Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Columnista, Una Ley
Selección de ContraPeso.info
2 febrero 2007
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Asuntos
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El pasado 22 de enero, Excelsior publicó una columna interesante. Su autor es Agustín Basave —hasta donde sé, perteneciente al PRI.

La columna tiene como resumen la idea de que “El gobierno panista, ante el alza de los precios de la tortilla, pide perdón por la osadía de meterse con las infalibles fuerzas del mercado” —lo que con facilidad puede entenderse como una columna que va en contra del funcionamiento de los mercados libres.

Eso no es sorpresa —cantidad de opiniones se vierten en pro y en contra de los mercados libres. Pero lo que interesa es la argumentación del columnista.

La columna abre diciendo que “El grado de intervención estatal en la economía, en efecto, ha sido el centro del debate entre liberalismo y marxismo, entre anarquismo y totalitarismo y entre las demás ideologías intermedias”. Es verdad, en mi opinión, lo que dice el columnista —la gran discusión está en el mejor monto de intervención estatal en el proceso económico.

Con respecto al problema de la elevación del precio del maíz, dice del gobierno mexicano que

“Llama la atención escuchar su argumentación del plan para controlar la escalada: se les oye apenados, casi avergonzados de anunciar una serie de medidas para cuya ejecución están legalmente facultados, como si al hacerlo violaran la ley en vez de estar cumpliendo con su deber. Piden perdón por la osadía de meterse con las infalibles fuerzas del mercado. Y para tranquilizar su conciencia subrayan el hecho de que se trata de acciones temporales, con fecha límite”.

Pero luego agrega puntos que son a los que me quiero referir.

• Dice que, “El mercado es eficiente para generar riqueza pero no para distribuirla; para que el mercado funcione bien el Estado debe impedir prácticas monopólicas y abusos de los actores económicos” —la confusión no sólo del columnista, sino de muchos: que el gobierno evite actos de monopolio equivale a decir que deje libres los mercados y el columnista dice eso al mismo tiempo que no quiere mercados libres. Es una contradicción seria ya que las prácticas monopólicas son propias de la intervención estatal, no de los mercados libres.

En cuanto a que los mercados libres no distribuyen riqueza tiene razón —en un mercado libre no hay distribuciones ni redistribuciones. En él existen intercambios solamente, sin anular la posibilidad de donaciones. La riqueza se crea con los mercados libres y la pobreza es explicada por carecer de bienes por intercambiar o por obstáculos que lo impiden, especialmente por una regulación intervencionista.

• Luego que dice que, “la cultura del maíz hace a ese grano particularmente importante en nuestro país y es insensato que el Estado no intervenga con herramientas de planeación para evitar el desabasto o el acaparamiento y la especulación” —es la continuación de la confusión anterior: que el gobierno intervenga para evitar desabasto, acaparamiento y especulación son medidas tendientes a liberar los mercados, no a regularlos.

Un mercado libre es uno de fácil entrada y salida y eso tiende a evitar acaparamientos basados en poder concentrado. Y el mercado del maíz no es libre en México, sino intervenido y protegido de mercados libres exteriores.

• Agrega que, “Los panegiristas del laissez-faire dicen que, tarde o temprano, los mecanismos del mercado arreglan los desequilibrios y hacen que la economía funcione bien y que las personas vivan mejor. Suponiendo sin conceder que ese fuera el caso, ¿qué pasa con la gente pobre si el supuesto arreglo se da más tarde que temprano, o aun si el plazo “temprano” toma algunas semanas o meses? Los tiempos de ajuste son, a no dudarlo, un tema crucial”.

Son dos plazos los que distingue el columnista y eso es correcto. A la larga se sabe que los precios son avisos que facilitan la toma de decisiones para compradores y vendedores y eso actúa como un regulador de mercado. El problema que Basave plantea es real: el qué hacer de corto plazo con un bien considerado muy especial en México, ante lo que él reacciona planteando que debe actuarse abandonando la idea de un ajuste posterior libre.

Creo que es erróneo —más conveniente sería actuar por excepción sin abandonar el buen funcionamiento de largo plazo y plantear ayudas temporales: a la gente pobre en extremo y con acciones focalizadas y no con subsidios generalizados.

• Añade que, “Las leyes económicas no son leyes físicas y por ello no son exactas; son reglas del comportamiento humano que están sujetas a otras influencias de la psique y en consecuencia no deben ser tratadas con esa reverencia que raya en el fetichismo. Por Dios, si hemos desafiado exitosamente la ley de gravedad, ¿por qué no habríamos de encauzar eficientemente la ley de la oferta y la demanda?”

No son comentarios nuevos —ellos afirman que no puede establecerse una equivalencia entre leyes físicas exactas y las leyes económicas. Tienen razón, pues unas tratan de cosas y las otras de comportamientos humanos —las leyes económicas predicen resultados de ciertas acciones bajo ciertas circunstancias y ése es un conocimiento invaluable que no puede ignorarse.

El “desafiar a la ley de la gravedad” que argumenta el columnista es una comparación inválida —esa ley no se desafía, sino que se aprovecha para hacer volar aviones. No se ignora, ni se hace de lado, ni se niega, ni se desafía. Se aprovecha y capitaliza —y eso mismo puede hacerse con las leyes económicas, aprovecharlas para, por ejemplo, saber que un subsidio que baje el precio de un producto elevada la cantidad demandada, pero no estimulará la producción. Para por tanto reconocer que lo que se necesita es liberar el mercado y abrirlo a la competencia externa e interna

• Y recomienda que “Al mercado no hay que sustituirlo pero sí hay que compensarlo. El Estado debe garantizar igualdad de oportunidades y un mínimo de bienestar para todos, y no puede alcanzar esos objetivos a manguerazos. Su trabajo debe ser permanente, tanto en el ámbito del desarrollo social en su connotación de más largo plazo como en el ámbito asistencial, del que no puede prescindir ni por unos cuantos días un país con tantas carencias y rezagos como México”.

Ése es el problema de ésta y muchas otras personas —lo que el columnista señala como “compensar” al mercado sin sustituirlo, ¨garantizando” igualdad de oportunidades y bienestar mínimo para todos. El problema es uno de vaguedad e indefinición en lo que debe hacerse, pero con muy específicas críticas, lo que supone una hipótesis irreal, la de que la intervención gubernamental no tiene defectos y ofrece garantías.

Es de notar que el columnista supone que esa intervención puede garantizar oportunidades y mínimos de bienestar para todos —porque es precisamente eso lo que México ha tenido durante décadas, intervencionismo estatal, lo que el columnista pasa por alto ignorando que lo que él solicita es precisamente el origen del problema del que se queja.


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