Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
3 Domingo de Pascua A
Textos de un Laico
4 abril 2008
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
Catalogado en:


• La primera de las lecturas de este domingo presenta el gran tema de esta parte del año, la resurrección. En los Hechos de los Apóstoles (2, 14.22-33) las palabras de San Pedro son claras y directas, “Conforme al plan previsto y sancionado por Dios, Jesús fue entregado… para clavarlo en la cruz. Pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte, ya que no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio.”

Es la victoria sobre la muerte y la misma idea que contiene también una parte del Salmo Responsorial, “Por eso se me alegran el corazón y el alma y mi cuerpo vivirá tranquilo, porque tú no me abandonarás a la muerte ni dejarás que sufra yo la corrupción.” La resurrección, lógicamente, crea ese sentimiento del que habla el salmo, de alegría y de gozo. Dios no nos abandona a la muerte. ¿Cómo podría hacerlo si somos hijos suyos? ¿Qué padre abandona a sus hijos?

• Las palabras de Pedro continúan en su carta primera (1, 17-21) insistiendo en la idea, “Por Cristo, ustedes creen en Dios, quien lo resucitó de entre los muertos y lo llenó de gloria, a fin de que la fe de ustedes sea también esperanza de Dios.” A lo que añade de nuevo la idea de que todo es parte del plan divino, diciendo que hemos sido salvados “con la sangre preciosa de Cristo… al cual Dios había elegido desde antes de la creación del mundo y por amor lo ha manifestado…”

Poniendo juntas ambas lecturas tenemos varios elementos. Primero, Dios tiene un plan de salvación, previsto desde toda la eternidad. Segundo, ese plan fue realizado mediante la entrega y sacrificio del mismo Jesús. para mostrar su amor paterno y enseñarnos el camino de nuestra salvación, de nuestra resurrección eterna. Y tercero, desde luego, la victoria final sobre la muerte.

• El evangelio de hoy (Lucas 24, 13-35) narra un pasaje que bien puede describir nuestra vida. Dos de los discípulos caminan juntos y encuentran a Jesús, pero no lo reconocen. Caminan tristes, dados los sucesos de la crucifixión y muerte de su maestro, aunque han oído que su cuerpo desapareció de la tumba en la que fue puesto. Hablan con Jesús, aún sin reconocerle, comentando sobre su maestro. Y Jesús les da una reprimenda por no creer, por no entender lo dicho en las escrituras y los embelesa con sus explicaciones, tanto que le piden que permanezca con ellos.

Y lo reconocen hasta que sentados en la mesa, Jesús bendice el pan, lo parte y se los da. Es entonces cuando se dan cuenta de por qué su “corazón ardía mientras nos hablaba.”

Con facilidad podemos identificarnos con esos apóstoles, caminando, yendo a algún lugar, el que sea, y en el camino encontrando al mismo Jesús pero sin darnos cuenta que es él. Es decir, en nuestra vida debemos estar pendientes de esa aparición de Jesús; no hay la menor duda de que se nos hará presente de alguna manera y para ello debemos estar pendientes para reconocerle de inmediato. Y si no podemos reconocerle por la razón que sea, este pasaje nos sugiere algo muy concreto, la fracción del pan, es decir, la comunión misma.

Es allí que las dudas desaparecen y reconocemos a Jesús. Es decir, en nuestra conducta diaria debemos de alimentarnos de ese pan que da vida. Sin la comunión, para nosotros los católicos, no podrá haber real reconocimiento de Jesús. Y, desde luego, se trata de dar espacio y oportunidad para que él nos hable y se acerque a nosotros.

Si las dos lecturas primeras y el salmo nos dan ese mensaje de vida eterna y resurrección como parte del plan de Dios, lo que el evangelio hace es mostrarnos que está en nosotros el crear esa oportunidad de escuchar a Dios. No puede haber duda de que en nuestra vida de mil maneras diferentes Jesús nos acompañará, como a esos discípulos que le pidieron que se quedara con ellos, aunque podían sencillamente haberle dejado ir. La lección es sencilla, una vez que estemos con Jesucristo, no le dejemos ir. Pidámosle que se quede con nosotros y haremos eso participando con la fracción del pan, que es cuando realmente entrará en nosotros para quedarse tanto como el dejemos.

Y veremos que entonces nuestro corazón arderá, como el de los apóstoles, con alegría porque gracias a él habremos conquistado a la muerte para tener vida eterna junto a nuestro Padre.


La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.

&&&&&&

Eclesiastés 3

1 Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa

bajo el sol:

2 un tiempo para nacer y un tiempo para morir,

un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado;

3 un tiempo para matar y un tiempo para curar,

un tiempo para demoler y un tiempo para edificar;

4 un tiempo para llorar y un tiempo para reír,

un tiempo para lamentarse y un tiempo para bailar;

5 un tiempo para arrojar piedras

y un tiempo para recogerlas,

un tiempo para abrazarse

y un tiempo para separarse;

6 un tiempo para buscar

y un tiempo para perder,

un tiempo para guardar y un tiempo para tirar;

7 un tiempo para rasgar y un tiempo para coser,

un tiempo para callar y un tiempo para hablar;

8 un tiempo para amar y un tiempo para odiar,

un tiempo de guerra

y un tiempo de paz.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras