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Una Cuestión de Lógica
Selección de ContraPeso.info
20 enero 2007
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta un texto de Alberto Mansueti, a quien agradecemos el gentil permiso de reproducción. El tema de Mansueti es Latinoamérica y el neoliberalismo, lo que le lleva a negar que los regímenes llamados liberales en la región lo hayan sido en realidad.

La larga noche del neoliberalismo ha terminado”, sentenció Rafael Correa, discípulo de Hugo Chávez y presidente del Ecuador.

Tiene razón.

¿Qué es el liberalismo?

Nada de liberal tiene el mal llamado neoliberalismo de los años 90, liderado en América latina por caudillos muy poco o nada liberales como el priísta Carlos Salinas en México; el peronista Carlos Menem en Argentina; el populista Alberto Fujimori en Perú; el adeísta (demócrata socialista) Carlos Andrés Pérez en Venezuela; y todos sus pares ideológicos y políticos en otros países.

Estos presidentes no retiraron masivamente a los gobiernos de todas sus funciones impropias como educación, deporte, medicina, bellas artes y ciencias, medios informativos, etc.; y por eso no redujeron masivamente el gasto estatal ni las cargas fiscales, que por el contrario aumentaron.

Tampoco eliminaron sino que incrementaron las regulaciones -disfrazadas de leyes-; y no privatizaron para capitalizar a la gente sino para allegarle aún más dinero el estado. Y en el comercio exterior practicaron un intervencionismo de nuevo cuño, con privilegios ahora para las empresas exportadoras y no ya para las sustitutivas de importaciones como recetaba la antigua ortodoxia cepalista.

¿Qué tiene esto de liberal? El neoliberalismo es un estatismo sofisticado. Término tan desafortunado fue acuñado originalmente en los 50 por los políticos alemanes del llamado milagro”de la República Federal. Y en Latinoamérica las izquierdas lo emplean ahora como insulto; aunque no obstante sirve para describir las políticas de mercado fracasadas de los 90. Ese fracaso es responsable del nuevo giro a la izquierda de América Latina.

¿Y el liberalismo social?

Es la socialdemocracia de unos partidos mal llamados “liberales” -y agrupados en la Internacional mal llamada Liberal- p. ej. de Nicaragua y otros países, que pretenden competir con las izquierdas adoptando posiciones de izquierda.

Socialistas practicantes y no practicantes

Se nos dice que hay dos socialismos: el malo (se supone antiguo y autoritario) tipo Castro y Chávez, y el bueno (se supone moderno y democrático) tipo Lula y Bachelet. No es así; lo que hay son socialistas practicantes y no practicantes, que los hay, como también hay católicos practicantes y no practicantes.

Los socialistas practicantes -Castro y Chávez- ponen por obra el socialismo, con los resultados conocidos; en cambio los no practicantes permiten cierto grado de respiro a la economía, a los empresarios e inversionistas, y cierto nivel de vida a las gentes, en tanto no aplican las políticas y medidas socialistas.

Por eso a diferencia del catolicismo, en el socialismo es obviamente mejor el socialista no practicante que el otro. Pero si el socialismo es malo cuando se aplica y bueno cuando no se aplica, ¿no es esa la más rotunda y fehaciente prueba en su contra?

No hay socialismo bueno; hay quien aplica el socialismo, y quien lo deja en suspenso, como bomba de tiempo, sin agravar los males existentes, pero sin darles el remedio apropiado: el capitalismo liberal. Así entonces en cualquier momento surge un socialista practicante, que levanta la suspensión al socialismo y lo aplica, como Chávez en Venezuela, y Correa en Ecuador. ¡Y la bomba explota!

Una cuestión de lógica

Latinoamérica ha girado otra vez a la izquierda; aunque ahora es la nueva izquierda ecofemilitarindigenista, New Age, posmoderna y políticamente correcta comandada por Hugo Chávez. Eso es accidental: en lo sustancial la izquierda es siempre la misma; pero sus nuevas vestiduras le sirven para avanzar y ganar elecciones. ¿Por qué otro giro a la izquierda? Por una simple cuestión de lógica.

1) A la nueva izquierda la enfrentan dos alternativas incapaces: la vieja derecha y la vieja izquierda.

