Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Alarma Más
Eduardo García Gaspar
7 febrero 2007
Sección: ECOLOGIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Nos agradan los cuentos de terror. Nos fascinan los avisos de terribles catástrofes. Somos humanos, dados a las exageraciones. Por eso debemos tomar a las cosas con un saludable escepticismo. No el cinismo de ése quien en nada cree. Sino con la duda del que no todo lo cree. Porque al fin, hasta ahora ninguno de los avisos del fin del mundo ha tenido la razón.

Fueron los que pensaron que en el año mil todo se acabaría, igual que en el 2000. Fueron los que dijeron que la población crecía más que los alimentos. Los que decían que no habría espacio en el mundo para todos.

Los que decían que venía una nueva era de hielo. Ahora son los que predicen que la tierra se calienta. Le digo, nos gusta alarmarnos.

A fuerza de escuchar alarmas falsas uno acaba siendo un escéptico saludable, especialmente cuando hay varias señales que amplifican las dudas. Una de ellas es Al Gore metido en estas lides. Otra es la ferviente creencia del calentamiento convertida en dogma. No es para negarlo. Pero sí es para dudarlo. No soy el único. Existe el Panel Intergubernamental del Cambio Climático que dice que sí hay calentamiento.

Pero también está la Coalición de la Sociedad Civil sobre Cambio Climático, que “busca ofrecer un enfoque más racional al tema, basado en evaluaciones independientes para influir en las políticas públicas”.

Dice esta coalición que “busca educar al público en temas del cambio climático de una manera imparcial. Fue establecido como respuesta a los muchos y tendenciosos reclamos alarmistas sobre el cambio climático inducido por el ser humano, que son usados para justificar la acción gubernamental”.

Allí hay gente de Dinamarca, China, EEUU, Canadá, Perú, Paquistán. Argentina, Rusia… más de 25 países, tratando de incorporar objetividad al tema. No se trata de negarlo, se trata de no convertirlo en creencia absoluta, porque no lo es. Y es que la cosa es curiosa, porque muchos de los que toman al calentamiento como dogma inapelable son quienes critican a otros por sus dogmatismos religiosos.

No pretendo convencer a nadie de que debemos dudar de esos reclamos y proyecciones de temperaturas. La fuerza de las campañas de relaciones públicas que se usan son demasiado fuertes para mi tamaño. No puedo competir con la noticia de que apagaron la Torre Eiffel cinco minutos. Pero sí puedo compartir mis creencias. Lo que sé sin duda alguna es que hasta ahora ninguno de los escenarios apocalípticos ha tenido razón.

También sé que cada uno de esos escenarios de fin del mundo presentaba pruebas irrefutables de su predicción, como la del crecimiento geométrico de la población. También sé que las relaciones públicas y las acciones de propaganda son una buena herramienta para ocultar las fallas de análisis. También, sospecho de las cosas que son creídas por todos, especialmente cuando quienes muestran opiniones opuestas son ignorados.

Sospecho cuando noticieros y periodistas toman como dado un hecho y más sospecha me causa el abanderamiento político de las causas. Está en mi naturaleza ese escepticismo saludable que busca explicaciones de sentido común. Y ante las dos explicaciones me inclino por la del calentamiento como un efecto natural, quizá cíclico, más que creado por los humanos. El tema es científico, no es político ni de opinión pública.

Sabemos de calentamientos previos en el año 800 y a principios de este siglo, sabemos de la influencia variable del sol. Sabemos muchas otras cosas que arrojan serias dudas sobre la aceptación de una hipótesis que quiere hacerse irrefutable por decreto y relaciones públicas. Y me causa temor el fanatismo. Prefiero las pruebas científicas y los razonamientos abstractos a las encuestas de opinión y las acciones de propaganda.

En los años 70 en México la bolsa de valores fue un tema del que hablaban hasta los taxistas como una forma de hacer dinero fácil. Un amigo me dijo que cuando cosas como ésas pasan era tiempo de salir de la bolsa con urgencia. Quizá algo así suceda ahora. Cuando todos hablan del calentamiento eso se debe a coberturas noticiosas masivas, pero no a pruebas contundentes.

Sé que estas opiniones serán vistas como sacrílegas y eso, para mí es no otra prueba, pero sí una indicacción de mi tesis: lo que gratuitamente se afirma por sí mismo se niega. Es decir,  opto por más Sócrates y menos propaganda.

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POST SCRIPTUM

• En Grupo Reforma, el 4 de febrero, Nasif Nahle. investigador en biología, escribió:

De 1910 a 1940 ocurrió un calentamiento… En el año 800 de nuestra era, la temperatura osciló hasta 0.62 grados centígrados. A ese periodo se le denominó Calentamiento Global Medieval… Hace 300 millones de años, el CO2 no pasaba de 360 ppmv y los aumentos en la temperatura global eran de diez grados centígrados… Quinientos científicos en Davos, Suiza, informaron que el calentamiento global ha sido de 0.74 grados; pero dedujeron mal… Ese cálculo no tiene validez porque consideraron como temperatura estándar a la mínima ocurrida durante un periodo frío del Planeta, no a la temperatura estándar actual, sino a la de hace 1050 años. El brillo del Sol ha estado aumentando desde 1611. Los ciclos son amplios y cada uno persiste por aproximadamente 100 años….Si nuestro Sol no estuviese emitiendo más radiación y si nuestro Sistema Solar no estuviera atravesando una nube de radiación cósmica interestelar, nuestro planeta y otros planetas más no estuvieran calentándose… La observación de la naturaleza y la experimentación señalan que el calentamiento global es un fenómeno natural. Los seres humanos ya lo hemos superado antes y lo haremos otra vez si nos preparamos adecuadamente.

• En el WSJ, un editorial del 5 de febrero dijo que,

Last week’s headlines about the United Nations’ latest report on global warming were typically breathless, predicting doom and human damnation like the most fervent religious evangelical… The document that caused such a stir was only a short policy report, a summary of the full scientific report due in May. Written mainly by policymakers (not scientists) who have a stake in the issue, the summary was long on dire predictions… It’s worth noting that many of the policymakers who tinker with the IPCC reports work for governments that have promoted climate fears as a way of justifying carbon-restriction policies. More skeptical scientists are routinely vetoed from contributing to the panel’s work”.


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