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Tercer Mundo y Multinacionales
Selección de ContraPeso.info
15 febrero 2007
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta un texto de James C. W. Ahiakpor. Agradecemos al Acton Institute el gentil permiso de reproducción. El tema tratado por el autor es el de las empresas transnacionales como depredadoras o contribuyentes al desarrollo.

El texto apareció originalmente en octubre de 1992 en Religión and Liberty, volume 2, number 5. James C. W. Ahiakpor es oriundo de Ghana y naturalizado canadiense, es profesor de Economics en California State, Hayward, y ha sido mentor en las conferencias de “Toward a Free and Virtuous Society”.

Corporaciones multinacionales en el Tercer Mundo

¿Depredadoras o aliadas para el desarrollo económico?

Las corporaciones multinacionales (CMN) realizan muchas acciones defendibles útil y moralmente en en Tercer Mundo, por las que ellas reciben muy escaso crédito. Importantes entre esas actividades están sus ampliaciones de oportunidades para tener mayores ingresos como también para el consumo de bienes de calidad y servicios para las personas en las regiones más pobres del mundo.

Pero estas firmas han sido falsamente descritas usando malas y terribles imágenes por los marxistas y los proponentes de la “teoría de la dependencia”. Ya que muchas de estas empresas provienen de los países industrializados, incluyendo los EEUU, la Gran Bretaña, Canadá, Alemania, Francia e Italia, ellas han sido vistas como instrumentos para la imposición de valores culturales occidentales en los países del Tercer Mundo, en lugar de ser vistas como aliadas en su desarrollo económico.

Por tanto, algunos proponentes de esas opiniones reclaman la expulsión de esas firmas, mientras otros menos hostiles, han argumentado su cercana supervisión o regulación por parte de los gobiernos del Tercer Mundo.

Incidentes como el uso inadecuado de leche infantil en el Tercer Mundo, producida por Nestlé, la filtración de gas de una planta de Union Carbide en Bhopal, India, y la supuesta involucración de empresas extranjeras en el derrocamiento del presidente Allende en Chile, han sido empleadas para perpetuar la fea imagen de las CMN.

La realidad de que algunas CMN posean activos con mayor valor que el ingreso nacional de sus países anfitriones refuerza también su imagen de temor. Y ciertamente, hay evidencia de que algunas CMN han pagado indebidamente a oficiales de gobierno para evitar obstáculos en contra de la operación redituable de sus empresas.

Algunos gobiernos, especialmente en América Latina y África, han sido receptivos a las imágenes negativas y han adoptado políticas hostiles en contra de las CMN. Sin embargo, después de un examen cuidadoso de la naturaleza de las CMN y sus operaciones en el Tercer mundo, se revela una imagen positiva de ellas, especialmente como aliadas en el proceso de desarrollo de esos países. Es importante que las contribuciones positivas de esas firmas en sus economías sean más ampliamente conocidas para el bienestar de la mayorías de los pobres del mundo que viven en el Tercer Mundo.

Incluso con las CMN principalmente motivadas por las utilidades en su inversión en el Tercer Mundo, no debe ser oscurecida por percepciones erróneas la moralidad de sus actividades al mejorar a vida material de muchos de estos países .

El primer punto a reconocer acerca de las CMN es que, además de operar bajo más de una jurisdicción nacional, son por naturaleza muy similar a las empresas locales no multinacionales produciendo en más de un estado o de una planta. Podemos llamar a éstas corporaciones multi-plantas uninacionales (CUN).

Por tanto, una CUN con plantas en Alaska como en algunas otras partes de los EEUU habría sido conocida como CMN en caso de que Alaska continuara siendo un territorio no de los EEUU. En verdad, la experiencia de los países europeos, prontos a ser más unificados económicamente, o la ex-URSS ahora fragmentándose en diferentes naciones soberanas o cuasi soberanas, debe hacernos ver el hecho de que los EEUU o Canadá podrían sencillamente haber sido varios países y que algunas actuales CUN podrían haber sido CMN.

Como las CUN, las CMN son propiedad de accionistas que esperan retornos anuales o dividendos en compensación por los fondos que han hechos disponibles para la producción de la empresa y actividades de venta.

Para permitir que las CMN paguen esos dividendos es que sus administradores buscan a los trabajadores más eficientes por los salarios que pagan, compran los materiales a los más bajos costos posibles, buscan producir en países que tienen los menores impuestos a las utilidades y venden en mercados en los que pueden tener las máximas utilidades después de costos. (No es diferente de quien busca empleo con el más alto salario con el mínimo de tedio, el mejor ambiente de trabajo y localización y las mejores prestaciones).

Quizá la mayor diferencia entre las corporaciones uninacionales y multinacionales es que las últimas han sido más exitosas que las primeras, y como resultado han expandido sus actividades a muchas más regiones y estados soberanos.

Muchos, en efecto, reconocen a las CUN o firmas locales como agentes útiles en el desarrollo de las comunidades en las que operan. Importante en este reconocimiento es el empleo que ellas crean y los (más altos) ingresos recibidos por haberse establecido en la región. Estas firmas también rentan edificios y terrenos, o algunas veces los compran, generando entonces mayores ingresos para sus propietarios.

Por ejemplo, en ausencia de los actuales propietarios japoneses habiendo ofrecido comprar Rockefeller Center en Nueva York, el precio que sus propietarios estadounidenses hubieran obtenido habría sido menor. Lo mismo aplica para los prospectos de ingresos de los dueños de los Marineros de Seattle si prospera la venta de ese equipo a los compradores japoneses.

Es precisamente de maneras similares que las CMN enriquecen el trabajo y a los propietarios de otros recursos en el Tercer Mundo. Es su ausencia, las personas habrían tenido menores trabajos, o con ingresos menores, y la demanda de bienes raíces y otros recursos locales habría sido menor.

Sin los operadores de hoteles como Holiday Inn, Sheraton, Hyatt, Four Seasons, y Hilton, habiendo comprado o alquilado propiedades de playa en diversos lugares turísticos del Tercer Mundo, sus propietarios (individuales o gubernamentales) habrían recibido mucho menos por su venta. Esas compras también liberan el capital de los propietarios de los recursos para inversión en otras actividades.

Algunos de quienes reconocen pocas contribuciones positivas de las CMN a la economía del Tercer Mundo podrían, sin embargo, reconocer que estas firmas pagan salarios mayores a sus empleados locales de los que ellos ganarían en otra parte, y más altas rentas por terrenos y edificios. Pero a menudo argumentan que los salarios en los países del Tercer Mundo son más bajos que los pagados por las CMN en países más desarrollados y que las condiciones de trabajo no poseen los mismos estándares.

Sin embargo, la comparación ignora varios factores clave. Por ejemplo, la habilidad o nivel educativo de los trabajadores en el Tercer Mundo y los de los países más desarrollados no son los mismos. La cantidad de maquinaria y equipo manejado por los trabajadores en los dos lugares son también diferentes. En resumen, el monto producido generado por un trabajador en el Tercer Mundo es típicamente menor que el producido en el mundo más desarrollado.

Ciertamente, si las CMN pudieran contratar suficientes trabajadores de mayor calificación en los países desarrollados pagando los sueldos dados a los del Tercer Mundo, lo harían con gozo. Ganarían ellas entonces mayores utilidades vendiendo sus productos a menores precios. Pero la realidad es que no lo permitiría el sistema de intercambio voluntario en el que las CMN operan. Adicional a quienes trabajan por caridad, pocos otros aceptarían por mucho tiempo salarios que ellos consideran menores a la contribución que hacen a la empresa.

La misma explicación aplica a los salarios pagados por las CMN en el Tercer Mundo. A menos que los trabajadores encuentren más provechoso trabajar para las CMN a los sueldos que ellas ofrecen, ellos optarían por emplearse en otras partes. De manera similar, a menos que las CMN pueden tener tantas utilidades como en su país, como también compensación por lo riesgos adicionales de invertir en el Tercer Mundo, incluyendo el riesgo de confiscación de activos por parte de gobiernos hostiles futuros, ellas preferirían no aventurarse en esas partes del mundo.

Por tanto, deben existir beneficios netos para ambas partes en una transacción (trabajadores y CMN) para que ella se realice y sobre una base continua.

También puede ser valioso señalar que las investigaciones no han confirmado la afirmación frecuente de que las empresas extranjeras, incluyendo las CMN, tienen ganancias altas o excesivas por dólar invertido en relación a sus contrapartes locales. Lo opuesto, las firmas privadas locales en promedio tienen más altas tasas de utilidades antes de impuestos que las empresas extranjeras (mostrado por la investigación en India, Brasil, Colombia, Guatemala, Ghana y Kenya).

Y la explicación simple es que muchos gobiernos del Tercer Mundo imponen impuestos más altos a las utilidades de sus firmas locales que a las empresas extranjeras. Por tanto, las tasas de utilidad después de impuestos son similares para las empresas extranjeras y las privadas en el Tercer Mundo. Más aún, la nueva riqueza creada por cualquier empresa debe cubrir los salarios, intereses, equipos y renta de tierra y edificios usados en la producción antes de pagar utilidades. Y esos pagos se quedan en la economía anfitriona del Tercer Mundo.

Si nos abstenemos de los instintos paternalistas hacia las personas más pobres en el Tercer Mundo, también respetaríamos su decisión de comprar los productos fabricados allí por las CMN en lugar de acusar a las firmas de vender productos inapropiados para ellos. Ser pobre no hace que las selecciones hechas de productos sean menos defendibles o menos morales que las decisiones de los ricos.

Y sin suficiente demanda por los productos, las CMN no tendrían utilidades en las ventas al Tercer Mundo. En un régimen de comercio libre, los mismos productos podrían haber sido importados de no haberse fabricado por las CMN. No hay por tanto razón válida por la que los gobiernos del Tercer Mundo deban requerir que las CMN fabriquen y vendan sólo productos de baja calidad en esos países, como algunos analistas de países más desarrollados han sugerido.

¿Hay algo legítimo que los gobiernos del Tercer Mundo puedan hacer con respecto a las CMN en sus países? Sí, pero nada más de lo que legítima y razonablemente harían por las firmas locales, teniendo en cuenta que los impuestos excesivos de utilidades o que las regulaciones ambientales excesivas reducen las inversiones totales de ambos tipos de empresa.

Quizá, las CMN sean capaces de ofrecer pagos indebidos mayores que las empresas locales para escapar a las restricciones impuestas en ellas por parte de los gobiernos del Tercer Mundo. Si es así, esas restricciones trabajan principalmente en contra del desarrollo de las firmas locales. La solución debería ser la flexibilización de las restricciones a los negocios para que ellos puedan crear más riqueza y en el proceso, facilitar el desarrollo de empresas locales y reducir la incidencia de corrupción en el gobierno.

Adam Smith, quien también era un filósofo moral, observó largamente que un individuo “dirigiendo… su trabajo de manera que su producto sea del mayor valor… busca sólo su propio beneficio, y él es en éste, como en muchos otros casos, guiado por una mano invisible para promover un fin que no era parte de él. Persiguiendo su propio interés con frecuencia promueve el de la sociedad, con más efectividad que cuando realmente lo intenta promover”.

 

Estas observaciones son aplicables con igual fuerza a las actividades de inversión de las corporaciones multinacionales en los países del Tercer Mundo. Y no es accidental que la gente de esos países cuyos gobiernos han sido más abiertos a la presencia de empresas multinacionales hayan experimentado mejoras significativas en sus estándares de vida (por ejemplo, Bermudas, las Bahamas, Hong Kong, Corea del Sur, Singapur y Taiwán), mientras que países hostiles a esas firmas continúan atorados en la pobreza.

Puede no ser la intención de los gobiernos del Tercer Mundo, pero la perpetuación de la pobreza en honor a la protección de su gente de la supuesta explotación de las CMN tiene poca justificación moral.


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