Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Cuestión Irresponsable
Textos de un Laico
18 abril 2007
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


ContraPeso.info presenta un texto de Fred Smith. Agradecemos al Acton Institute el gentil permiso de traducción y reproducción. El tema tratado por el autor es la irresponsabilidad de la responsabilidad social.

Fred L. Smith, Jr. es presidente y fundador de Competitive Enterprise Institute, en Washington DC. Este artículo fue adaptado de su presentación en el Acton Institute el pasado febrero.

Los negocios son procesos muy complicados. Necesitan mucha concentración para determinar lo que uno va a hacer para asegurar que la compañía sea sostenible, continuamente redituable. Dedicar mucho tiempo a cuestiones periféricas —derechos humanos en Burma, comercio justo o injusto de café, o el tipo de café que esta semana se bebe— es un proceso muy complicado.

No es placentero cuando los hombres de negocio van a Washington. En su propio mundo los hombres de negocios son gigantes. Son constructores de imperios. Son creadores de riqueza. Son respetados.

Cuando ellos entran en el proceso político se convierten en nadie. Son blancos de oportunidades. Tienen tiros al blanco pintados en el pecho y es asombroso ver cómo son tratados frente a un comité del congreso. Ve usted a CEOs de grandes corporaciones temblar hasta la médula porque no es ése su mundo. No conocen ellos el lenguaje de la política y a menudo son malamente tratados.

Es así que ordenan a sus directores de asuntos gubernamentales o cabildeo, “Haz que desaparezca el asunto, llega a un acuerdo. Haz lo que tengas que hacer pero quiero quitar ese pendiente. No quiero preocuparme de marchas de protesta fuera de la planta, ni de editoriales en los periódicos hablando de lo mala que es la empresa”.

Y es cierto, si se ve la cantidad de las políticas que las corporaciones modernas enfrentan ninguna de ellas funciona.

Pueden ellos adoptar una política que está dirigida a tranquilizar lo ánimos. Pero, como sabemos por la historia, tranquilizar los ánimos rara vez funciona. Es lo que yo llamo la Estrategia del Cocodrilo o del Capitán Garfio. Esencialmente la idea es creer que si uno da de comer al cocodrilo la propia pierna es mucho más probable que se vuelva vegetariano.

La evidencia no es muy clara, pero no sugiere que sea una estrategia válida. Cuando Chamberlain fue a Munich y regresó, mostró un papel en sus manos y dijo, “Peace in our times”.

Mucho de la comunidad de negocios regresa, muestra el papel y dice, “Greenpeace in our times”. Y la respuesta es la misma en realidad —incentivar a la personas a pensar, “Mira somos vulnerables. Si nos presionas lo suficiente nos vencerás”.

En un mundo en el que no se aprecia el valor de lo que uno hace, se está alentando a los demás a dar otra mordida a la corporación, otra mordida a las utilidades del accionista.

Es eso que llamo la Estrategia del Fariseo. Es, desde luego, la estrategia mencionada en la Biblia, donde el hombre negocios se levanta frente a una audiencia y les dice, “Gracias a Dios que no soy tan malo como mis colegas hombres de negocios”.

No es del todo creíble, en primer lugar. Y en segundo, ¿hace eso algo por la estabilidad del mercado y su legitimidad? No.

No debe olvidarse lo que llamo el Enfoque Mafioso. Este enfoque es, “Ya lo sabes. Somos hombres de negocios insinceros y repulsivos. Pero oye, ¿quién dio fondos para las últimas tres novenas en la catedral? Usamos nuestro dinero para dar fondos a causas buenas”.

Entonces, la respuesta obvia es, “Bueno, mantén el dar fondos a las cosas buenas y ya no a las cosas malas”. Esto no explica lo que la empresa está haciendo. Y por eso, no es probable que se le dé crédito por ello.

Finalmente, está la estrategia cuasi-racional: “Mira, no podemos controlar la política. Estamos afligidos por las presiones políticas. Lo que necesitamos es certeza regulatoria. Queremos que el gobierno ponga las reglas. Preferimos reglas buenas, pero no nos importa. Que ponga las reglas —55 millas por hora, 12 millas por hora, 200. En realidad no importa pero que ponga las reglas y viviremos con ellas. Así podremos regresar a los negocios e ignorar a la política”.

Sin embargo, desde luego, la certeza regulatoria es uno de los juegos tontos de todos los tiempos.

Una vez di una conferencia titulada “Lucy y la pelota regulatoria de futbol”. Los hombres de negocios están convencidos que esta vez el gobierno sostendrá la pelota firmemente y los hombres de negocios correrán y la patearán sobre el campo, y desde luego resbalarán sobre sus activos [como en la caricatura de Charlie Brown].

Esas estrategias no funcionan. Ellas fallan y los negocios deben pensar con más cuidado acerca de la responsabilidad social. En un mundo competitivo, en un mundo donde hacer cualquier cosa es complicado, ¿qué es lo que significa comprometer a una empresa al promover la igualdad ambiental? Usted sabe, el medio ambiente es un tema muy grande.

¿Significa que el siguiente millón de dólares que la empresa tenga va a reducir emisiones líquidas, desperdicios a flujos de agua o al aire, o reducir el número de materiales en sus productos, elevar el reciclaje, permitir que las instalaciones se conviertan en hábitats animales?

Hay un número infinito de maneras en las que puede mejorarse el medio ambiente. ¿Qué estándar se tiene para decidir qué hacer? Y eso es sólo el medio ambiente. Suponga que se añaden los derechos humanos a su agenda de trabajo.

La genialidad del capitalismo, la genialidad del mercado es que él crea instituciones especializadas para satisfacer objetivos especializados. Trabajan dentro de sus papeles en la cultura de la sociedad, pero no están tratando de hacerlo todo.

Las empresas están tratando de hacer algo en extremo importante: crear riqueza y conocimiento, lo que luego es distribuido a clientes, trabajadores, proveedores, accionistas, quienes luego usan esa riqueza adicional en la consecución de los valores que usted y yo tenemos, que las personas tienen.

Las personas pueden decidir que ellas quieren gastar su dinero en algún proyecto ambiental o un asunto o problema en Rumania o Burma, y demás. Pero en una sociedad tan heterogénea como los EEUU, existe una larga lista de cosas que podríamos querer hacer.

Y más que la corporación actuando como nuestro papá, tomando esas decisiones por nosotros, gastando el dinero que de otra manera sería dispersado entre la población, quizá otros tengan diferentes objetivos y diferentes ideas. ¿No debemos acaso ser nosotros los que seleccionemos nuestras opciones, nuestros valores y los promovamos?

La total idea del movimiento de la responsabilidad social corporativa es retirar las opciones que tenemos para dárselas a las elites, a los políticamente preferidos gobernantes de nuestra sociedad —las ONG, organizaciones no gubernamentales, ONGs, mal título. Cualquiera que conozca el movimiento de ONGs en la práctica sabe que no es un movimiento no-gubernamental. Son OPGs —organizaciones pro-gobierno. Nunca han visto un plan de gobierno que no les haya gustado.

El Instituto Acton ha hecho un gran trabajo al trata de infundir de nuevo en el mundo de los negocios el entendimiento de su legitimidad moral. Hay una canción de gospel, que no recuerdo quién la cantaba, “Si no te respetas a ti mismo, nadie más te respetará tampoco”.

Si las empresas se abstienen de argumentar en favor de su legitimidad, de que son un actor importante —no el único, pero uno muy importante— en un mundo que es desesperadamente pobre e ignorante, entonces ¿quién más va a respetarlas? ¿quien va a defenderlas?

¿Acton y Competitive Enterprise Institute? Los recursos de las empresas son mucho mayores que los de estos y, correctamente empleados, harían posible en realidad esto mismo.


ContraPeso.info es un servicio con antecedentes desde 1995, que funciona como proveedor de ideas e información adicional a los medios dominantes.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras