotaba la idea de un juicio posterior variable, dependiente de opiniones y momentos. Responsable ante la historia, pero también puede ser ante la opinión pública, o la humanidad, o un gobierno, lo que sea.

Es un supermercado de opciones en el que cada quien selecciona su responsabilidad —como la de los opositores a experimentos con animales que realizan acciones terroristas para impedirlo. Usted escoja la opción que quiera: la deuda externa de los subdesarrollados, la pobreza en Bangladesh, el calentamiento global, los SUVs y Hummers, la salvación de las ballenas, las focas, los delfines, el panda, la antiglobalización.

Las pluralidad de causas-responsabilidades es tremenda y la seleccionada se sobrepone a las demás. Será el criterio de responsabilidad independientemente de otros.

Si la responsabilidad adoptada es la de evitar las pieles de animales en abrigos, ya se tiene la autorización de arrojar pintura a quien vista un abrigo así —cualquier otro valor o causa es supeditado a evitar las pieles en el vestido. O la reforma agraria, que convertida en responsabilidad única manda a una segunda prioridad todo lo demás, lo que sea, incluyendo a la ley, a la ciencia.

Los sustitutos de Dios, del ante quién se rendirá cuentas, son pobres y parciales, variables y dependientes —cada quien tiene el suyo y el conflicto entre ellos es inevitable. La voluntad personal se convierte en el dios a adorar representado en una causa, la que sea, vuelta responsabilidad.

Las causas personales son esos sustitutos que llevan a una ruta inevitable: la lucha por el poder, poder para lograr la agenda personal, la seleccionada en el supermercado de causas —poder para imponer una creencia en el resto, la que sea, así se trate de salvar a las ballenas, imponer un sueño bolivariano, independizar un territorio, castigar al infiel.

La variedad de causas sustitutas de Dios es al final una lucha por el poder y hacer realidad una causa particular, como quizá imponer una dieta vegetariana, impedir fumar o beber, prohibir el comercio internacional —la causa seleccionada para usar la libertad personal y ser responsable por la imposición de esa causa. Este camino se derrota a sí mismo por una razón indubitable: sólo con poder puede imponerse la causa, poder sobre los demás, es decir, retirar la libertad de los demás.

El vacío de Dios ha sido llenado por el deseo de poder gracias a un mecanismo de sustitución: la responsabilidad y el rendir cuentas trasladado a causas específicas, detalladas, momentáneas, de moda, y aisladas de los demás.

Si mi libertad toma el criterio de responsabilidad para la instalación de un gobierno bolivariano que es mi propia concepción, la consecuencia forzosa es el retiro de la libertad de los demás —necesariamente mi responsabilidad es tiránica. Puede ir desde el imponer un impuesto al tabaco hasta expropiar las propiedades de plantas productivas.

Quien es libre y desea gozar de esa libertad/responsabilidad tiene en la creencia de Dios una creencia indeciblemente superior que las del supermercado de responsabilidades y comienza con un paso simple —suponer que Dios existe, que se preocupa por nosotros, que interviene en nuestras vidas y que ante Él daremos cuentas de todos nuestros actos en un juicio final de nuestras vidas.

De nuestras vidas, enteras, bajo un principio superior —no el de adoptar medidas contra la sobrepoblación, ni de los delfines salvados, ni las bombas. El principio sin el que la libertad/responsabilidad carecerían de sentido, el del amor.


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