Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
3 Domingo Cuaresma A
Textos de un Laico
22 febrero 2008
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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• La primera lectura, del Éxodo (17, 3-7) cuenta cómo Moisés enfrenta las dudas del pueblo de Israel en el desierto, incluso una rebelión, quejándose de sed. Moisés, sin dudar, acude al Señor en busca de ayuda y recibe instrucciones: debe golpear una peña para que de ella brote agua y el pueblo no sólo calme su sed, sin también deje de dudar.

• En el Evangelio de San Juan (4, 5-42) se narra el episodio de la mujer de Samaria a quien Jesús pide agua. Sentado cerca de un pozo Jesús descansa, solo, cuando llega esa mujer. Por ser samaritana y no tratar con judíos, ella se sorprende y Jesús comienza a hablarle y le cambia los papeles: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él y él te daría agua viva.”

Palabras que en la mujer causan escepticismo y hacen que Jesús añada: “El que bebe de esta agua volverá a tener sed. Pero el que bebe del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial capaz de dar vida eterna.” A lo que la mujer responde sin dudarlo, “Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla.” Continúa el diálogo culminando con la mujer hablando de Jesús a otros, tanto que los samaritanos que acudieron al lugar creyeron en él y le rogaron que se quedara allí más tiempo.

Las dos lecturas tienen en común el elemento del agua, un símbolo muy claro de la vida. El pueblo en el desierto y la mujer de Samaria son pintados por las lecturas como seres con necesidad de vivir y para ello requieren agua. E igualmente en ambas lecturas, es Dios quien viene a salvar. En el desierto, el agua calma la sed pero también, debemos suponer, tranquiliza a las personas. Dios no se ha olvidado de ellas.

Pero en el evangelio hay algo más de fondo. Ya no es simplemente agua, sino “agua viva” y quien la bebe jamás tendrá sed. Ya no es el agua que salva la vida terrenal, sino el agua que salva para la vida eterna. Es así que Jesús nos quiere hacer que le veamos como salvador.

• Y eso es precisamente lo que en otras palabras dice San Pablo en su carta (Romanos, 5, 1-2, 5-8). Dice, “Cristo murió por nosotros… la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores.” Sin la metáfora del agua y con palabras directas que van al grano, Pablo nos lo dice sin rodeos. Cristo se ha sacrificado por nosotros para abrirnos al camino a la salvación eterna.

Las tres lecturas son muy importantes en la preparación que la Cuaresma nos brinda para entender la razón misma de Jesucristo, su muerte y su resurrección. Dice Pablo, “Por mediación de nuestro Señor… hemos obtenido… la entrada al mundo de la gracia…” El aviso es claro y Jesús lo pone en palabras que todos comprendemos: es él como el agua que necesitamos para vivir, sin ella morimos inevitablemente, pero no es agua común es agua viva que después de beber quita la sed por siempre.

En el salmo de este domingo, se hace un ruego al Señor, se le pide, “Señor, que no seamos sordos a tu voz,” que no tengamos el corazón duro como lo tuvieron en el desierto, cuando se dudó del Señor. Ante Dios no hay que tener dudas. Él es esa agua viva. Y, lo mejor de todo, quiere que bebamos de ella. Quiere Dios quitarnos la sed eternamente. Quiere que estemos con él por siempre, vivos, junto a él.

No es una invitación forzada. Dios deja la decisión de aceptarla a nosotros. No fuerza él a la samaritana a beber, sencillamente la anima con la más grande promesa que haya recibido ser humano y ella acepta porque no fue sorda a la voz de Jesús. Por esto, quedémonos con una idea principal en estas lecturas: Jesucristo nos invita y debemos atender esa invitación.

La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.

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Eclesiastés 3

1 Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa

bajo el sol:

2 un tiempo para nacer y un tiempo para morir,

un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado;

3 un tiempo para matar y un tiempo para curar,

un tiempo para demoler y un tiempo para edificar;

4 un tiempo para llorar y un tiempo para reír,

un tiempo para lamentarse y un tiempo para bailar;

5 un tiempo para arrojar piedras

y un tiempo para recogerlas,

un tiempo para abrazarse

y un tiempo para separarse;

6 un tiempo para buscar

y un tiempo para perder,

un tiempo para guardar y un tiempo para tirar;

7 un tiempo para rasgar y un tiempo para coser,

un tiempo para callar y un tiempo para hablar;

8 un tiempo para amar y un tiempo para odiar,

un tiempo de guerra

y un tiempo de paz.





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