Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
2 Domingo de Pascua A
Textos de un Laico
28 marzo 2008
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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• Las últimas palabras del evangelio de hoy (Juan, 20, 19-31) resumen una de las ideas de las lecturas de este domingo. “Otras muchas señales milagrosas hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero ellas no están escritas en este libro. Se escribieron éstas para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.”

Es una cuestión de creer y el evangelio lo narra con el pasaje de Tomás, el discípulo que se negaba a creer hasta no ver y a quien Jesús llama a ver sus manos y meter la mano en su costado.

Quizá podamos imaginar la reacción de Tomás cuando Jesús mismo le dice eso: una gran reacción de arrepentimiento por no haber creído y por eso de desconsuelo y de incluso amargura, pero al mismo tiempo alegría y gozo, a niveles indescriptibles. Tal vez pueda ser ésta la reacción misma nuestra en este momento: el dolor de haber pecado, es decir, de no haberle reconocido, ni tenido fe, pero al mismo tiempo la dicha y el contento de sentirse perdonados por él.

Jesús está allí para ser creído y eso depende de nosotros, aunque no lo veamos con nuestros ojos físicos. Las obras de Jesucristo están allí, a la luz de todos, y para que nosotros las usemos como medios para creer. Y si acaso en algún momento faltamos a su llamada, sabemos que creyendo en él, volveremos a él. Es tener fe, es creer en él, es entenderlo como hijo de Dios, como nuestro salvador.

• De la salvación es de lo que habla San Pedro en su carta primera (1, 3-9) cuando dice, “Porque ustedes tienen fe en Dios, él los protege con su poder, para que alcancen la salvación que les tiene preparada y que él revelará al final de los tiempos.” Y añade que “la fe es más preciosa que el oro.”

Habla de la fe que puede tener quien no ha visto a Jesús. “A Cristo Jesús ustedes no lo han visto y, sin embargo, lo aman; al creer en él ahora, sin verlo, se llenan de una alegría radiante e indescriptible, seguros de alcanzar la salvación de sus almas, que es la meta de la fe.” Son éstas, palabras claves que introducen elementos que explican eso que se nos pide en el evangelio de hoy, creer.

Sin haberlo visto, creemos en él y le amamos, lo que es causa de regocijo enorme, el mayor que pueda tener ser humano. La fe, en otras palabras da alegría y dicha como ninguna otra cosa puede producirlas. Hace esto por una sencilla razón, la salvación de las almas es la meta de la fe. Nuestra salvación será eterna, una vida eterna junto a Dios.

• Esta felicidad terrenal es la que narra el pasaje de Los Hechos de los Apóstoles (2, 42-47). “… todos los hermanos acudían asiduamente a escuchar las enseñanzas de los apóstoles, vivían en comunión fraterna y se congregaban para orar en común y celebrar la fracción del pan… vivían unidos y lo tenían todo en común… y comían juntos, con alegría y sencillez de corazón. Alababan a Dios y toda la gente los estimaba.”

Este es el tipo de vida terrenal que inspira la fe en Dios y tiene gran parecido a lo que estamos ahora mismo haciendo en esta misa. Estamos literalmente frente a un apóstol de Jesucristo, estamos escuchando sus enseñanzas y también estamos celebrando la fracción del pan. Más aún, debemos tener fe en Dios pues hemos venido aquí por propia voluntad. La ocasión es de alegría, de sentir el más grande gozo que jamás puede experimentar el ser humano… sí, ahora mismo, en este momento.

Todo por creer en Jesús como el Mesías, que es lo que nos pide el evangelio de hoy, sin haberlo visto. Se trata de entender la resurrección de Cristo como una esperanza propia, la de nuestra vida eterna junto a él… y nada, absolutamente nada, puede producir más alegría que eso.


La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.

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Eclesiastés 3

1 Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa

bajo el sol:

2 un tiempo para nacer y un tiempo para morir,

un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado;

3 un tiempo para matar y un tiempo para curar,

un tiempo para demoler y un tiempo para edificar;

4 un tiempo para llorar y un tiempo para reír,

un tiempo para lamentarse y un tiempo para bailar;

5 un tiempo para arrojar piedras

y un tiempo para recogerlas,

un tiempo para abrazarse

y un tiempo para separarse;

6 un tiempo para buscar

y un tiempo para perder,

un tiempo para guardar y un tiempo para tirar;

7 un tiempo para rasgar y un tiempo para coser,

un tiempo para callar y un tiempo para hablar;

8 un tiempo para amar y un tiempo para odiar,

un tiempo de guerra

y un tiempo de paz.





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