Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Yendo de compras
Eduardo García Gaspar
26 junio 2007
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
Catalogado en:


Ir de compras es un placer para muchos. Para otros es un dolor de cabeza y sin embargo, hacerlo brinda la oportunidad de ver otros escaparates, distintos a los de los comercios: la gente misma que por esos lugares se pasea. El espectáculo es magnífico y fastuoso. Los pasillos de los centros comerciales pululan con maravillas para ver.

Quizá sea por eso que en muchos lugares de Europa existen cafés y restaurantes con amplias ventanas para ver el interior y, mejor aún, mesas en la calle. Así las personas pueden verse unas a otras y gozar uno de lo más grandes espectáculos posibles, el del género humano y sus peculiaridades.

No hace mucho que tuve esa oportunidad y sentado en una de las bancas de un centro comercial, otra persona y yo fuimos testigos de un gran desfile. Lo que sigue es un resumen de las meditaciones que hicimos entre ambos.

Llama la atención al cabo de un tiempo los extremos corpóreos de las personas, que van desde una delgadez extrema y carente de todo atractivo hasta la obesidad más repulsiva y que suele ir acompañada de un helado o alguna golosina. Hay personas en medio, sin duda, pero los extremos son muy radicales. Si algunas de esas flacas sin gracia tragara un chícharo podría verse como embarazada.

La otra persona me dijo en un tono en verdad serio, “la última década en la que las mujeres se vistieron con elegancia fueron los años 60, y supongo que eso aplique a los hombres también”.

Se refirió al uso masivo de los pantalones vaqueros, los jeans que han estandarizado terriblemente a la humanidad y visten también los mayores de cierta edad para sentirse jóvenes. Usar jeans, me dijo, es renunciar a la imaginación y perder la habilidad de distinguir entre lo bello y lo feo.

Comenté yo que las camisetas me parecían peor. Una prenda digna sólo de ser piyama y justificable sólo en estudiantes, que suele ser espacio para leyendas vulgares y marcas que no importan. No, me dijo, los vaqueros son peores y los peores entre ellos son los de modisto o marca elegante e indican falta de imaginación, volvió a decir, para evitar el trabajo de seleccionar entre diseños más variados.

Total, que entre vaqueros y camisetas, concluimos, la humanidad había perdido elegancia. Había optado por vestir creyendo que el gusto está peleado con la comodidad y que la moda consistía en vestir de manera descuidada. Y efectivamente, la mayoría de las personas vestía jeans, desde niños de cinco o seis años, hasta personas de más de los cincuenta.

Los años 60, dijo de nuevo, fueron una década de rupturas y una de las cosas que se rompió fue el gusto por lo elegante. Y tenía razón: después de escuchar eso, las personas me parecieron más descuidadas que antes, con esa combinación fatal de jeans y camisetas.

Había además, me dijo, un fenómeno adjunto: los músicos de hace años y los de ahora tienen gastos personales muy diferentes. Los de hace años gastaban en ropa que consideraban adecuada y respetuosa para ser vistos en un show. En cambio, los conjuntos modernos salen al escenario en ropa que, dijo, no se podría llevar dentro de casa por pena.

Por mi parte, veía yo la maravilla de la variedad. Una diversidad de gente desfilaba frente a mí sin siquiera poner atención. La familia recién formada con un bebé de meses que lloraba con estrépito.

La pareja de novios, ambos de jeans obviamente, que se detenían a besarse. El niño perdido de momento que en la mano lleva un helado medio derretido. Varios grupos de jovencitas que cuchicheaban riéndose al mismo tiempo que miraban a jóvenes de su edad.

El marido que cargaba las bolsas de compras y esperaba a que su esposa saliera de alguna tienda. Los empleados de limpieza que hablaban entre sí sin jamás trabajar. Los abuelos con los nietos y que seguramente daban un tiempo de descanso a los papás de las criaturas. La familia de golosos que iban comiendo. Los hombres jubilados que tomaban café y se conocían desde hace mucho. La pareja que tenía el ceño fruncido, signo de alguna pelea reciente.

No cabe duda que somos seres bien diferentes unos de otros y nuestra libertad nos diferencia aún más. Sí, incluso a pesar de la masificación de la ropa fea y de las malas combinaciones de colores que me señalaron, somos capaces de una diversidad asombrosa.


ContraPeso.info es un servicio con antecedentes desde 1995, que funciona como proveedor de ideas e información adicional a los medios dominantes.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras