Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sofismas Laborales
Eduardo García Gaspar
19 junio 2007
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
Catalogado en:


Una noticia reciente publicó un dato revelador. Obvio, pero realmente digno de recordar. La pena es que la noticia contó sólo la mitad de la historia, la fácil de ver, y olvidó la de mayor fondo.

El pasado día 19 Rodolfo de la Torre, editor del Informe sobre Desarrollo Humano, México 2006-2007, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), declaró que, “Quienes se van podrían generar más riqueza, (pues) son más educados que los que se quedan en México”.

La noticia decía que “el perfil del migrante mexicano no es de pobreza, sino de gente con algún grado de educación, generalmente primaria, y por tanto con habilidades. La migración ilegal a Estados Unidos deja al país pérdidas de 3 millones de años de escolaridad y en los últimos cinco años salieron del país unas 500 mil personas anualmente, con educación primaria y habilidades”.

¿La causa de la emigración? La nota dice que, “el factor que explica la migración es la desigualdad salarial entre nuestro país y EU, pues los mexicanos que trabajan en ese país reciben un salario dos o tres veces superior”.

En resumen se tiene un panorama desolador. La nación que presume de tener una ley laboral avanzada y de beneficio para quien desea trabajar, produce la salida de la población trabajadora. Si la ley funcionara, tendríamos a estadounidenses emigrando hacia acá. Pero, ¿quién es el que se va?

Según el reportaje, se van los más educados, no los más pobres. Y esos que se van tienen algún nivel de educación, al menos primaria, lo que significa alguna preparación. No tengo por qué dudar eso, pero quiero añadir la otra parte, la que falta y que es siempre ignorada. Los que se van poseen otra virtud adicional a la educación, por baja que sea. Poseen una actitud de trabajo y de esfuerzo.

Ellos renuncian a ser protegidos por nuestra ley laboral y cobijados por nuestros sindicatos. Se van a sitios en los que trabajarán fuera de esa tutela legal y sindical, a empleos sufridos, duros y difíciles. Son gente admirable, gente trabajadora y esforzada. Son capital humano que el país desperdicia.

¿Por qué desperdiciamos ese recurso? La ley laboral, desde luego es un factor vital. Sus buenas intenciones promueven la emigración como efecto colateral de sus errores. También, las conquistas laborales son otro factor: ellas crean desempleo y una elite de sindicatos privilegiados que viven bien gracias a que otros emigran.

Y, desde luego, quien emigra lo hace porque piensa que haciéndolo vivirá mejor. La causa es un mejor ingreso, más alto. La diferencia de ingresos es la suficiente como para decidir evadir la ley y emigrar. ¿Por qué ganan más allá que aquí? Porque allá tienen dos condiciones muy diferentes.

Primero, allá no tienen una ley laboral como la mexicana, tan mala y absurda. Segundo, allá sucede algo adicional: se ha creado más capital, lo que eleva la productividad personal y causa salarios mayores. Los ingresos no los crea un decreto, los produce la facilidad de crear capital… lo que para el gobernante mexicano debe ser algo esotérico e incomprensible.

De todo esto, puede concluirse algo sencillo. Hacer de la ley estadounidense sobre inmigrantes un asunto de gran discusión mexicana es contraproducente y una pérdida de tiempo. Lo que nos debe ocupar es el cambio de las condiciones que producen la emigración, es decir, las disposiciones laborales y los grandes sindicatos. Mientras no los desmantelemos, sólo nos quedará quejarnos de lo que decidan los legisladores de EEUU.

Y, también, debemos crear facilidades para la creación de capital y elevar así los ingresos. Mientras no entendamos esto, seguiremos tratando el problema equivocado: no es la ley de los EEUU lo que debe preocuparnos, sino nuestras leyes y grupos de poder, que son los que producen el problema de la emigración.

¿Por qué no se hace lo correcto? Por cuestiones políticas. Es decir, el problema no es económico, sino político: los gobernantes ignoran el problema real o no saben cómo resolverlo, y los sindicatos se oponen a cambios que les significarían pérdida de poder.

Si usted busca la causa de la emigración de talento y esfuerzo, encontrará la respuesta en los grandes sindicatos y sus conquistas laborales.


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