Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Si es Posible… ¿Es Verdadero?
Eduardo García Gaspar
16 abril 2007
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Si nos burlamos en la actualidad de la inocencia de nuestros antepasados que creían en historias fantásticas que nos parecen increíbles, esa burla es injustificada.

Y si no me cree, recuerde las veces que en su correo electrónico ha recibido mensajes de virus indestructibles provenientes de gente que quiere tomar el control de su PC.

O las veces que ha escuchado del que fue picado por una serpiente venenosa en un supermercado. Se les llama leyendas urbanas y son historias falsas o distorsionadas que circulan pretendiendo ser verdad.

Suelen narrar sucesos terribles y tratan de prevenirnos de cosas como jeringas infectadas en asientos de cine, o gatos que fueron secados dentro de un microondas. No necesariamente son todas falsas, pero sí son exageradas y la mayoría no tienen sustento.

La circulación de las leyendas urbanas es facilitada por la Internet, cuyo costo de envío es increíblemente bajo. Pero también requieren de ingenuidad en quien acepta el reto de enviar un mensaje urgente a todos sus conocidos para evitar que abran un correo que dice “Life is Wonderful” o algo similar.

La mejor opción es sencilla: no abra mensajes de personas que no conoce y absténgase de reenviar avisos de tragedias ajenas, como el de la niña que necesita ayuda para ser operada en Zimbabwe. No lo haga.

Las leyendas urbanas son muy pequeños cuentos, no bien escritos, que contienen personajes con los que es posible lograr alguna identificación, como la del comprador de un auto que encontró una mano humana en el motor.

Y tienen tramas que son atractivas por increíbles, como la de las arañas que anidaban dentro del peinado de una dama. Contienen también una moraleja o una lección: revisa el coche que compras, lávate el pelo con frecuencia.

Y desde luego hay leyendas de complots acerca de organizaciones mundiales con gran poder que tratan de dominar el universo. O también de seres extraterrestres que nos visitan y raptan para estudiar nuestros cuerpos.

El problema es, desde luego, que algunas personas creen que estas leyendas son absolutamente ciertas y contribuyen a esparcirlas entre más personas como ellas. Si nos reímos del jinete sin cabeza y de la llorona en los que creían nuestros antepasados, nuestros nietos se reirán a carcajada de nosotros.

Pero esos nietos y biznietos, a su vez, creerán en otras historias acopladas a sus tiempos. No creo que nunca llegue el tiempo en el que deje de creerse en historias fantásticas. Somos un género que se fascina con las historias cortas que emocionan, inquietan y aterrorizan.

Aunque desde luego, hay una diferencia entre las historias de Poe y las leyendas urbanas de hoy, como la de que la leche con sabor a chocolate es la que se rechaza por contener sangre vacuna, o la de que algunas gomas de mascar contienen huevos de araña para hacerlos más espesos.

Mi punto en todo esto es señalar algo divertido, pero que en el fondo indica un síndrome a examinar. Me explico. Digamos que usted oye que en un hospital un niño ha muerto durante una operación sencilla y que eso se debe que a que alguna persona utilizó un teléfono celular que causó un corto circuito en las máquinas de la sala de operaciones.

Ante esa historia usted tiene dos opciones. La cree tal cual es o expresa sus dudas al respecto. Las personas que las creen tal cual son pertenecen al tipo ingenuo, las que dicen que si algo es posible entonces debe ser cierto no importa que tan exagerado sea. Por ejemplo, el tipo que compra una motocicleta vieja y más tarde se entera que perteneció a Elvis Presley. Si es posible, dicen, debe ser cierto.

Consecuentemente, esas personas se tragan cuanta historia escuchan, aunque curiosamente suelen ser escépticas de lo que sí sabemos. Son las que creen que hay mensajes ocultos en las letras de la Biblia pero no creen en cosas demostrables, como las tasas de inflación o los análisis médicos. Sea lo que sea, por favor, cuando reciba esos correos con mensajes extraños, por favor, no los reenvíe.

POST SCRIPTUM

El sitio clásico de examen de esas leyendas es Snopes.


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