Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Llanero Solitario
Selección de ContraPeso.info
21 abril 2007
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta un texto sobre Manuel Ayau, a quien se agradece el permiso de reproducción.

Una de las lecciones más importantes que deberíamos haber aprendido en América Latina, es cómo nuestros sistemas autócratas y mercantilistas hicieron del siglo XX, el llamado siglo perdido. Sin embargo, hay pensadores que se refieren a “los siglos perdidos” pues, en su opinión, desde que los países latinoamericanos lograron su independencia de España, iniciaron un torbellino de errores en la conducción de sus políticas que nos sitúan como una de las regiones del vergonzoso tercer mundo.

Uno de los participantes más activos en este proceso, ha sido el que los autores Apuyelo, Vargas Llosa y Montaner bautizaron como el perfecto idiota latinoamericano. Este venerado sujeto no es producto de la generación espontánea, sino de una larga gestación que tiene casi dos siglos de historia.

Todo se inició cuando las colonias hispanoamericanas rompieron los lazos que las unían a Madrid, y enseguida los padres de la patria formularon la pregunta: ¿por qué a nuestras republicas—que de inmediato entraron en un período de caos y empobrecimiento—les va peor que a los vecinos norteamericanos? Las que en esos momentos eran solo trece pequeñas colonias.

Ya en 1815 Simón Bolívar había hecho una predicción:

“En tanto que nuestros compatriotas no adquieran los talentos y las virtudes políticas que distinguen a nuestros hermanos del norte, los sistemas populistas, lejos de sernos favorables, serán nuestra ruina permanente. Desgraciadamente estas cualidades parecen estar muy distantes de nosotros; por el contrario, estamos dominados de los vicios que se contraen bajo la dirección de una nación como la española, que solo ha sobresalido por su fiereza, ambición, venganza y codicia.”

Ante la consumación de la independencia de nuestra América Latina, se inició la lucha entre los conservadores españolistas católicos que pretendían construir países a la imagen y semejanza de la madre patria, y los liberales enemigos de la tradición heredada de una España inflexible, oscurantista y dictatorial, agravada por la mala influencia del catolicismo conservador cómplice de aquellos revueltos tiempos.

Este movimiento liberal del siglo XIX fue encabezado por dos grandes pensadores: Francisco Bilbao y Domingo Faustino Sarmiento, quienes sustentaban la tesis de construir una América Latina a imagen y semejanza de la nueva nación anglosajona.

En México ese enfrentamiento fue especialmente sangriento. Las luchas entre liberales y conservadores nos hicieron perder todo el siglo XIX y, más trágico, la mitad de nuestro territorio. El triunfo de Juárez no hizo mas que cambiar el tono de la batalla. Ahora era por el poder y entre los mismos liberales y así nació la dictadura de Porfirio Díaz.

Sin embargo, en 1900 el uruguayo Enrique Rodó publicaría un libro que cambiaría de forma explosiva el entorno de la época, Ariel. ¿Qué fue lo que logró la publicación? Tres cosas: convencer de la superioridad de la cultura humanista latina frente al pragmatismo anglosajón; el fin de la influencia positivista comtiana en América Latina, y el rechazo al antiespañolismo de Sarmiento. Había que asumir la herencia y el legado de España: nuestra suerte estaba echada.

La roca que dejó caer Rodó en el lago latinoamericano produjo dos vertientes; La primera le dio vida al nacionalismo agrario inspirado en la revolución mexicana. La segunda, la aparición del marxismo como influencia muy directa en nuestros pensadores.

De la revolución mexicana quedó la mitología de Pancho Villa, y la también sugerente reivindicación agrarista cuajada en torno a la  figura de Emiliano Zapata. Quedó asimismo la Constitución de 1917, con su fractura del orden liberal creado en siglo XIX, y el surgimiento del compromiso por parte del estado de importar felicidad y prosperidad para todos los ciudadanos mediante la “justa repartición de la riqueza.”

El proyecto liberal de América Latina moría al nacer. A partir de esos momentos, esas dos vertientes dominaron el espectro político de nuestra región. El marxismo, aunque Fidel Castro sin éxito trató de implantar en todas las naciones, tuvo sus coqueteos en Chile, Nicaragua y enraizó en Cuba. El estatismo, mercantilismo y nacionalismo agrario se asentó en el resto del continente provocando que se perdiera el siglo.

