Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Tolerancia Excedida
Eduardo García Gaspar
16 marzo 2007
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Quiero ir al 25 de febrero. A una nota periodística en el San Francisco Chronicle y lo que le sucede a la calle Castro en esa ciudad. Esa calle ha sido la Meca homosexual de la ciudad por décadas y está amenazada. Todo porque a esa zona se están mudando heterosexuales. La nota señala que esa tendencia se registra también en otras partes de los EEUU.

Dice la nota del periódico que algunas personas que allí viven, homosexuales, están preocupadas porque se perderá la cultura y la historia de la zona. Al mismo tiempo, se hace notar que el gobierno de la ciudad está gastando cien mil dólares para mantener la identidad de la calle Castro. Unos de los líderes dijo que son bienvenidos los heterosexuales, “mientras entiendan que ésta es nuestra comunidad”.

Uno de los comerciantes de la zona dijo que necesitan encontrar nuevos negocios en el área, sin importar que sus propietarios sean “gays, chinos, afroamericanos o mujeres”. El tema sin duda es anecdótico y pintoresco.

Y lo es por una razón, su profunda intolerancia. Voltee usted la situación y se verá muy claro que si en un barrio de heterosexuales se rechaza a los homosexuales, eso produciría un reclamo airado de discriminación.

Esos son los problemas que tiene la exaltación indebida de la tolerancia, que sí es positiva pero tiene sus límites, especialmente cuando genera desigualdad. El trato preferente de un grupo sobre otro es eso que genera la tolerancia mal aplicada.

Si la igualdad opera, entonces no se daría cabida a la discriminación inversa, como ha sido llamada: es la superioridad que asume el grupo supuestamente discriminado. En este caso, es la discriminación de los heterosexuales en favor de los homosexuales.

Curiosamente la discriminación inversa es aceptada sin protestas severas. Un ejemplo adicional ha sido señalado: la tolerancia mandaría respetar por igual a todas las religiones, pero llevada a su extremo políticamente correcto, ella permite ataques severos a algunas religiones e impide la más mínima crítica a otras. Las caricaturas de Mahoma en Dinamarca son un buen ejemplo.

Creo que el asunto bien vale una segunda opinión, pues la tolerancia ha sido tremendamente exagerada. Tolerar significa soportar la existencia de algo con lo que no se está de acuerdo. Soportar sin acciones que violen la dignidad de las personas.

Esto es lo que haría posible que coexistieran, por ejemplo, templos de diversas religiones en un mismo barrio. Y lo que haría indebido prohibir que un templo de una religión se abriera en una zona donde otra religión predomina. Puede no gustar, pero la igualdad de derechos es un valor mayor. Si un heterosexual desea vivir en la calle Castro sería violar sus derechos el impedírselo, sería intolerante en su sentido correcto.

Pero las buenas cosas que existen en la noción de tolerar se vienen abajo cuando se viola la igualdad de derechos y a un grupo se le da más que a otros. Este es el efecto neto colateral de la tolerancia mal entendida, el hacer superior a un grupo sobre el resto. Un ejemplo de este error sería el de una ley que protegiera a la mujer de la violencia familiar, pero no hiciera lo mismo con los hombres.

No pienso que deba dudarse de la idea de la tolerancia, al contrario, es un principio de vida, de buena vida. Mi punto es que ella ha sido tremendamente exagerada, tanto que en su nombre se cometen errores que violan otro principio mayor, el de la igualdad de derechos. La causa de esto es uno de los vicios de nuestros tiempos, el de lo políticamente correcto: una forma de prejuicio que evita el uso de la razón.

Tolerar significa realmente estar en desacuerdo con algo o alguien en una relación mutua. La palabra clave aquí es ésa, mutua. La persona que no está de acuerdo con, por ejemplo, que un vecino sea mormón tendrá que soportarlo siempre suponiendo que el mormón tolere vivir junto a esa persona. Ninguna está de acuerdo con la otra, pero ambos conviven porque concuerdan en tener una convivencia mutua tolerante.

Cuando, por tanto, desaparece la reciprocidad de una de las partes, la tolerancia deja de existir porque desaparece la suposición de igualdad entre las personas. La tolerancia de un sólo lado es igual a cancelarla.


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