Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
3er Domingo Ordinario A
Textos de un Laico
25 enero 2008
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
Catalogado en:


• La primera lectura (Isaías, 8. 23-9, 3) habla de “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz” a lo que de inmediato añade, “Sobre los que vivían en tierra de sombras, una luz resplandeció.” Sin duda, la luz es el elemento central, la luz que llega al lugar que había oscuridad y que de inmediato es ligada a una ocasión de alegría.

“Engrandeciste a tu pueblo e hiciste grande su alegría. Se gozan en tu presencia… Porque tú quebrantaste tu pesado yugo, la barra que oprimía sus hombros…” Es una luz que no sólo ilumina, sino que también libera al que estaba en tinieblas. Es una imagen poderosa, muy usada para hablar de Dios y con muchas connotaciones, como el poder ver, el saber por dónde se camina, el reconocer dónde se está, el saber quién está junto, el saber a dónde ir.

• En el evangelio (Mateo 4. 14-23), Jesús camina por el mar de Galilea y ve a Pedro y a Andrés. Ambos estaban ocupados en sus labores diarias, como pescadores. Y Jesús les dijo, “Síganme y los haré pescadores de hombres.” Estas palabras son exactamente como la luz que llega al país de las sombras, a la persona que está a oscuras y puede ahora ver.

Las palabras del evangelista son maravillosas. Después de que Jesús les dice eso, ambos “inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.” Para que no haya dudas, Mateo repite la historia, ahora con el caso de otros apóstoles. Dijo Jesús a Santiago y Juan lo mismo y “Ellos, dejando enseguida la barca y a su padre, lo siguieron.”

Puede verse a esos pescadores, metidos en sus labores diarias, ocupados todo el día sin otra cosa en qué pensar que lo cotidiano. Seguramente sin ser capaces de ver más allá de lo que la escasa luz de lo diario permite ver. Pero resulta que repentinamente todo se ilumina, Jesucristo que es luz llega a ellos y les hace una invitación: les dice que lo sigan. Es una invitación que respeta la decisión de los pescadores. No los obliga. sencillamente los alumbra. Y sin titubeos, los cuatro pescadores dejan todo y le siguen de inmediato.

Es tal la intensidad de esa luz y permite ver tanto, que esos cuatro le siguen sin que medie espera alguna. La normal situación humana, quizá, hubiera dicho, ‘Sí te sigo, Señor, pero déjame acabar de arreglar estas redes y despedirme de los míos.’ Nada de eso sucede. Dejan ellos todo en ese instante, a las redes, a la barca, al padre y van a seguir a Jesús. Tal es la intensidad de lo que podemos ver cuando somos iluminados por Él.

• La segunda lectura de Pablo en su primera carta a los corintios (1, 10-13.17) presenta un pequeño suceso de la vida diaria de una comunidad de creyentes en la que obviamente hay un problema. Dice Pablo, “Me he enterado… de que hay discordia entre ustedes… cada uno de ustedes ha tomado partido diciendo ‘yo soy de Pablo’, ‘yo soy de Apolo’, ‘yo soy de Pedro’, ‘yo soy de Cristo’.” Con eso, la carta muestra un caso en el que la luz ha dejado de iluminar, los hombres se han cegado.

A lo que Pablo propone esa pregunta, “¿Acaso Cristo está dividido?” Y es que, parece que al dividirnos y separarnos la luz deja de iluminarnos y volvemos al país de las sombras. Es como si cerráramos los ojos a la luz y quisiéramos así andar sin saber donde pisamos. De seguro caeremos.

Colocadas muy poco tiempo después de Navidad, las lecturas nos recuerdan que Jesucristo ha llegado a nosotros y que él es la luz que nos ha liberado. Él está aquí, ya, con su intensa luz y sin duda diciendo a cada uno de nosotros, “Ven y sígueme.” Cuestión solamente de abrir los ojos de nuestra alma y no dejar que las ocupaciones diarias nos ocupen tanto que dejemos de ver la luz de Dios en Jesús.

El salmo de este domingo resume esto con palabras preciosas, “El Señor es mi luz y mi salvación.” En la oscuridad se padecen miedos y temores, con la luz de Dios “¿a quién podré tenerle miedo?… ¿quién podrá hacerme temblar?”Reuniendo estas ideas con el salmo del domingo anterior, bien podremos este domingo expresar una plegaria que se convierta en nuestra petición diaria, “Aquí estoy, Señor, eres mi luz.”


La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.

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Eclesiastés 3

1 Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa

bajo el sol:

2 un tiempo para nacer y un tiempo para morir,

un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado;

3 un tiempo para matar y un tiempo para curar,

un tiempo para demoler y un tiempo para edificar;

4 un tiempo para llorar y un tiempo para reír,

un tiempo para lamentarse y un tiempo para bailar;

5 un tiempo para arrojar piedras

y un tiempo para recogerlas,

un tiempo para abrazarse

y un tiempo para separarse;

6 un tiempo para buscar

y un tiempo para perder,

un tiempo para guardar y un tiempo para tirar;

7 un tiempo para rasgar y un tiempo para coser,

un tiempo para callar y un tiempo para hablar;

8 un tiempo para amar y un tiempo para odiar,

un tiempo de guerra

y un tiempo de paz.





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