— La vieja derecha se hace neoliberal, o sigue como siempre abrazada al proteccionismo mercantilista tradicional del nacionalismo económico. Pero siempre dispuesta a adoptar cuantas medidas y programas sociales crea necesario para competir electoralmente con las izquierdas; o para pactar con ellas, siendo estas medidas digeribles y conciliables hasta con el neoliberalismo. Sin embargo la vieja derecha no va a adoptar un programa pro capitalismo de libre mercado; eso jamás.

— La vieja izquierda se resiste a transformarse en la nueva izquierda chavista, e insiste en el viejo socialismo democrático (o cristiano). Pero para competir o para pactar electoralmente con la vieja derecha está dispuesta a adoptar políticas neoliberales, aunque con mala conciencia y sin dar explicaciones. Sin embargo la vieja izquierda tampoco va a adoptar un programa pro capitalismo de libre mercado; eso jamás.

2) No hay por ahora una nueva derecha que levante orgullosa las tres banderas del capitalismo liberal: gobiernos limitados; mercados libres; instituciones privadas separadas del estado. Ni que las explique, sobre todo a los más pobres.

— Las viejas derecha e izquierda se ubican ambas en el centro, en pro de la tercera vía, que es la economía mixta de siempre, mezcla de mercantilista y socialista -mitad y mitad aproximadamente-, pero siempre colectivista y estatista. Y así entre las dos le pasan al votante latinoamericano el siguiente mensaje: “El capitalismo es malo. En todo caso, hay que mezclarlo con un poco de socialismo para que resulte; pero no demasiado.”

— Y de ese mensaje el elector -sobre todo si es pobre- saca esta conclusión: “Si el capitalismo es malo, entonces no quiero nada; ni la mitad. Y si el socialismo es bueno, entonces lo quiero todo; ¿por qué la mitad? Además mi situación es muy crítica, necesito una cura radical.” Y entonces vota masivamente por Hugo Chávez, Evo Morales, Ollanta Humala, AMLO y Rafael Correa. O Cristina Kirchner.

3) Y lo peor es que la Vieja Derecha y la Vieja Izquierda, cuando pierden las elecciones -o la calle- no aciertan a proponer un claro programa pro capitalismo de libre mercado, y son una oposición puramente “anti” y negativa.

— La vieja derecha le repite una y otra vez al elector que “El socialismo es malo; malísimo.” Pero no le dice: “El capitalismo es bueno”. Y entonces el público -sobre todo el pobre- se pregunta: “Pero si el socialismo es malo ¿por qué ustedes me ofrecen la mitad?”

— La vieja izquierda le dice al público: “El capitalismo es malo siempre; en cambio el socialismo es bueno cuando es por la mitad, y malo cuando es completo.” A lo que responde el público -y sobre todo el pobre-: “Por la mitad será malo para ti que estás lleno; pero yo estoy vacío, no tengo nada, así que, ¡venga completo!”

Liberalismo Clásico

El verdadero. El que propone la única salida real: capitalismo liberal. En América latina el liberalismo clásico es desconocido.

* En la enseñanza está prohibido.

* En la política está ausente; y pasa por liberalismo mucho de lo que es su antítesis, lo cual confunde.

* En los medios informativos, capitalismo es sinónimo de egoísmo insensible, materialismo y cruel explotación: la izquierda es moral, y la moral es de izquierdas.

* En las artes, espectáculos y entretenimientos, todo lo que suene a liberal es deformado, difamado y escarnecido. Capitalismo es palabra obscena.

* En los negocios, los empresarios se confunden con la supuesta responsabilidad social empresarial, actuando contra sus reales y legítimos intereses, y los del público.

* En las iglesias, los clérigos confunden a los rebaños cuando predican insistente y tercamente las consignas socialistas contra la doctrina indudablemente bíblica del gobierno limitado.

La Salida

La Conferencia Liberal Hispanoamericana (CLH) propone un programa en base a las tres libertades fundamentales del liberalismo clásico: política, económica, y moral-intelectual. Las cuales se sostienen respectivamente con los tres pilares del capitalismo liberal: gobierno limitado, mercados libres, e instituciones privadas separadas del estado.

Los derechos que encarnan estos valores y principios son desconocidos entre nosotros. La CLH propone que se den a conocer al público, y sean inscritos y garantizados en las constituciones de los países, y/o en los estatutos autonómicos de las regiones que decidan adoptarlos dentro de un país, aunque el resto de la nación siga otro rumbo.

