Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
4 Domingo de Pascua A
Textos de un Laico
11 abril 2008
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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• La primera de las lecturas de este domingo (Hechos de los Apóstoles, 2, 14.36-41) contiene palabras de Pedro y son ellas un llamado claro a cada uno de nosotros. Nos dice que debemos saber “con absoluta certeza que Dios ha constituido Señor y Mesías al mismo Jesús…” Y sobre esta base contesta la pregunta que nos hacemos, ¿cómo reconocerle y seguirle?

Pedro le da respuesta con palabras sencillas, “Arrepiéntanse y bautícense en el nombre de Jesucristo para el perdón de sus pecados y recibirán el Espíritu Santo…” Eso es lo que debemos hacer por principio si es que deseamos reconocer y seguir a Jesús. Y así se presenta un tema común a las lecturas de este domingo, seguir a Jesús.

• En el evangelio (Juan 10, 1-10) la idea continúa con la imagen de las ovejas que siguen al pastor reconociendo su voz, pero no seguirán a un extraño porque no le conocen. Tenemos pues, de nuevo, esos dos verbos, reconocer y seguir a Jesús, quien en esta lectura se coloca como la puerta por la que entran las ovejas. “Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas…. quien entre por mí, se salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos… Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.”

• En la segunda lectura, que es la primera carta de san Pedro, está la imagen de las ovejas de nuevo. Allí dice el apóstol, “… porque ustedes eran como ovejas descarriadas, pero ahora han vuelto al pastor y guardián de sus vidas.”

Se insiste en esa misma idea en la aclamación antes del Evangelio, “Yo soy el buen pastor, dice el Señor, yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí.”

Reuniéndose esas ideas de las lecturas, podemos entender un mensaje de optimismo muy propio de la época de Pascua. Ante todo, reconocemos a Jesucristo como nuestro Señor y Mesías y al hacerlo resulta lógico que le sigamos. Para hacerlo necesitamos, como dice Pedro, arrepentirnos y bautizarnos, es decir, limpiarnos de las faltas que tenemos. En Jesucristo iremos, guiados por él a la vida verdadera.

La imagen de la vida en Jesucristo nos la da el salmo responsorial, cuando decimos, “El Señor es mi pastor, nada me faltará.” A lo que añade palabras hermosas, “… en verdes praderas me hace reposar… me guía por el sendero recto… me unges la cabeza con perfume y llenas mi copa hasta los bordes… Tu bondad y tu misericordia me acompañarán…”

Todas las lecturas se unen en un llamado a cada uno de nosotros en lo personal, a cada una de las ovejas que conoce una por una Jesucristo. Nos pide seguirle y nos promete esa tierra de bendiciones y abundancia. Y, sin complicaciones, nos da instrucciones para seguirle, reconocerle y arrepentirnos de nuestras faltas. No hay duda, Jesús mismo nos llama y está en nosotros responderle.

¿Cómo responder el llamado de Dios mismo? Primero, reconocer su voz y al hacerlo, seguir esa voz, seguir las huellas de Jesús como dice Pedro en su carta. Es el camino del bien. La alternativa es la de la oveja descarriada, que no tiene pastor, que no sabe dónde ir, que se ha perdido en el camino del mal.

Quizá algunas veces, en lo personal, muchos nos sintamos sin dirección en nuestra vida e incluso pensemos que Dios nos ignora. Las lecturas de este domingo nos dicen, con absoluta certeza, que Dios nos llama. Nos llama a uno por uno, individualmente y ese llamado es real. Si acaso creemos estar solos en algún momento, abandonados por todos, estas lecturas nos aclaran que ese sentimiento es falso, que Jesucristo esta siempre llamando a cada uno de nosotros. Conoce a las ovejas una por una.

Está, pues, en nosotros tomar ese primer paso y orar desde lo más profundo de nuestra persona reconociendo a Jesucristo como Dios, como el pastor al que seguiremos sin condición.


La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.

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Eclesiastés 3

1 Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa

bajo el sol:

2 un tiempo para nacer y un tiempo para morir,

un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado;

3 un tiempo para matar y un tiempo para curar,

un tiempo para demoler y un tiempo para edificar;

4 un tiempo para llorar y un tiempo para reír,

un tiempo para lamentarse y un tiempo para bailar;

5 un tiempo para arrojar piedras

y un tiempo para recogerlas,

un tiempo para abrazarse

y un tiempo para separarse;

6 un tiempo para buscar

y un tiempo para perder,

un tiempo para guardar y un tiempo para tirar;

7 un tiempo para rasgar y un tiempo para coser,

un tiempo para callar y un tiempo para hablar;

8 un tiempo para amar y un tiempo para odiar,

un tiempo de guerra

y un tiempo de paz.





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