Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Verdad y Diversidad
Selección de ContraPeso.info
1 mayo 2007
Sección: ETICA, Sección: AmaYi
Catalogado en: , ,


La moral para algunos es una ciencia que persigue la verdad. Para otros es una cuestión de preferencias personales con una variedad de opiniones todas válidas. Estas dos posiciones son también aplicables a la filosofía, la religión y otras ramas del saber que se perciben separadas de las ciencias exactas o experimentales. ¿Dónde están la filosofía o la religión?

No es un problema sencillo de resolver, el que se resumen en dos posiciones básicas: la religión y la filosofía pueden ser vistas como parte del subjetivismo personal o bien pueden ser consideradas como ciencias cuya misión es acercarnos a la verdad.

Quizá una buena parte de los conflictos actuales tengan su origen en la confrontación de estas dos maneras de pensar. El que piensa que la moral es una ciencia sujeta a la prueba de su apego a la realidad, llegará a conclusiones muy diferentes que quien cree que la moral es una parte de la diversidad cultural. Adler trata el tema y lo hace con orden y claridad, sin los apasionamientos que suelen emerger al tratar estos temas.

La idea contenida en esta carta fue encontrada en el libro de Adler, Mortimer Jerome (1990). Truth in Religion capítulo The Unity of Man and the unity of truth, pp. 113-128. Este capítulo es un resumen de una conferencia dada por el autor en el Aspen Institute en 1973.

En el inicio el autor establece tesis que sostiene y que juzga como no sujetas a disputa.

La primera es que los humanos somos una raza única, una especie biológica a la que todos pertenecemos.

La segunda sigue de la primera. Nuestra mente es también del mismo tipo para todos. Somos de la misma especie específica y tenemos la misma mente.

Cierto que hay variaciones en las capacidades, pero ellas son de grado no de esencia. A pesar de ser de la misma especie y tener la misma mente, eso no excluye la existencia de variaciones internas a la especie.

Por ejemplo, puede existir una mente primitiva que es diferente a la mente civilizada, o una mente infantil que difiere de la mente adulta.

Sobre estas tesis iniciales aquí resumidas, el autor plantea las interrogantes de interés para esta carta.

¿Qué tanta diversidad cultural resulta compatible con esa unidad humana?

Y, más aún, ¿qué tanta variación cultural se puede tener bajo la idea de la unidad de la verdad?

La diversidad cultural es una realidad y basta mencionar dicotomías como las de griegos-bárbaros, oriente-occidente, cristianos-infieles. En estas y otras divisiones cada una de las partes supone ser el poseedor de la verdad.

Adler, hasta aquí, maneja dos ideas a las que desea contrastar una frente a la otra.

Por un lado está la unidad humana, definida como la pertenencia a una misma especie biológica con una misma mente esencial. Por el otro lado está la innegable realidad de la diversidad cultural. Para examinar el contraste entre la unidad humana y la diversidad cultural se necesita un elemento nuevo que las preguntas anteriores plantearon.

Las preguntas introducen un elemento nuevo, “la unidad de la verdad”. De esta manera introduce el autor ese nuevo elemento para plantear su tema. Es tiempo ahora de explicar qué es eso de la unidad de la verdad.

Desde los tiempos de Platón y Aristóteles, el pensamiento occidental ha colocado gran énfasis en el entendimiento de la verdad. El reconocer a la verdad supone que existe una realidad que es independiente de la persona y la que ella trata de entender.

Entonces, la verdad consiste en pensar que lo que es, es; y que lo que no es, no es. Y por el contrario, estamos en un error cuando creemos que no es lo que es, o que sí es lo que no es.

La verdad es, por tanto, la correspondencia entre lo que pensamos y la realidad. La idea de la verdad es sencilla de ver al examinar la conducta del mentiroso.

Quien miente dice lo contrario de lo que piensa que es verdad. Quien se equivoca, por otro lado, es quien cree cierto lo que no lo es.

Esto lleva a considerar que la verdad es en principio obtenible. Es decir, nuestro conocimiento no significa que poseemos la verdad firme, total, final y absoluta. No tenemos ese conocimiento total, pero nos acercamos a él y por eso realizamos acciones de varios tipos, que persiguen acercarnos a la verdad.

Es decir, tenemos aproximaciones a la verdad, avances en nuestro acercamiento a ella, con aseveraciones que son más verdaderas que aquellas a las que reemplazan.

En esa realidad externa a la persona, además, se tiene un principio, el de la no contradicción también aplicable al pensamiento. Este principio establece que una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo, que si tiene una característica no puede simultáneamente carecer de ella.

Esto acarrea una consecuencia inevitable. Si se afirma la unidad de la verdad, eso significa que no puede al mismo tiempo haber dos verdades contradictorias entre sí.

Y también significa que esas dos verdades incongruentes entre sí pueden existir separándolas en compartimentos independientes entre sí, diciendo por ejemplo que esto es verdad en matemáticas y que lo opuesto es verdad también en otro campo.

Pero el principio de la unidad de la verdad no es aplicable en todos los campos humanos y si en ellos hay contradicciones no debe ser causa de preocupación. En estos campos en los que no aplica la unidad de la verdad, cabe perfectamente la diversidad.

