Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Villanos de Costumbre
Eduardo García Gaspar
26 diciembre 2007
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
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Si usted hace una lista de los villanos favoritos en los medios, sobre todo en las películas y durante Navidad, encontrará que los hombres de negocios son consistentemente tratados como la codicia personificada. A todo están dispuestos con tal de ganar un centavo. La moral, para ellos, no existe. Hay algo de verdad en esto, pero la exageración es mentirosa.

De lo que he leído, recuerdo a Adam Smith como el primero en señalar que pocas cosas tan sospechosas hay como una reunión de empresarios, seguramente involucrados en alguna maquinación para elevar sus ganancias. No es una visión favorable de estos personajes, como tampoco la de Bastiat quien los ve como fuerzas egoístas que deben ser frenadas por algún mecanismo. Ninguno de ellos, partidarios de los mercados libres, tiene una alta opinión de los hombres de negocios.

Esos dos economistas comparten la opinión de muchos otros partidarios de la economía libre y capitalista. Contrario a lo que piensan nuestros opositores los socialistas, quienes defendemos a la economía libre en realidad complicamos y dificultamos la vida de los hombres de negocios. No los vemos como villanos siempre, pero sí los vemos como potenciales abusadores de poder, exactamente igual que a los gobernantes. El poder siempre va a tender a ser abusado, sea quien sea quien lo tenga.

Pero la vida es más compleja de lo que dicen las películas y sus villanos. Y una de las obras clásicas que muestra el lado amable de los empresarios es la de Ayn Rand, La Rebelión de Atlas (una mala traducción de Atlas Shrugged): el empresario es mostrado como una persona que hace cosas, innova, y es necesario para todos. La obra se encarga de demostrar que sin empresarios el mundo sería terrible. Tiene razón.

Cuando alguien piensa en términos bipolares, de buenos y malos, se comporta como el niño en el cine, que aclara su comprensión de la cinta preguntado eso, si alguien es malo o es bueno. Así piensan los socialistas en este campo: ponen etiquetas infantiles a un grupo y todos en él son buenos o son son malos.

Pensando así, el remedio es sencillo. Los buenos deben controlar a los malos y eso da la receta socialista esencial: el gobierno debe controlar a los empresarios… porque en el fondo, el socialismo no es nada más que una compleja serie de textos con palabras elegantes que propone eso, dar más poder a los gobernantes.

El error está en creer que los gobernantes son todos buenos y los empresarios todos malos. No necesito convencer al lector de que eso es irreal. Todos somos humanos y hay gente buena y mala en todas partes. Sí, hay empresarios extraordinarios, pero también los hay abusivos. No se puede generalizar. Como tampoco con los gobernantes.

La solución a acciones dañinas no puede estar basada en la receta socialista, que es darle todo el poder a los gobernantes. Sería aún peor que darle todo el poder a los hombres de negocios. Esto es lo que hace entender que la peor de todas las combinaciones es el unir el poder de los gobernantes con el de los hombres de negocios, que es lo que quieren con una ingenuidad increíble los partidarios del intervencionismo.

El liberalismo es, por eso, mucho más lógico: lo que quiere es evitar abusos de poder, sean de gobierno o de empresarios. Y para lograrlo tiene mecanismos más sutiles, como el de poner a los empresarios bajo situaciones de competencia, para que ellos no decidan precios, sino que los hagan los consumidores. A los gobiernos, les imponen reglas de división del poder, para controlarlos.

¿Por qué se equivocan tanto los socialistas? Una de las razones es seguir creyendo en ideas mercantilistas, que llevan a pensar que en la vida lo que uno gana el otro lo pierde. Piensan que la vida es como un reparto de regalos de Navidad y eso es falso, pero aún así mucha gente lo cree. Aún no ven que al comprar y vender voluntariamente, ambas partes ganan, ninguna pierde. Sé que no es sencillo de comprender esto, que es más fácil comprender lo erróneo.

Y, por malo, egoísta y codicioso que un empresario sea, eso de poco importa si él es expuesto a competir con otros que ofrezcan productos sustitutos. Él acabará entendiendo que para ganar dinero, tendrá que ofrecer bienes atractivos al comprador. El mejor freno al egoísmo empresarial es poner a competir a los empresarios entre sí y no el dar más poder a los gobernantes.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información para el interesado en buscar explicaciones.




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