Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Son Necesarias?
Santos Mercado Reyes
10 julio 2007
Sección: ESCUELAS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Con frecuencia, la sociedad abraza mitos que carecen de todo fundamento teórico. Por ejemplo, el que se refiere a la necesidad de que existan escuelas públicas.

Si se pregunta a cien personas al azar, incluidos obreros, campesinos, comerciantes, profesores universitarios, investigadores y hasta hombres de ciencia, casi todos opinarán que son necesarias las escuelas públicas, es decir, las escuelas de gobierno. Veamos con calma a que se refiere este mito.

Primeramente se requiere tener en claro el concepto de “escuela pública”. ¿Qué es para usted una escuela pública? , pregunté a mis entrevistados. “Es una escuela donde va la gente” contestaron unos. Si esta fuera la definición, entonces todas las escuelas en México, serían públicas, salvo las escuelas para perros donde podríamos asumir que allí no va la gente. Es una mala definición.

Otra respuesta: “es donde van los pobres”. Pero lo pobres de este país, sólo alcanzan las escuelas primarias y algunos, la secundaria. Querría decir que ninguna de las escuelas preparatorias y universidades es pública, mala definición.

Bueno, me permito darle una definición y aunque no es perfecta creo que es más precisa. Para que una institución tenga el derecho de llamarse “escuela pública” requiere de cinco requisitos:

  • El inmueble (terrenos y edificios) no tiene un propietario privado, es del gobierno.
  • Está financiada con recursos del erario en más del 90%.
  • Los trabajadores (profesores, administrativos y funcionarios) reciben cheques del gobierno.
  • Los alumnos estudian sin pagar, o pagan alguna cuota simbólica.
  • Los planes y programas de estudio sean impuestos por el Estado.

El ejemplo clásico de “escuela pública” se remonta a las escuelas de Benito Musollini, en Italia; las de José Stalin en la ex-URSS , las de Fidel Castro en Cuba, o las de Kim ill Jong en Corea del Norte. Pero también se llegaron a construir escuelas públicas en los países que no se declararon comunistas.

En Estados Unidos, Horace Mann el padre de la educación pública, convenció al congreso (1873) de que “la educación es tan importante que debe ser financiada por el Estado”. En Inglaterra, Alemania y Francia, cundió la idea del Estado educador y con ello se abrió el campo para construir una enorme burocracia dedicada a educar al pueblo. México y el resto de países latinoamericanos abrazaron la idea sin mayor discusión ni reflexión.

La idea de que el gobierno debía ser el agente indicado para educar al pueblo no tuvo opositores. Quizás se habrían dado cuenta de la aberración si en lugar de proponer al Estado como educador del pueblo se hubiese propuesto que la iglesia, el PRI, el PAN, el PRD o el Chapulín Colorado, alguno de ellos, se hubiese quedado con el monopolio de educar al pueblo.

Como quiera que sea, se aceptó que el Estado, formado por los políticos y burócratas en turno fueran los encargados de decidir qué debía aprender la población.

Desde entonces, los gobiernos se dedicaron a expropiar terrenos “por causa de utilidad pública”; crearon paraestatales para planear y edificar edificios, fundaron oficinas que se dedicarían a diseñar los planes y programas de estudio de todos los niveles, y crearon las normas y exámenes para determinar quién tenía derecho a recibir educación y quien no.

Quiero llamar la atención para cuestionar este modelo educativo de escuelas públicas. Pretendo que se haga una reflexión profunda para determinar si hemos hecho bien las cosas.

Deng Tsiao Ping, viejo líder del Partido Comunista de China decía que no importaba el color del gato, con tal de que cazara ratones. En otras palabras, si el modelo de educación pública hubiera dado al pueblo la educación necesaria y suficiente para que todos los ciudadanos desarrollaran su potencial, talento e inteligencia a fin de que se reflejara en prosperidad y bienestar de toda la nación, no habría nada qué cuestionar.

Si en México ya no tuviéramos tanta pobreza extrema, desempleo y balcanización podríamos haber sospechado que nuestro sistema de escuelas públicas ha cumplido su tarea. En tal caso, sería deseable que ese modelo durara dos, tres o más siglos. ¿Para qué cambiarlo?

Pero, tan solo en México se pueden mencionar algunas manchas indiscutibles.

1. Las escuelas públicas no resolvieron el problema del analfabetismo (es superior al 10%)

2. De cada 100 alumnos que ingresan a primaria, únicamente tres se titulan.

3. De cada 100 alumnos titulados, 70 no se desarrollan en su campo de estudio.

4. La escuela pública ha sido incapaz de formar gente con mentalidad empresarial, sólo forma gente que busca trabajo.

5. La escuela pública ha sido incapaz de formar ciudadanos universales capaces de comunicarse al menos en inglés con gente de otros países.

6. La escuela pública ha deformado la mentalidad de los alumnos inyectándoles marxismo-leninismo.

7. La escuela pública ha formado individuos incapaces de desarrollarse en una economía de mercado.

8. La escuela pública se ha convertido en trinchera de grupos izquierdistas que sueñan con establecer un mundo comunista al estilo de José Stalin.

9. La escuela pública se ha convertido en un barril sin fondo que cada vez exige más recursos y mientras más recibe, más empeora su calidad.

10. El gasto que la sociedad hace por cada alumno en una escuela pública es en promedio superior a las colegiaturas de los colegios privados.

11. La escuela pública se ha transformado en una enemiga jurada del sistema de mercado, de las economías abiertas y de la globalización.

A pesar de todos estos señalamientos, mucha gente persiste en la idea de que las escuelas públicas son necesarias. Ahora se les pregunta por qué se cree que son necesarias. La respuesta más común es “porque hay muchos pobres que no pueden pagar en una escuela privada”. Bueno, pues yo propongo que este no es un argumento sólido. Veamos por qué.

Aceptemos que hay mucha gente que, por sus ingresos, no pudiera pagar una colegiatura de colegio privado. Pero hay dos alternativas.

La primera es que el gobierno le de una ayuda a la familia. Es más, el Estado le podría pagar totalmente la colegiatura al niño de familia pobre para que estudie en un colegio privado. En otras palabras, pudiera no existir ninguna escuela pública y aún así, se podría mantener la filosofía de que “quien estudie, no paga”. Es un sistema de educación gratuita sin necesidad de escuelas públicas.

La segunda consiste en crear un banco de la educación (privado) para brindar crédito a todos aquellos que deseen prepararse, en cualquier colegio privado, en cualquier carrera y en cualquier país. Con este banco se quitaría el pretexto de que “no estudio porque no tengo dinero” El alumno tendría recursos para pagar la colegiatura y para sus gastos cotidianos. El alumno no estaría estudiando a expensas de otros, pues regresaría el crédito cuando ya fuera un profesional productivo.

Quiere decir que la pobreza no es pretexto para justificar la existencia de escuelas burocráticas del Estado.

Por más que he pensado en encontrar razones justificables para seguir manteniendo escuelas gubernamentales, no las encuentro.

Pero, si no hay argumentos sólidos para que México tenga escuelas públicas, ¿por qué hay tantas? Espero que Usted, estimado lector, me ayude a resolver este enigma.


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