Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sólo Quiero Protegerlos
Eduardo García Gaspar
12 septiembre 2007
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en:


México es un país que tiene su gracia, o mejor dicho, que tiene gobernantes que producen risa. No es la excepción. La mayoría de los países gozan de esa prestación ciudadana.

La pena es que los gobernantes no se dedican a la comedia, sino que tienen en sus manos cuestiones serias, a las que tratan como si ellas no importaran.

Uno de los chistes es el gran énfasis en los derechos. Hasta una comisión han creado y, siguiendo una costumbre gubernamental, ella hace publicidad promoviendo derechos en audiencias infantiles.

Y es curioso esto, porque a pesar de tanto canto elogioso por los derechos de los mexicanos, no tenemos derecho a seleccionar una escuela pública, ni un médico, ni un hospital en el sistema público. Tampoco podemos abrir un negocio petrolero.

Extraña esta situación de derechos violados en medio de tanta promoción de derechos. No somos los únicos. Los gobiernos estatales de EEUU hacen algo similar, con otro estilo. P

or ejemplo, si usted es decorador de interiores, quizá requiera una licencia para trabajar. Lo mismo va para profesiones como masajistas o taxidermistas. Incluso para colocar artefactos que impiden los nidos de palomas en los techos.

Esos datos reportados por el WSJ (10 septiembre), muestran una tendencia: el 20 por ciento de la fuerza de trabajo en ese país necesita un permiso para laborar. Antes, en los años 50, ese porcentaje era de menos de 5 por ciento. Eso informa el reporte de la Reason Foundation. Vender flores en Luisiana, decir la buena suerte en Maryland, todo eso requiere permiso del gobierno para que la persona pueda realizar su trabajo.

En México, hay limitaciones sindicales, legales, que tienen el mismo efecto. Quizá algunas profesiones podrían justificar eso, como la medicina, pero la realidad es una: estamos en presencia de un gran chiste.

Nuestros tiempos son de grandes libertades al mismo tiempo que sin gran aspaviento limitan otras. La legalización del aborto permite matar bebés, pero en un hospital que usted no puede elegir.

Los detalles son graciosos, verdaderos chistes, material de burlas. Pero lo que no debe perderse de vista es lo que está detrás de las decisiones tontas. Los gobernantes se toman muy en serio su trabajo.

Llegan a pensar que ellos son salvadores, que son necesarios, que la gente no podría vivir sin ellos. Y actúan en consecuencia haciendo lo único que saben hacer: producir leyes y reglamentos.

Cuando, por ejemplo como en México, usted no tienen derecho a abrir un negocio de extracción de petróleo, aunque el pozo se encuentre en su propiedad, el gobernante cree que está haciendo algo bueno, algo que producirá bienestar.

Cuando se le pide licencia de trabajo a un masajista, lo mismo sucede: el gobernante piensa que así se protegerá a los clientes de tal profesionista. El común denominador de los gobernantes es uno bajo todas las medidas que realiza.

Piensa él que su misión es la de proteger al ciudadano. Tiene razón, para eso se establecieron los gobiernos, para la protección de los ciudadanos. Esa es su razón de ser, la que, sin embargo, no puede ser ilimitada. Es razonable proteger al ciudadano de daños en su persona, sus bienes y su libertad… pero hay una amplia diferencia entre protegerlo de ladrones y protegerlo de un mal peluquero o protegerlo ordenándole a qué escuela deben ir sus hijos.

El exceso de esa mentalidad protectora tiene un nombre, estado benefactor o de bienestar: un sistema político en el que el gobierno retira grandes recursos de los bolsillos de sus ciudadanos para a cambio darles servicios de salud, educación, retiro y demás.

Es como si yo llegara con usted a pedir dinero y más tarde volviera con una camisa, la que yo escogí, para que usted la use. Y para justificar mi acto, alegara que usted tiene derecho a tener camisas.

El tema es el del límite de la acción gubernamental, uno que no ha tenido la discusión que merece y que, peor aún, se toma gratuitamente: la expectativa del ciudadano suele ser esa que supone que efectivamente el gobierno debe encargarse de todo. Deberíamos tener algo que nos protegiera de la protección del gobierno.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información para el interesado en buscar explicaciones.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras