Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Cuestión de Creencias
Eduardo García Gaspar
23 julio 2007
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Un gran tema, muy serio: la semana pasada la Arquidiócesis de Los Angeles llegó a un acuerdo extra judicial para un pago de 660 millones de dólares a 508 presuntas víctimas de abuso sexual por parte de sacerdotes.

Roger Mahoney, cardenal, dio un mensaje de reconocimiento y solicitud de perdón. Es uno de varios pagos, unos 2 mil millones.

Esto es en verdad grave. Quien realiza una acción así a un menor merece un severo castigo, más aún, si es sacerdote, sea de la iglesia que sea. Ellos no están por encima de las leyes. Igualmente, deben ser penalizados quienes encubrieron los hechos, si lo hicieron con conocimiento e intención.

¿Dañan esos hechos a la Iglesia Católica? Sin duda alguna.

¿Son esos hechos capaces de debilitar mi fe católica? No, definitivamente no. Por una razón, los actos cometidos por esos curas van en contra misma de los mandamientos y creencias de esa iglesia. Los sacerdotes los desobedecieron y son pecadores ante Dios, igual que culpables ante las leyes.

Eso ayuda a entender que al final, las iglesias están manejadas por hombres y que ellos tienen fallas. Ésta es una falta enorme y no ha sido la primera. ¿Es esto una falla esencial del catolicismo? No, pero sí es una tremenda de algunos de sus miembros, una minoría, lo que no altera su gravedad.

Con esto trato de separar dos cosas diferentes, a las enseñanzas católicas de las prácticas de la jerarquía. Ambas me inspiran respeto, pero entiendo que los humanos somos imperfectos, lo que incluye a los consagrados de todas las religiones.

Otra de las derivaciones de esta situación es la consideración obvia, es decir, poner sobre la mesa la pregunta natural. ¿No será el abuso sexual a menores consecuencia de la condición de celibato?

Es una pregunta razonable. Según algunos, la admisión del matrimonio para los sacerdotes resolvería el problema. Pero es una solución muy poco sustentable.

Se admite que los curas involucrados son una minoría muy pequeña y esa solución que se plantea es aplicable a todos, incluso para los sacerdotes más ejemplares y que son la gran mayoría. No tiene lógica. La solución debe ser más sutil, dirigida al problema concreto e implica dos aspectos.

  • Uno de ellos es el de la labor de supervisión interna: si acaso se presentara un caso de ese tipo, debe ser atendido de inmediato con prioridad por parte de la jerarquía.
  • Y, segundo, un proceso más estricto de selección y preparación.

Además, si el remedio fuese el admitir el matrimonio de los sacerdotes, eso significaría que en otras comunidades donde las personas fueran casadas, serían menores los abusos sexuales. Escuché a una persona especular esto: es posible que entre la comunidad académica el índice de abusos de ese tipo sea mayor y, sin embargo, la mayoría de los maestros son casados o al menos no privados esa libertad. Hay dosis de verdad en ello.

Pero mi punto es simple: esos sucesos y su gravedad enorme pueden oscurecer la habilidad para determinar el problema y sus soluciones. El coraje y la rabia que en lo personal siento contra esos sacerdotes no puede cegarme ante otras cosas. No puede enviarme a una reprobación universal de esa iglesia, ni a la propuesta de soluciones primitivas.

Sigo creyendo siendo devoto de esa iglesia y no me da miedo decirlo, aunque sí me avergüenzo de que algo como eso haya sucedido por culpa de quienes traicionaron su representación divina. Las palabras de Cristo mismo están en contra de lo que sucedió: se cometieron pecados inmensos. Ya tendrán su castigo según los juzgue Dios. En este mundo, por otra parte, no hay otra opción que la de ser sujetos de la aplicación de las leyes.

Me da también una mala sensación el que esto sea aprovechado por los opositores a mi iglesia. Muchas críticas no tienen sentido y revelan odio más que razón. Pero otras están en lo cierto. Yo me inclino a ver esto como la manifestación, quizá, de una crisis de fe o de fidelidad, y que afecta a la iglesia misma. O sea, una pérdida del sentido de vocación.

Si mi fe estuviera sustentada en un libro de historia del papado, estaría en problemas serios. Pero está sustentada en las escrituras que ven a esos sacerdotes como pecadores, y eso al menos mantiene mi fe. Esos curas, al final de cuentas, no vivieron de acuerdo a los principios de su iglesia.

POST SCRIPTUM

• Un extraordinario libro al respecto es el de Weigel, George (2002). The Courage To Be Catholic : Crisis, Reform, And The Future Of The Church. New York. Basic Books. 0465092608. Mucho más profundo, serio y crítico que las opiniones que suelen escucharse.

Una de las piezas de información que contiene es la de señalar que según investigaciones, entre el 1.6 y el 2% de los sacerdotes han cometido faltas de ese tipo; estas cifras son inferiores a las de la población general; de acuerdo con esto, la propuesta de admitir el matrimonio de los sacerdotes resulta absolutamente contraproducente.

La propuesta de quitar el voto de castidad de los sacerdotes me parece extraordinariamente primitiva. Las cifras anteriores la contradicen totalmente, pero además, dejan de reconocer que la inmensa mayoría de los sacerdotes pueden llevar ese voto de consagración sin problemas, como un ejercicio de su libertad.

Weigel dice que culpar al celibato por el problema de abusos sexuales es igual a culpar al matrimonio por el problema de infidelidad; o culpar a las leyes por la existencia de robos.

Otro elemento que señala es la tendencia de muchos en la jerarquía católica para verse como administradores y no como evangelizadores, lo que les hace perder su misión central.

• Carolina López (El Norte, 28 julio), añade información:

El profesor de Historia y Estudios Religiosos Philip Jenkins, de la Pennsylvania State University, realizó una investigación en los últimos 20 años que indica que no hay evidencia alguna de que clérigos católicos célibes sean más propensos a involucrarse en un comportamiento impropio o de abuso sexual que el clérigo de cualquier otra denominación religiosa, o que no-clérigos…. “Una diócesis anglicana (episcopal) canadiense estuvo en el año 2002 al borde de la bancarrota como el resultado de masivas demandas causadas por décadas de abuso sistemático. Sin embargo, la iglesia anglicana no exige el celibato a su clero”, afirma el autor… Otra investigación seria y profunda la realizó la Arquidiócesis de Chicago en la década de los 90. El estudio examinó a todos los sacerdotes que habían servido en la Arquidiócesis en los previos 40 años, unos 2 mil 200 individuos. En el estudio se halló que alrededor de 40 sacerdotes, o sea 1.8 por ciento total, eran probablemente culpables de conducta inapropiada con menores en algún momento de sus carreras. Puesto en otra forma, no existía evidencia contra el 98 por ciento del clero parroquial, la abrumadora mayoría del grupo.


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