Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
“Sólo dos camarones, por favor”
Eduardo García Gaspar
11 abril 2007
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
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El Wall Street Journal reportó una noticia realmente notable a principios de abril. Los principales datos son los siguientes.

Pescadores de camarones en los EEUU tienen ahora una nueva fuente de ingresos: pagos que les hacen sus competidores extranjeros. Una asociación de pescadores de ese país enfrentó competencia externa, camarones a más bajo precio, e hicieron lo natural.

Fueron con su gobierno y le pidieron protección ante crustáceos vendidos a precios “injustos” más bajos que los de ellos. Ganaron. El gobierno subió aranceles y dio hasta 100 millones de compensación a sus pescadores.

Pero querían más y amenazaron con pedir aranceles mayores, lo que asustó a los pescadores extranjeros, quienes acordaron pagar millones de dólares a los pescadores de EEUU por detener esa petición de nueva elevación de aranceles.

Todo está basado en la ley de los EEUU, la que da entrada a esas peticiones de industrias locales: solicitar aranceles para protegerse de precios exteriores a los que consideran amenaza. Incluso, parte del dinero recolectado por los aranceles puede irse a las industrias protegidas como un ingreso adicional, lo que en el futuro cercano ya no se hará.

Los pescadores extranjeros tienen ventajas, por sus granjas de camarón y costos menores que los de EEUU, quienes pescan mar adentro. En fin, de 2000 a 2004, dice la nota, las importaciones subieron y los precios bajaron hasta casi 40%.

Y esto apretó las finanzas de los pescadores estadounidenses, los que buscaron formas de evitar esa competencia. Finalmente, esos pescadores reciben pagos de más de cien empresas camaroneras del mundo… ya no pescan como antes, se dedican más a administrar esos cobros.

Sucesos como éste son frecuentes. Un productor o varios se sienten agredidos por la competencia extranjera. Acto seguido van con el gobierno, alegan injusticia del extranjero y convencen a la autoridad de protegerlos por algún medio, como elevando impuestos a las importaciones. Es tonto, pero lo logran.

Recuerda la crítica de F. Bastiat, quien dijo en su tiempo que el sol sería competencia injusta del exterior para los fabricantes de velas.

Los asuntos se arreglan entre esas partes. Los productores locales logran un monopolio nacional, los gobiernos creen que han hecho un bien a la nación, los extranjeros salen lastimados… como en este caso, teniendo que pagar una extorsión real. Pero en todo esto que es pan cotidiano, suele olvidarse un personaje que es el principal de la obra.

Me refiero al consumidor, el beneficiado por el libre comercio y dañado por su limitación. Por proteger a unos cuantos, el gobierno daña a millones. Vuelvo a esa reducción de precios.

Imagine usted que el precio del camarón se reduce 30%. Sin duda es una gran noticia: usted puede comprar más camarón por el mismo precio o la misma cantidad por un precio menor y, ahora le sobra dinero para comprar otras cosas.

El precio más bajo del camarón ha elevado su capacidad de compra. Usted gana lo mismo, pero puede comprar más. Y ésa es una gran noticia para todos… excepto para los pescadores con costos mayores, que son los ineficientes y por eso debían dedicarse a otras actividades.

Así es la realidad y no hay manera de negarla: proteger a las industrias nacionales de los precios más bajo externos, daña a millones de consumidores y les reducen sus ingresos creando pobreza.

A pesar de eso, estoy seguro, muchos defenderán la protección de las empresas nacionales, lo que es de locos, porque significa defender una política económica que empobrece a la población. Usted verá los puestos “salvados” de la competencia externa, pero requerirá más suspicacia para ver el efecto total de la medida y que incluirá una reducción de la capacidad de compra de toda la población.

Así es la realidad. La protección a los productores de precios altos es una acción que ni Ripley creería. Es una tontería en la extensión total de la palabra. Y sin embargo se hace.

Los productores piden protección por conveniencia y provecho propio. Pero los gobiernos conceden esa protección por motivos políticos, de presión ante intereses corporativos organizados. Los consumidores, que no están organizados, son los que pierden.

POST SCRIPTUM

• La paradoja es fascinante: los socialistas son los que por lo general solicitan proteger a las industrias locales, es decir, terminan ayudando a sus enemigos de tradición, los empresarios. Esto explica las sorprendentes alianzas entre empresas locales y los socialistas.


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