Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Vales Mucho, Haz lo Que Quieras
Eduardo García Gaspar
9 abril 2007
Sección: ESCUELAS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La siguiente es una historia en dos actos.

El primero: una reunión en la Universidad de New Hampshire, EEUU, hace muy poco, con John Edwards, candidato demócrata a la presidencia, y su esposa. Una estudiante toma la palabra. Dice que quiere a su líder con palabras de esperanza, que quiere crecer en un ambiente sin odio ni racismo, que quiere saber que ella importa.

Agrega que trabaja hasta cansarse 25 a 30 horas a la semana, que quiere saber qué van a hacer ellos para la gente como ella que quiere seguir sus estudios aunque no sabe qué quiere cuando sea adulta, que todo se trata de ella, que si se trata de votar por ellos que le den algo.

Ante las peticiones de la estudiante, el candidato a la presidencia contesta diciendo que Dios la bendiga, que él haría lo mismo de estar, como ella, decidiendo su voto. La esposa del candidato contestó que estaba impresionada con lo dicho y pidió que el resto de las personas le dieran un aplauso. Hasta aquí, otro episodio del narcisismo y el populismo combinados. Uno no sabe quién fue más ridículo, la estudiante o los Edwards.

Segundo acto: la entrevista de la estudiante, de 22 años, poco después con un periodista. Resulta que ella revela el origen de su posición frente a los Edwards. Dice que siempre habrá racismo y prejuicios, que la guerra siempre existirá, que le gusta Maquiavelo. Dice que hay que fomentar a la democracia. Que es lo de sus cursos multiculturales lo que la hace hablar como el día de la reunión.

Y dice que espera que su profesor no la escuche, pero que las lecturas que le hacen hacer no se entienden y que son una frustración y que no es la única que piensa así, que se les enseña mal. Se muestra como una víctima de la repetición de lo visto en clase: la promoción de la auto-estima y el multiculturalismo, es decir, de la burla al esfuerzo y de las creencias propias.

Y, lo peor, existe evidencia de un crecimiento del narcisismo en los estudiantes actuales por haber relegado la importancia del mérito y alabado desempeños que no lo merecen. En resumen, la estudiante repite lo que oye en clase, hace el ridículo, pero ello no obsta para recibir loas de políticos y a final ella lo revela todo: no entiende las lecturas de sus clases de multiculturalismo, pero entiende el mundo.

Se trata de otro caso de estudiantes que son víctimas de dos ideas que los círculos académicos han popularizado: la autoestima y el multiculturalismo. No es malo tener autoestima y ser consciente de la dignidad de ser humano, pero exagerar el asunto es peligroso.

Si al alumno se le exagera la autoestima va a pensar que vale más, que puede más, que merece más; que debe esforzarse, trabajar y estudiar menos. Se crearán estudiantes narcisistas que posteriormente se darán frentazos en su vida.

Tampoco es malo tener apreciación por culturas ajenas, ni mostrar tolerancia con ellas, pero exagerar el asunto también es peligroso. Si al alumno se le exagera el multiculturalismo acabará perdido y sin rumbo, creyendo que todo es relativo que nada hay fijo y, más aún, que las propias creencias y cultura son inferiores a las del resto.

La combinación entre ambos efectos es la creación de jóvenes que creen que todo lo merecen y que todo es válido. Un par de amigos han comprobado esto con historias de sus tratos con ejecutivos recién salidos de la universidad: coinciden ambos en haber encontrado una generación de jóvenes que creen saberlo todo, no reconocen sus errores y piensan que nada es superior a ellos.

Quizá sea una cuestión de modas académicas y de valores progresistas, cuyos errores son difíciles de explicar porque se han convertido en parte de lo políticamente correcto. Ponerlos en duda puede acarrear reprobaciones sin fin. Pero el caso de la estudiante muestra una realidad que no sólo pertenece a los EEUU. La exageración de la autoestima y del multiculturalismo tienen consecuencias negativas en la formación del carácter.

Y es que en todo eso se ha olvidado mantener los valores del esfuerzo, el trabajo, el ahorro, la prudencia y, muy señaladamente, la búsqueda de la verdad. Una educación que enseña que todo tiene el mismo valor y que el desempeño personal no es importante, es una educación que deja de tener sentido

POST SCRIPTUM

• El asunto de la estudiante fue reportado por James Taranto con material de Rush Limbaugh y referenccia a un estudio sobre rasgos de estudiantes. Hat tip a J. Taranto.


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