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Superávit Comercial: Falacia
Selección de ContraPeso.info
11 septiembre 2007
Sección: ECONOMIA, FALSEDADES, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta a sus lectores una idea de José Nogueira. Agradecemos a Economía para Todos en Argentina el amable permiso de publicación.

La idea central del autor es señalar un error común, el creer que el objetivo más sano que debe tener el comercio internacional de un país es el tener un superávit constante. Aquí se presenta sólo un fragmento de la columna original.

A pesar de la creencia extendida según la cual el superávit  comercial es la situación ideal para una nación, alcanzar el equilibrio entre exportaciones e importaciones debería ser el objetivo final de toda política económica de largo plazo… cabe recordar que generalmente se cree que es mejor una balanza comercial superavitaria que deficitaria, tal como lo pregona el actual gobierno argentino.

El supuesto de que tener mayores exportaciones que importaciones resulta ser un objetivo apropiado de política tiene una larga historia en el mundo. Esa teoría fue sustentada en los siglos XVI al XVIII por los denominados “mercantilistas”, quienes creían que los superávits comerciales debían ser el objetivo de la política comercial, porque de esa manera los países podían incrementar sus tenencias de oro, que era el medio de pago para el intercambio que se utilizaba en esa época.

Hoy en día, aquella antigua versión del mercantilismo afirma que un superávit en la balanza comercial es un objetivo apropiado porque da como resultado la acumulación de activos extranjeros, que sirven para disminuir la vulnerabilidad de las economías vernáculas.

Sin embargo, en la abundante bibliografía sobre economía prevalece ampliamente la opinión de que un país que mantiene indefinidamente una balanza comercial con superávit está produciendo más bienes para que los disfruten los extranjeros, en lugar de que lo hagan quienes los producen, que son los propios residentes del país.

De ello surge, entonces, que lo ideal es que todos puedan disfrutar de su propia actividad productiva, manteniendo el comercio en equilibrio, siendo éste, precisamente, el objetivo de los gobiernos de los países civilizados.

Por el contrario, un déficit de la balanza comercial, tal como ya lo hemos experimentado en la Argentina, trae consigo la sensación de poder disfrutar de los productos y de los recursos de otras naciones.

Esta situación, sin dudas, es maravillosa mientras el país pueda sostenerla, aunque como sucede con las empresas e individuos que viven más allá de sus posibilidades, finalmente llega el día del inevitable ajuste.

Las diferentes experiencias vividas hasta ahora han demostrado que los déficits continuos son tan indeseables como los superávits.

Ambas opciones, en cambio, podrían admitirse si se produjeran temporalmente. Durante un período de balanza positiva, el país incrementa sus tenencias de activos extranjeros tales como acciones, bonos, bienes raíces, negocios operativos y otros.

Esa situación le permitirá al país soportar en otro período déficits comerciales sin que deba recurrir a financiamiento internacional, utilizando para ello sus activos ahorrados.

Definitivamente, entonces, el objetivo de la política económica debería orientarse a mantener un comercio exterior equilibrado a lo largo de un período suficientemente prolongado, por lo menos una década o más. Ése es el camino correcto.

Nota del Editor

La idea de Nogueira, aceptada por el más simple razonamiento, suele ser causa de shock en algunas mentes.

Un economista, en una conferencia, dijo que México debía ver con alegría el TLCAN porque su situación era superavitaria con respecto al comercio con los EEUU, es decir, los EEUU debían ver ese tratado con tristeza porque su situación es necesariamente deficitaria. El tipo no comprende su materia.

De igual manera, para las mentes acostumbradas a pensar en juegos de suma cero, el célebre error de Montaigne, esto les resulta incomprensible. Creen ellos que lo que uno gana en comercio exterior otro lo pierde y, por consiguiente, alaban los superávits y temen los déficits comerciales.

La situación ideal, si ella fuera posible de sostener, sería la de un déficit permanente: gozar de los bienes ajenos sin necesidad de desembolsar por ellos. Pero ello es imposible de mantener y por eso sucede lo obvio: si se quiere importar se debe exportar y el tener un saldo de cero a la larga en el saldo comercial es una situación sana, más que la del superávit.

Hay otra presuposición falsa acerca del comercio internacional, la de imaginar que un país comercia con otro: una entidad llamada Francia, por ejemplo, vende vino a otra entidad llamada Brasil. La imagen es falsa. Lo que sucede es que una persona o grupo de ellas en cierta parte vende vinos a otra persona o personas en otra parte del mundo.

Si una de esas partes estuviera en Burdeos y la otra en París, nadie se cuidaría de hablar del déficit o del superávit de esos dos lugares. Pero si interviene una persona en Burdeos y otra en Sao Paolo, entonces se comienza a fantasear sobre déficits y superávits… no tiene sentido.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información  para lectores que buscan explicaciones.



1 comentario en “Superávit Comercial: Falacia”
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