La Confederación Internacional por la Libertad y la Autonomía Regional (CONFILAR) también ha adoptado -en el “Acta de Guayaquil”, su documento constitutivo- estos Derechos. Véalos usted:

I. El Gobierno Limitado se sostiene con los derechos a:

1. Un gobierno limitado a cumplir sólo sus funciones propias y naturales: seguridad, justicia y obras públicas.

2. Un gobierno respetuoso de las esferas privadas, limitado en fines y funciones; en poderes y atribuciones; y en gastos y recursos.

3. Un gobierno neutral, que no dice a la gente lo que debe pensar, sentir o creer.

4. Unos impuestos moderados.

5. Un sector público sin deudas.

6. Una moneda de libre elección.

II. Los mercados libres se sostienen a su vez con los derechos a:

7. Mercados abiertos y competitivos en lo interno y externo, sin trabas. Ni monopolios; es decir: sin privilegios.

8. Participación popular en las privatizaciones de empresas y activos económicos que hoy son propiedad del estado. Con acciones.

III. Y las instituciones privadas separadas del estado se sostienen con los derechos a:

9. Enseñanza, medicina y fondos de pensiones privados y en libre competencia. E igual en la prensa e información, cultura y ciencias, artes y espectáculos, deportes, religión, etc. Sin coerción ni privilegios.

10. Participación de los profesionales, empleados y trabajadores en la privatización de los entes educativos, médicos y de previsión que hoy son estatales y que deben ser privados: quienes hoy son apenas sus empleados, y muy mal remunerados, deben ser sus propietarios y copropietarios. Con acciones. E igual en los medios informativos, de recreación, difusión cultural e investigación científica, creación artística, deportes, beneficencia, etc., que hoy son propiedad del estado.

Hasta aquí el programa de 10 derechos inspirado en el liberalismo clásico. El remedio es radical; porque el mal es gravísimo. El sistema es el problema; hay que cambiar el sistema. Y la gente está preparada para soluciones radicales, incluso las busca, aunque en la izquierda, porque no sabe de otras.

IV. En todos los países se nos hace la misma pregunta “¿y los pobres?” Agregamos entonces, sólo para los pobres, un derecho a tres programas sociales:

11. Tres series de cupones o cheques estatales en educación, medicina y previsión, para comprar enseñanza, atención médica, y planes de jubilaciones y pensiones; cupones que serán reembolsables en dinero a las instituciones privadas o privatizadas libremente escogidas por los beneficiarios.

Para efectivizar estas libertades y derechos, basta con tres políticas: a) poner al estado en su lugar; b) privatizar, para capitalizar a personas y empresas; y c) desregular, para apoderarlas. Y los cupones para los pobres. Las cuales políticas pueden aplicarse en todo el territorio de un país si la Carta de 3 Libertades y 11 Derechos es incorporada a una nueva constitución; y/o en el territorio de una o varias regiones o estados provinciales, si la Carta se incorpora a los estatutos Autonómicos de las regiones interesadas que así lo manifiesten afirmativamente en un plebiscito.

Un año sería suficiente

De aplicarse esta receta en un país -o regiones dentro de un país- el primer año se vería la diferencia. La creación de riqueza experimentaría un tremendo e inusitado auge expansivo; y con ello la pobreza se reduciría drásticamente, al igual que la criminalidad, la corrupción y el descontento. Todos lograríamos estos beneficios:

1. Explosión de ahorro e inversiones. Y de empleos, mucho más productivos, y con ingresos reales de mucho mayor poder de compra.

2. Elevar así el nivel de vida, de todos, y considerablemente, y de inmediato.

3. Reducir la pobreza con la solución y no con paliativos.

4. Reducir la criminalidad, con seguridad y justicia.

5. Multiplicación de pbras públicas.

6. Y todo con mucho menos corrupción.

7. Dividendos accionarios de las empresas privatizadas.

8. Excelente educación; y atención médica de primera.

9. Jubilaciones y pensiones dignas.

10. Mucho más tiempo libre.

11. Gremios en sus funciones propias.

12. Cupones para los más pobres.

En Ecuador, la oposición a Rafael Correa se compone en buena parte de socialistas. Otra parte en cambio se prepara para una oposición firme al socialismo, ¡Muy bien! Pero si se queda en el mero anti-socialismo y nada más, no será una oposición eficaz. ¿Qué tal si probara hacer una oposición constructiva, centrada en un programa como éste?

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Y a plantear de nuevo lo que en realidad es el liberalismo.

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