Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ya son Grandecitos
Eduardo García Gaspar
14 agosto 2007
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SEXUALIDAD
Catalogado en:


Un pequeño delirio en los medios provocó el gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez, después de reportarse sus palabras. Dijo que

repartir condones es mucho muy sencillo, lo podríamos hacer a través de algún concesionario… de una empresa comercializadora… hablemos de abstinencia sexual y hablemos de fidelidad.. el sida se da por la promiscuidad, no se da por no usar condones…si una persona le es fiel a su pareja no tiene riesgo de sida, a no ser que venga por transfusión sanguínea… No le corresponde al Estado repartir condones, y déjame llevarlo a un grado chusco: ¿por qué nomás condones?, vamos repartiendo un six de cervezas y el vale para el motel.

Se allí salieron comentarios varios, unos a favor, otros en contra. Todos en lo general con la misma argumentación, un tanto efervescente. El caso vale la pena para ver una segunda opinión al respecto y sin aspavientos. Vayamos por orden y más a fondo de lo usual.

Primero, repartir condones gratuitos, sea quien sea que lo haga, podrá tener como objetivo el evitar embarazos y contagios de enfermedades sexuales o sida… pero sin duda es también un incentivo a tener relaciones sexuales. El gobernador, si bien con palabras muy simples, lo intuyó. Y tiene razón. Es uno de los clásicos casos de medidas con buenas intenciones y probables malos resultados.

Solamente con una investigación de largo plazo podría saberse con exactitud el efecto neto: repartir condones da incentivos al tener relaciones sexuales y podría ser que al final hubiera más, lo que eleva también el número de embarazos y de contagios. Con un problema adicional de justicia: por medio de impuestos el ciudadano termina subsidiando la actividad sexual de otros. No tiene mucho sentido.

Segundo, la cuestión de abstinencia sexual. Unos opinan que es erróneo que “el esfuerzo de instrucción deba concentrarse en promover la abstinencia sexual y la fidelidad”. Mientras otros dicen que “de todas las posibles soluciones, la abstinencia sexual es la mejor respuesta de verse libre de enfermedades de transmisión sexual”. ¿Quién tiene la razón?

Es una cuestión de simple sentido común. Si queremos evitar embarazos no deseados, enfermedades sexuales y disminuir la transmisión de sida, la estrategia más sencilla es la de disminuir la cantidad de acciones que eso producen. Y sabemos que la abstinencia reduce a cero esa probabilidad; excepto con el sida que tiene otras formas de transmisión, que se reduciría también, aunque no a cero. Como estrategia no está mal y se trata de intentar ir por la mejor vía de todas.

¿Funciona esa estrategia de promoción de la abstinencia? Según un editorialista, “Ni la abstinencia sexual ni la fidelidad son comportamientos que se puedan inducir con propaganda… Si la Iglesia católica, con dos milenios de ventaja en este trabajo, no ha cambiado el comportamiento de los seres humanos, menos lo logrará el Gobernador de Jalisco en seis años”.

Es una aseveración demasiado atolondrada.

Tendría que haber comparado el comportamiento de los fieles de esa religión y cualquier otra que eso mismo prescribe con quienes no siguen religión alguna. Sólo apunto que será probable encontrar que entre quienes practican su religión la promiscuidad sexual será mucho menos cuantiosa que quienes no practican alguna.

Tenemos por tanto un par de conclusiones al respecto. Una, repartir condones gratuitos puede ser un incentivo a tener relaciones sexuales que produzca efectos inesperados peores a los que trata de remediar. Dos, la mejor forma de evitar las consecuencias indeseables de las relaciones sexuales es evitarlas. Es decir, es una forma de atacar el problema que sí tiene efectividad.

De allí que se pueda definir mejor el problema: ¿qué hacer con las personas que a pesar de saber los riesgos de la actividad sexual múltiple insisten en realizarla? Definir el problema así es mejor que verlo como total. No son todos, aunque sea muchos, y están en riesgo porque ellos lo han decidido voluntariamente. Todo lo que se me ocurre hacer con ellos es prevenirlos y si aún así insisten en su conducta, allá ellos. Ya son grandecitos y responsables, o creen serlo.

Post Scriptum

• La semana pasada, Sergio Sarmiento, en su columna trató el tema de una manera que merece verse. Primero establece que,

La experiencia nos dice que la educación es la mejor forma de contener o incluso reducir la epidemia de sida. En ese sentido, no está errado el Gobernador cuando dice que, más que repartir condones, hay que educar.

Hablando del sida, entonces, Sarmiento da una solución que según él funciona, la de educar, ya que la experiencia lo demuestra. Creo que tiene razón, excepto por lo que dice a continuación,

En lo que se equivoca [el gobernador] es que el esfuerzo de instrucción deba concentrarse en promover la abstinencia sexual y la fidelidad. Estas campañas moralistas no ayudan en nada. Ni la abstinencia sexual ni la fidelidad son comportamientos que se puedan inducir con propaganda. La gente seguirá teniendo relaciones sexuales y distintas parejas a pesar de que un gobierno llene los medios de comunicación con admoniciones. Si la Iglesia católica, con dos milenios de ventaja en este trabajo, no ha cambiado el comportamiento de los seres humanos, menos lo logrará el Gobernador de Jalisco en seis años.

Lo que sostiene Sarmiento es, por tanto, que educar es distinto a tener reglas morales. Según él nada de lo moral funciona y la educación se reduce a saber que puedas andar por todas partes y con el que sea, siempre que traigas varios condones. Es una opinión, como dije, atolondrada, que equivale a decir que ninguna educación ética debe emprenderse. Si sigo esa forma de razonar debo llegar a la idea de que más que educar a no robar debe prepararse al ladrón para que sepa cómo escapar de la justicia.

Dice él que “el uso correcto del condón es la forma más eficaz que se conoce para prevenir no sólo el sida, sino también otras enfermedades de transmisión sexual y los embarazos no deseados”. La realidad es que no.

La mejor forma de evitar esos efectos indeseables es la abstinencia o la fidelidad conyugal. Lo que debe agregarse es que eso que dice sí es la mejor forma entre quienes han decidido ser sexualmente promiscuos, que es otra cosa muy diferente.

En las palabras rupestres del gobernador existe más razón que en las refinadas palabras del editorialista.

La opinión en favor de la abstinencia es de Carolina López, otra columnista de Grupo Reforma.

• Un caso por demás interesante al respecto fue la de una columnista, Ximena Peredo (El Norte, 20 de agosto), la que basó su apoyo al reparto oficial de condones usando, no razones tanto como adjetivos; una peor defensa del reparto gubernamental de condones es difícil de solicitar:

otro funcionario peligroso… parece haberle prometido a su santo patrono… evangelizaría a las juventudes con la buena nueva de su moral privada…. Alza su mano derecha y, bendiciéndolos… Lo peligroso de que lleguen al poder nostálgicos de la Guerra Cristera… sienten el llamado divino a combatir a los monstruos depravados y libertinos… un gobernante obsesionado con las prácticas sexuales de los otros… es un hombre peligroso que debiera ser depuesto… reniega del uso del condón y alienta a la abstinencia y la fidelidad… su desvergonzada insensibilidad… personas que siguen viviendo con un dios… obsesionado con la genitalidad… perseguidores de todo aquel que se conduzca de distinta forma. La intolerancia se convierte en un reflejo de pánico… intentos retrógrados de dictar leyes morales desde púlpitos o escritorios son cada vez más infructuosos… esos árbitros moralinos… amenaza evangelizadora del Gobernador González Márquez.

Cuando los calificativos y el lenguaje agresivo sustituyen a la razón, estamos en terrenos que llevan a la voluntad de poder como solución


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