Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Molde Triste
Leonardo Girondella Mora
28 septiembre 2007
Sección: ESCUELAS, Sección: Análisis
Catalogado en: ,


Es un intelectual que da la impresión de ser multisusos —lo encuentro presente en cuanto evento o suceso requiere satisfacer la necesidad de un intelectual que haga algo. Carlos Monsiváis es sin duda talentoso y poseedor de una cultura que cautiva, además de un escritor ameno y a veces hasta divertido.

El pasado 23 de septiembre, Grupo Reforma publicó una de sus columnas, la titulada “Privatizar para Perfeccionar la Ignorancia” —en la que Monsiváis critica recientes observaciones de la OCDE sobre la educación en México. Lo más importante de esa columna no es ni las observaciones de la OCDE ni las críticas que a ellas hace Monsiváis.

Lo que más me llama la atención es lo que está en el fondo de la columna y que pretenderé demostrar en el siguiente análisis —el intelectual mexicano posee una visión del mundo sustentada en un molde preconcebido y simple, el de la enemistad, la lucha y el odio: un punto de vista nada constructivo y que fomentará la creación de una sociedad dividida entre los dos bandos contrarios que da por reales, y con capacidad para explicar todo lo que sucede en este país y en el mundo.

Es un papel triste a jugar por un intelectual.

Lo siguiente es un análisis que intenta probar mi afirmación y en el que los subrayados son míos para ayudar a hacer claro el punto.

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La  columna contiene dos elementos: un recuento de las críticas y opiniones de la OCDE a la educación mexicana y una serie de comentarios del propio autor que contradicen lo dicho por ese organismo —el tema es relevante, pero no constituye el objeto de mi análisis, que pone atención en el punto de partida del autor: su creencia en la lucha de clases y que es abierta en la última parte de su columna:

…lo innegable: tras el menosprecio frenético de las escuelas públicas se levanta otro capítulo de la lucha de clases…, y esto se agrava en los sectores indígenas y, en general, en la aplicación del presupuesto… El neoliberalismo exige países competitivos nada más atentos a la productividad, y le da igual… la capacidad educativa de los sectores populares.

Bastaría lo anterior para probar que el autor tiene como punto de arranque de sus opiniones a la lucha de clases, un concepto marxista que establece el antagonismo esencial entre grupos y cuya solución sólo puede darse con el sometimiento de uno al otro.

Cometiendo ese error en su punto de partida, es obvio que esa mentalidad necesita un enemigo —sin el que toda la idea cae por tierra y, por consiguiente, lo crea: es el neoliberalismo al que atribuye la cualidad de despreciar la educación de los sectores populares, ese otro segmento que en la mente del autor es la víctima.

La mentalidad de Monsiváis es como un molde con una cierta forma predeterminada y en el que él pretende acomodar la realidad reformándola para forzarla a su forma de pensar.

Al reformar la realidad, la transforma tanto que ya no es realidad, sino una invención suya: en la sociedad hay dos grupos, uno bueno y otro malo, egoístas contra altruistas, villanos contra víctimas. Si ya ha definido como víctimas a los indígenas y a las clases populares, entonces crea ese enemigo en el que fuerza la cabida de todos los males —con lo que hace imposible un análisis serio que admita la posibilidad de razonar.

Para Monsiváis, la razón no existe —todo es una conflagración irremediable en el que uno de los bandos contiene todos los reclamos legítimos sin necesidad de demostrarlos o examinarlos. Su posición es exactamente la opuesta a la que un intelectual debería tener.

Antes de esa cita, otras palabras del autor apoyan la conclusión de mi análisis —escribe que,

Casi hasta los últimos años del siglo 20, la derecha quiere desacreditar la capacidad formativa de la escuela pública y para ello difama la educación laica… al unificarse la perspectiva ideológica de las clases gobernantes, en el proceso que culmina con la adopción del neoliberalismo, se desata el ataque frontal a la educación pública, que es según sus detractores… el refugio de los que no pueden ir a otra parte, el hacinadero de los carentes de acceso a la alta tecnología y a los compañeros de aulas que serán poderosos porque sus padres ya lo son.

La mentalidad es la misma, la del enfrentamiento —pero hay elementos adicionales que deben señalarse: la derecha es abiertamente mencionada, claramente en oposición a la izquierda: otra forma de expresar a la lucha de clases.

También se menciona a la ideología, la serie de creencias que tiene cada uno de los grupos en colisión, y que es producto de su posición; una manera de pensar inevitable que lleva a la derecha a considerar negativamente a la educación pública, ese “hacinadero” —lenguaje interesante, que sustituye a las pruebas y razonamientos con un lenguaje metafórico.

Para criticar a la propuesta de privatización de la universidades, Monsiváis ofrece un argumento débil y lleno de clisés. Al neoliberalismo le

Da igual que la educación pública se componga de nacidos para perder, lo intolerable es que la educación media y superior no se haya convertido todavía en una zona de ganancia empresarial. Si no hay instrucción moral, allá su infierno populista, pero que haya quienes estudien sin pagar eso rebasa la paciencia de la macroeconomía. A la OCDE ni siquiera le preocupa que la inmensa mayoría no pueda pagar. ¿Para qué nacieron si no tenían crédito?, podrían decir con lógica parecida a la metáfora de las coladeras.

La última parte es notable: efectivamente, la metáfora es su forma de razonar reduciendo todo a los clisés que él mismo inventa para su enemigo. Lo único que mueve a la derecha es el lucro y esa es la razón por la que quiere que las universidades se privaticen y en ellas, además, se incluyan clases de moral. Y como según él la macroeconomía también es la derecha, entonces hay que añadir ese elemento melodramático de “nacer sin crédito”.

De nuevo ese molde mental prehecho, el de la lucha de clases, al que hay que forzar la realidad para entenderla con un prediseño simplista: los buenos contra los malos, los de arriba contra los de abajo.

Si la realidad no se acomoda hay que forzarla —todo lo que lo contradiga es malo: si alguien privado quiere abrir una universidad o una escuela, la explicación total de su conducta es la de perseguir el lucro, la de enseñar moral, la de ser macroeconómico, la del ataque a sus enemigos.

Otro párrafo muestra este mundo dividido en dos —el molde mental de Monsiváis en el que todo debe caber. Escribe que,

Se da por sentado: enseñanza pública (y laica) es la propia de los “nacidos para perder”, de los que nunca tendrán acceso a los estímulos del desarrollo… Esta operación contra la educación pública pretende no destruirla del todo… sino alabar lo rentable y, de paso, atestiguar la suerte atroz de la gleba, del populacho

Es de notar explícitamente el empleo de palabras insultantes, que rebelan desprecio, el que el autor presupone que sienten los de arriba por los de abajo —pero aún más notable es la presuposición que contiene la frase “operación contra la educación pública” y que por necesidad lógica del molde usado entiende que toda crítica a la educación pública y toda propuesta de solución puede ser una agresión, embestida y ofensiva. No es precisamente una postura de apertura a la discusión razonada.

Más tarde dice que,

Son innegables las limitaciones de la educación pública, como las de la privada, pero en el caso de la primera los dicterios de la élite no provienen de la observación y el análisis sino de la certidumbre: fuera de los centros educativos de la élite aparece el abismo.

Otra vez el lenguaje muestra la limitación del molde en el que todo debe acomodarse —“dicterios de la élite” es una frase que confirma ese pensar bipolar: quienes afirman lo contrario que yo son enemigos en mi mundo seccionado en dos bandos. Sí es posible que haya elitismo, que haya malas propuestas, pero también que no haya ninguna de las dos cosas. La habilidad de análisis del columnista es en extremo pobre.

La mente del molde preconcebido, necesariamente, ve las cosas añadiendo un elemento importante: lo que está en contra de lo predefinido como bueno, debe ser un ataque, una campaña del enemigo, como por ejemplo en este párrafo:

No aludo aquí a la calidad de la educación pública y privada, sino a la campaña de desprestigio intenso contra los universitarios que no pagan por la formación que reciben. Si bien con la UNAM las calumnias se han desbaratado, en el caso de la educación elemental se ha implantado la especie: ventaja de clase es destino. Inmorales porque no reciben enseñanza religiosa; fracasados porque viven la educación pública.

Mi intención ha sido mostrar un caso claro de una mente sin duda brillante que se desperdicia usando ese molde preconcebido, el de la lucha de clases, y que utiliza para explicar todo.

Sería consistente que esto que he escrito sea interpretado por una mente así como parte de la campaña de la elite para desprestigiarlo —esa elite que busca ante todo el lucro y considera a los demás como plebe.

Al principio dije que me parece triste el papel que juega este intelectual —su responsabilidad ante el resto es el de mostrar caminos en el uso de la razón, no insistir en un molde mental que deja mucho que desear.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información  para lectores que buscan explicaciones.





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