Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
10 Domingo Ordinario A
Textos de un Laico
6 junio 2008
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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•En la primera lectura, del profeta Oseas (6, 3-9) Dios habla en parte con estas palabras, “Porque yo quiero amor y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.” Estas palabras divinas vienen después de que Oseas nos habla de Dios diciendo que él es “tan cierto como la aurora… y su juicio surge como la luz.”

Sin duda es un llamado que nos hace para conocer a Dios y para ello nos da esa clave, las palabras de Dios que dice eso de querer amor, de no querer sacrificios, de querer conocimiento de Dios más que holocaustos.

• Un significado muy preciso de esas palabras que pueden resultar vagas y abstractas está en el evangelio de hoy (Mateo 9, 9-13) que narra la convocatoria a Mateo, a quien Jesús dice “sígueme”, ante lo que él sencillamente “se levantó y lo siguió.” La historia continúa con Jesús y sus discípulos comiendo en casa de Mateo, un recaudador de impuestos, en donde se habían reunido publicanos y pecadores, gente con la que no debía tener contacto quien se creyera puro.

Viendo esto, los fariseos se preguntan cómo es que Jesús, que se supone es Maestro, come con esa baja ralea, ante lo que Jesús les responde, “No son los sanos los que necesitan de médicos, sino los enfermos… aprendan lo que significa ‘yo quiero misericordia y no sacrificios’ Yo no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores.” Da Jesús de esta manera un ejemplo de eso que escribió Oseas.

Lo que Dios pide no es sacrificios ni holocaustos ni formalidades, sino actos de amor y conocimiento de Dios mismo. Quiere que le conozcamos y que por eso actuemos con amor en nuestras vidas, atendiendo a esos a quienes no le conocen, a los que tienen necesidades. Los que le necesitan son los pecadores y no los justos. Los ritos y las ceremonias son importantes pero jamás ellas reemplazarán al centro de Dios, que es amor, tanto que Jesús ha llegado al mundo a consumar con su pasión la salvación humana.

Con su mismo ejemplo de vida, Jesús pregona esas palabras: tener misericordia, dar amor a los demás, atender a quienes lo necesitan… pues él mismo lo está haciendo. Por eso usa la metáfora del médico que no necesitan quienes están sanos, sino quienes están enfermos.

• En la carta de San Pablo (Romanos 4, 18-25) existe otra manera de ver esto. San Pablo recuerda la historia de Abraham y su fe en Dios, quien le había prometido que su descendencia sería numerosa. No importaba que él fuera de avanzada edad, ni que su esposa no pudiera tener hijos. Abraham tenía fe en Dios y no dudaba de su palabra. Lo prometido por Dios sería cumplido y lo fue.

Pablo, por tanto, redondea la idea: conocer a Dios es sentir amor por él y lógicamente por los demás, pero también es confiar en Dios. Las palabras de la antífona de la comunión de este domingo expresan ese sentimiento al decir, “Señor, tú eres mi amor, mi fuerza y mi refugio, mi liberación y mi ayuda. Tú eres mi Dios.” Es una breve oración que quizá debamos repetir a diario resumiendo las ideas anteriores.

Dios desea que lo conozcamos porque de ese conocimiento irremediablemente surge el amor y la comprensión interna de las palabras de Dios en Oseas, “Porque yo quiero amor y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.”

Quienes buscan instrucciones precisas de lo que deben hacer para conocer a Dios, el evangelio las contiene con claridad: acudir y ayudar a los que lo necesitan, especialmente a quienes no han escuchado de Dios o quienes lo han puesto de lado. Es como una misión para la que no hace falta adentrarse en África, ni en Asia, pues bien puede estar a la vuelta de la esquina con un vecino o con un amigo.

¿Cómo prepararse para esa misión? Dejando que Dios entre en nosotros, pidiéndole que entre en nuestros corazones, diciendo esas palabras de la antífona desde el fondo de nuestro corazón, “Señor, tú eres mi amor, mi fuerza y mi refugio, mi liberación y mi ayuda. Tú eres mi Dios.” Sí, con oración, la que demasiadas veces es despreciada como algo que se considera inútil y que es en realidad exactamente lo contrario… porque sabemos que al orar estamos literalmente hablando con Dios y cumpliendo con eso que nos pide, conocerle.


La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.

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Tú, Señor, enséñame a orar, porque yo no sé,

Dame concentración, que me distraigo con facilidad,

Dame luz para ver mis defectos, que los suelo ignorar.

Dame humildad, que lo que quiero es santidad.

Tú, Señor, enséñame a orar, porque yo no sé,

Dame silencio, que quiero escucharte

Dame razón, que lo que quiero es tener fe

Dame palabras, que a otros quiero hablar de ti.

Tú, Señor, enséñame a orar, porque yo no sé,

Dame libertad, porque quiero ir a ti con voluntad.

Dame el pan de cada día, que alimentar quiero mi alma.

Dame tu bendición diaria, que sin ella no puedo vivir.





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