En un campo como las matemáticas, por ejemplo, se acepta la existencia de la verdad unitaria en todas las culturas. Pero en un campo como el de la cocina existen cuestiones de gustos y preferencias, donde la variedad es aceptada sin problemas. Por eso se habla de la cocina china, pero no de las matemáticas chinas o francesas.

Igualmente que en matemáticas, en las ciencias experimentales se acepta universalmente la unidad de la verdad, como también en la tecnología. Y esto plantea una interrogante.

¿Dónde caen otras áreas de conocimiento?

La religión, la filosofía, la moral, la filosofía política pueden caer en el campo de la diversidad en el que prevalecen gustos y preferencias, pero también pueden caer en el campo en el que prevalece la unidad de la verdad.

¿Están estas ramas del conocimiento junto a las matemáticas y las ciencia experimentales, o están en el campo de la cocina y otras cuestiones de gustos?

Examinando la pregunta, Adler dice que todo lo que contiene siquiera en pequeña dosis una cuestión de gustos subjetivos debe caer del lado en el que no se exige la unidad de la verdad. De lo que se trata es de determinar en qué debe exigirse la unidad de la verdad y en qué se acepta el pluralismo cultural.

Según el autor, la unidad de la verdad es solamente exigible en campos que son entera y puramente cuestiones de ese tipo; por ejemplo, no será aceptable la diversidad en cuestiones matemáticas.

Si las cuestiones de filosofía, religión y similares no son sujetas al criterio de la unidad de la verdad, consecuentemente ellas serán parte de la diversidad cultural y podrán ser colocadas en los campos de la cocina, el vestir y las artes. En caso de aceptar esto, se esperaría como positivo tener una diversidad de creencias de todos tipos en esos campos.

Pero si las cuestiones de filosofía, religión y las demás están en el terreno de las ciencias experimentales y las matemáticas, entonces se acepta que ellas son también aproximaciones a la verdad y están sujetas a evaluaciones de verdad y falsedad.

Supongamos esto último, que la filosofía y la religión son conocimientos que reclaman para ellas el estar en el terreno de la verdad y su unidad. Bajo esta idea, cada una de las ciencias estudia y logra conocimientos sobre una parte de la verdad, sea sobre la naturaleza, la persona, la sociedad.

La filosofía y la religión darían sus partes de la verdad total, igual que las ciencias experimentales darían otras partes de la misma verdad. A esto se añade el principio de no contradicción, por el que dos partes de la verdad no pueden contradecirse entre sí de manera irreconciliable.

Eso significaría que lo que se establece como verdad en filosofía y religión no debe contradecir a lo que también se establece como verdad en otras ciencias.

Adler, afirma que un conocimiento religioso o filosófico debe rechazarse si en cierto momento está en contradicción con la verdad científica establecida en ese momento. Es lo mismo que aceptaron San Agustín y Santo Tomás de Aquino como consecuencia de creer en la unidad de la verdad.

Al afirmar que la verdad es una y que sus partes no pueden poseer contradicciones entre sí, no se quiere decir que las partes que conforman a esa verdad sean diferentes entre sí. Las partes de la verdad pueden variar, tener diferentes apariencias, ser sujetas de investigación por parte de diferentes disciplinas.

Una parte de la verdad puede referirse a los números, otra a la justicia, otra a Dios; una parte puede ser sujeta de conocimiento experimental, otra de procesos racionales, otra de contemplación. Y al mismo tiempo, todas estas partes que tenemos en nuestras aproximaciones forman la verdad.

Hay más consecuencias. Por ejemplo, las creencias occidentales de filosofía y religión han sido sujetas a pruebas de verdad y falsedad y lo mismo debe hacerse para las creencias de ese tipo en culturas no occidentales. Y esto trae el tema de las creencias de culturas no occidentales.

En algunas de ellas se acepta la contradicción, es decir, no existe el criterio de la unidad de la verdad. En esas otras culturas se está dispuesto a abrazar la existencia de contradicciones.

Para explorar el tema, lo primero a hacer es reconocer que las verdades de ciencias, matemáticas y tecnología son aceptadas en todas partes, sin relación a la cultura. Esta realidad está fundamentada en la idea de la unidad de la verdad como un principio universal, y que supone que no existen contradicciones entre conocimientos de la verdad.

Y si se piensa que más en el fondo la realidad es una serie de contradicciones, entonces la posibilidad de diálogo entre las personas carece de sentido.

Se está en los terrenos de la objetividad y la subjetividad. Lo afirmado acerca de la unidad de la verdad, de la no contradicción es el terreno de lo objetivo y opuesto a lo subjetivo, en donde predominan las cuestiones de gustos, pero no de lógica.

No debe entenderse esto como una oposición absoluta entre lo objetivo y lo subjetivo. Ellos son complementarios y enriquecen a la vida humana en su efecto combinado.

Al final el autor dice que la diversidad cultural debe ser admitida en esos terrenos en los que el criterio de la verdad y la falsedad no son aplicables. Es decir, la pluralidad es admisible en terrenos de gustos, preferencias y en general en las cosas que son subjetivas.

El autor llama culturism a la aceptación o peor aún, a la promoción de la diversidad cultural sin considerar la línea divisoria entre las cuestiones sujetas a criterio de verdad y las sujetas a criterios de gusto.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras