Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Salario Mínimo, Sufrimiento Máximo
Textos de un Laico
28 agosto 2007
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta a sus lectores una idea del  Rev. Robert A. Sirico. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de traducción y publicación. El autor es presidente del Acton Institute. Su tema central es el reciente aumento del salario mínimo en  los EEUU y la falta de humanismo que existe en esa decisión.

Nosotros los ministros religiosos a menudo contamos la parábola de los trabajadores en el viñedo. El dueño de la tierra necesita trabajadores, por lo que les ofrece empleo para el día. La moral intriga y fascina, y se refiere a propiedad, contratos, celos y otros asuntos [véase abajo para esa parábola].

Pero no es lo moral lo que aquí me ocupa. Imaginemos la historia existiendo una oficina para la vigilancia del establecimiento de todos los salarios, para asegurarse que ninguno cayese por debajo del mínimo.

¿Qué haría el propietario del viñedo? Si el salario mínimo fuese muy bajo, no habría diferencia. Si fuese alto, la reacción sería la obvia: él contrataría menos trabajadores. La moral de la historia bien podría haber sido diferente.

Ahora, en nuestros días, nada pensamos acerca de poner al gobierno a cargo de decisiones que, en el pasado, hubieran sido tomadas por los propietarios y los trabajadores. Esto tiene implicaciones enormes que nos afectan en lo grande y en lo pequeño.

El salario mínimo [en los EEUU] ha subido pero no en términos reales —es decir, ajustado por la inflación—, cayendo desde su punto alto en 1968, cuando excedió a los 9 dólares en términos actuales. La tasa de desempleo era de 6% en ese tiempo y ella subiría más y más durante los años 70.

Hoy en salario mínimo legal es muy bajo comparado con los estándares de la posguerra. En verdad, hemos ya completado el período más largo durante el que el mínimo no ha sido elevado. ¿Y qué le ha sucedido a la tasa de desempleo? Está en su punto más bajo, cercano al 4% (lo que muchos economistas consideran pleno empleo).

¿Ve usted la conexión? Con pocos mandatos más gente trabaja. Esto es el meollo del asunto. Lo que el salario mínimo hace es ni más ni menos volver ilegal para los empleadores contratar empleados a un precio menor al fijado como límite.

Por tanto, retira poder de elección y elimina un rango de opciones para aquellos que tienen la menor capacidad para ofrecer sus habilidades a precios altos. No importa si usted se opone o propone un más alto nivel, la realidad anterior no puede negarse.

Pero este gran panorama puede estar un poco distorsionado. Pensemos en este problema desde el punto de vista del padre de un niño con cierta incapacidad, el que tiene dificultades en la escuela y pocas opciones para el futuro. Cuando tenga 16 años tiene ya la oportunidad de trabajar —lo que es una maravillosa fuente de vida y vitalidad para una persona joven. Puede contribuir a la sociedad y aprender mucho durante el proceso. Sentirá que es valorada por otros.

No será su caso el de tener una contribución igual a la de su salario, al menos no en el inicio. Pero habrá un empleador en algún lado que quiera ayudar al joven, quien se emplea a $5.85, un salario que presiona al negocio pero que puede soportar. ¿Qué sucede cuando el salario mínimo es elevado a $6 o $7? En algún punto el salario del joven se vuelve inviable. La caridad del jefe sólo puede llegar a cierto nivel. El joven será despedido como un resultado directo del intento del Congreso para hacer el bien.

Pero antes de que usted diga que la respuesta en sencilla —sólo basta forzar al patrón a pagar—, recuerde que nada en este mundo es realmente gratuito. Lo que se subsidia en una área se recorta de otra. Así que los requerimientos para que el empleador pague más será un costo para otros. Eso eleva el enojo y alimenta el descontento.

¿Estoy inventando esto? No, es un caso real que conozco personalmente y es difícilmente un caso único. Cuando sea que el salario mínimo de eleve, habrá víctimas y ella serán las personas que son los miembros más marginales de la sociedad, las personas sin experiencia laboral, los jóvenes, esos contra los que probablemente se discriminará.

Cuando sea que un precio mínimo se eleve, la tendencia será crear un sobrante de bienes que no hubiera existido de otra manera. Cuando sea que se eleve el mínimo del salario, eso crea un sobrante de trabajadores que de otra manera habrían tenido empleo.

Algunas veces el efecto puede ser pequeño, como sin duda lo será en esta ocasión ya que afortunadamente ha pasado un largo tiempo desde que se elevó el salario mínimo. Pero que no se deje de ver que en el nivel microeconómico, los efectos son reales y trágicos.

¿Por qué razón apoyaría alguien tal política? Existe una gran cantidad de ignorancia económica y de seguro ésta es una explicación. Pero hay una explicación más fea.

Los sindicatos no gustan de la competencia, especialmente la de los trabajadores principiantes de bajo salario. Ellos piensan que esos trabajadores reducen sus salarios. Así que prefieren salarios mínimos altos como una forma para impedir que ciertas personas entren al mercado de trabajo.

Si usted duda de esto, tome en cuenta que los sindicatos son los principales actores de cabildeo para el salario mínimo. Ningún miembro de un sindicato trabaja por un ingreso ni siquiera cercano al mínimo. ¿Tiene usted una mejor explicación?

La belleza de los medios no coercitivos de negociación de salarios es que ellos descansan en el consentimiento humano, la cooperación y el acuerdo voluntario. Esta es la manera humana de elevar salarios. El introducir la fuerza del gobierno en el intercambio causa fricción, exclusión y problemas imprevistos como la exclusión de algunos de los miembros más débiles de la sociedad.

Nota del Editor

• La parábola, Mateo 20, 1-16, a la que Sirico hace referencia dice que,

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.

Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: “Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido”. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.

Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí, el día entero, sin trabajo?”. Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”.

Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.

Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces supusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.

Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”

• Para información sobre los salarios mínimos en México, puede verse la página del SAT y añadir que la legislación mexicana no establece salarios por hora, sino por jornada de trabajo (uno de los rasgos de inflexibilidad legal que promueve el desempleo).


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