Pero cuando pensábamos ver la luz a final del túnel, emergen de nuevo los perfectos idiotas encabezados por Hugo Chávez quien ha ya reclutado a Evo Morales en Bolivia, Kirschner en Argentina, Correa en Ecuador, Daniel Ortega en Nicaragua y a los perredistas mexicanos. El avance de la agenda marxista de Chávez, no es algo para tomarlo a la ligera y tal vez por ello Vargas Llosa, Apuyelo y Montaner, lanzan la nueva versión de su Manual del Perfecto Idiota Latino Americano corregido y aumentado.

Cuando la misma España se identifica como una de las naciones más liberales y prósperas de Europa, el cavernícola Chávez, embriagado con el dinero del petróleo, pretende revivir un Bolivarismo revuelto con Fidelismo para toda la región.

Sin embargo, en todos estos años se ha escuchado una solitaria voz en un pequeño país centroamericano. La voz del Dr. Manuel Ayau en Guatemala predicando el evangelio de la libertad. Don Manuel, inclusive, fundó la única Universidad liberal del mundo: la Universidad Francisco Marroquín misma que se ha convertido en templo de los clásicos valores liberales como competencia, respeto a los derechos de propiedad, mercados libres, igualdad ante la ley y gobierno limitado. [véase el ideario de la universidad]

En una región en la que se fundieron las guerrillas marxistas, los teólogos de la liberación y los gorilas “derechistas,” Don Manuel Ayau ha surgido como el apóstol de la libertad en esta ultrajada América Latina.

En su cruzada el Dr. Ayau se ha hecho de enemigos poderosos en ambos lados del espectro político; la izquierda fundamentalista, y la derecha acomodaticia. En la derecha es inclusive más odiado por su cruzada pro libre comercio lo que ha provocado la ira de los oligarcas guatemaltecos. Don Manuel cree en el sistema fiscal de un solo impuesto, condena los sistemas educativos del gobierno, afirma que legislación laboral proteccionista arruina el empleo y reparte pobreza.

Pienso que si cada país Latinoamericano contara con su propio Manuel Ayau, nuestro horizonte luciría muy diferente y no tendríamos oleadas de gentes esperando cruzar la frontera del país que tanto odiamos. Tengo el honor de conocer a Don Manuel y el único mensaje que tengo para él sería: “No se preocupe Don Manuel, si los perros ladran, es que vamos llegando a nuestro destino.”

NOTA DEL EDITOR

En el ideario de esa universidad, se establece una clara definición de la libertad de enseñanza:

Entendemos por “libertad académica” el derecho que tiene cualquier persona o grupo de personas de enseñar alguna disciplina de su competencia.

Ello significa que la Universidad Francisco Marroquín tiene derecho de decidir el contenido de los cursos según sea lo que la Universidad considera verdadero, falso, útil o inatingente y que se pueda enseñar dentro del tiempo de que dispone un estudiante para concluir su carrera.

Al igual que en cualquier otra institución privada, los profesores a quienes la Universidad les ha delegado o confiado tan delicada tarea gozan de la confianza de las autoridades, pues sus puntos de vista docentes y académicos son afines a los de la institución y los contenidos de los cursos que enseñan tienen su aprobación.

La autoridad máxima de la Universidad, el Comité de Fiduciarios, ocasionalmente califica la idoneidad de su personal para establecer si aquello que la Universidad en ejercicio de su libertad académica enseña como institución, corresponde a lo que desea ofrecer a los estudiantes que libremente acuden a ella.

Por su parte, los profesores gozan de la libertad de enseñar o no lo que se les pide. Si un profesor acepta hacerlo, entonces se incorpora al claustro de la institución.

La Universidad Francisco Marroquín reconoce la libertad académica de sus profesores para enseñar aquello que no esté de acuerdo con su Ideario o con las directrices que emanan de sus autoridades, siempre que lo hagan fuera de la Universidad y del tiempo que es remunerado con sus recursos.


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