Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Síndrome Empresarial
Selección de ContraPeso.info
22 febrero 2007
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta un texto de José Luis Tapia Rocha. Agradecemos al Instituto de Libre Empresa en Perú el gentil permiso de reproducción.

Son muchos los que creen que ser altruista es sinónimo de bondad, benevolencia con el ser humano. La esencia del altruismo es colocar a los demás por encima de uno mismo. Su fundamento ha llegado hasta el ámbito empresarial, mediante el término “responsabilidad social”, donde el empresario tiene la “obligación moral” con los intereses de la sociedad, porque una acción tomada en beneficio propio es considerada inmoral.

¿Realmente de qué estamos hablando? ¿Se le está pídiendo al empresario que sirva de medio para fines de otros?

En diferentes eventos de universidades locales se ha difundido la injustificada preocupación, respecto que el capitalismo imperante está conduciendo a un individualismo egoísta, justamente contrario a lo “social”. Sostienen que frente a esta corriente deshumanizante, lo moralmente aceptable no es preocuparse de uno mismo, sino de los intereses de la sociedad.

Mientras tanto, los altruistas profesionales están coaccionando sicológicamente a los empresarios, con puntos de vista anti-individualista y anti-mercado para socavar su autoestima. Además, están introduciendo términos-comadrejas como la “responsabilidad social empresarial”, que están envenenando más nuestro lenguaje, como lo señaló oportunamente, el Premio Nobel Friedrich Hayek, en su libro “La Fatal Arrogancia”.

En este contexto, el empresario se ha convertido en una suerte de víctima, del síndrome psicológico que le han impuesto los altruistas profesionales, al señalar que la “responsabilidad social” es un compromiso moral que tiene con la sociedad, con el medio ambiente, con los trabajadores, con los pobres, y así sucesivamente, hasta cubrir todo la dimensión social. Han convertido a los empresarios en medios para conseguir fines de otros individuos.

De no rechazar este nuevo tipo de altruismo, el empresario no tendrá otra opción que asimilar un sentimiento de culpa, un miedo de no obtener la aprobación de los demás. No es díficil comprender la atracción que tiene el término “responsabilidad social” para los empresarios, de dejarse llevar por los juicios de los demás y, evadir la realidad del mercado que deben enfrentar.

Sin embargo, si se preocupan primero de sus intereses personales, y sienten culpabilidad por ello, el problema deja de ser filosófico para volverse psicológico.

Un empresario es responsable solamente por las acciones que él toma. Es responsable de su elección, pero no de las otras personas. No puede sacrificar su autoestima en favor de otros por que sin duda fallará al no poder controlarlos.

Una moralidad que ordena que la mayor preocupación del empresario es el bienestar social, que no tiene derecho de existir para sí mismo, sino que sirviendo a los demás es su justificación moral, no es una expresión de benevolencia o bondad.

Si fuera cierto que la “responsabilidad social” valora la vida de los demás, los altruistas profesionales estarían en una seria contradicción moral, cuando de por medio sacrifican a aquellas otras personas, como los empresarios. Por ejemplo, nadie defendería el suicidio como una moral a seguir en beneficio de quienes ya están muertos.

Un empresario honesto puede practicar el sacrificio altruista, pero lo hace a costa de su propia eficiencia y felicidad, a la vez que reduce los bienes y servicios que produce para los demás y, para la sociedad. Un empresario altruista es una contradicción sicológica, representa una tragedia personal que está sacrificando innecesariamente su bienestar y felicidad, al servicio de los demás.

Sin embargo, más empresarios están siendo embaucados por altruistas envidiosos de sus riquezas, sacrificando grandes porciones de su tiempo, propiedad y ganancias en favor de gente que viven a costa de ellos. De modo que, la mayoría de los altruistas están sugiriendo al gobierno, instrumentos para forzar a los demás empresarios, a asumir el compromiso moral con la sociedad, por medio de la legislación, incentivos fiscales, y políticas públicas.

En un capitalismo de mercado, todos los empresarios son libres para sustentar su vida, por medio de su perspicacia para descubrir y aprovechar ganancias en la competencia conquistando a los consumidores.

No se sacrifica para los demás, ni sacrifica a los demás en provecho propio, simplemente trata a los demás como los que son: consumidores o proveedores. Sino fuera por la dinámica del mercado, tendríamos desafortundamente más empresarios embaucados, cuya felicidad personal se vería socavada y perjudicada por la propaganda de los altruistas envidiosos.

La responsabilidad social es una contradicción moral y sicológica, que puede eventualmente destruir la capacidad de un empresario para producir más riqueza en un país pobre como el nuestro, y lo más importante, puede arrebatarle la felicidad de él y de su familia.

En tal sentido, es necesario que cualquier empresario rechace conscientemente este síndrome de la responsabilidad “social”, para evitar sacrificar su riqueza, y felicidad personal, al servicio de gente improductiva.


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