Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Aclarando a Aristegui
Eduardo García Gaspar
22 enero 2008
Sección: DERECHOS, LIBERTAD CULTURAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Un tema reciente fue la salida de Carmen Aristegui de Radio W, donde conducía un noticiero de comentarios en la capital de México. Se ha dicho que esa salida fue un acto de censura por parte de la estación, debido a oscuros intereses y presiones de gobierno.

Uno de los intelectuales, el historiador L. Meyer dijo que, “Les resultó molesta Carmen a unas empresas y a un gobierno. El gobierno [mexicano] no ha dicho nada… sabemos que a quien lo preside no le gustaba Carmen”.

El sábado pasado, ese historiador y el columnista M. A. Granados Chapa, más unas 300 personas, según se reporta, manifestaron su protesta por esa salida.

Hasta aquí no veo nada fuera de lo normal. Por un lado una estación decide despedir a una conductora y otras personas protestan esa decisión.

Las dos partes están en su derecho a hacer lo que hicieron. Pero lo interesante está en otra parte.

Un día alguien me dijo que los intelectuales suelen ser, muchos de ellos, los de menor sentido común. Puede ser. En este caso, se reportó que esos intelectuales urgieron a respetar los derechos a la libre expresión y el de las audiencias a estar informadas.

En concreto, pidieron que Aristegui vuelva a ese programa, argumentando que los oyentes se sienten sin ella, “solos, faltos de su voz”  (palabras de Granados Chapa).

Se argumentó que fue violado el derecho de las audiencias a escuchar a Aristegui y que, por eso, las otras estaciones deben abrirle un espacio, o bien vuelva a su antiguo programa. Y se pidió a los propietarios de Radio W, Televisa y Prisa, que expliquen la salida de la conductora.

Ante lo anterior, conviene aclarar las cosas evitando caer en el vicio de tratar de corregir una cosa cometiendo otro error.

La salida de la conductora es aceptable si se trata de una acción tomada por los propietarios. Si no la querían más, allá ellos y las consecuencias de sus actos. Los medios venden espacios comerciales y les interesa tener audiencias grandes.

Si Aristegui lo lograba o no, eso es una cuestión de derechos de propiedad. Igual que mi derecho a seleccionar quién entra en mi casa.

Forzar a la recontratación de la conductora sería una violación del derecho de propiedad de los dueños de la estación. No puede alegarse que el derecho a escucharla debe prevalecer, porque no se le ha impedido hablar. Ella lo puede seguir haciendo, como en su programa de CNN. Puede escribir y lo hace en Grupo Reforma.

Lo único que ha pasado es que los propietarios de una estación terminaron su relación con ella. Lo mismo que puede suceder cuando los dueños de los medios en los que se publica esta columna me digan que ya no la quieren. Ellos son los dueños, yo no.

Hablar del derecho a escuchar a la conductora es chatarra intelectual y no puede justificarse así que se fuercen contrataciones en medios que no la desean. Ni usted ni yo podemos argumentarle a Radio W, ni a nadie más, que los demás tienen derecho a escucharnos y por esos obligarles a darnos un programa de radio.

La cuestión hasta aquí es bastante sencilla y no merece el volumen que se le ha dado en los medios. Podría ser que en todo esto exista el síndrome de los conductores de programas de noticias convertidos en celebridades artísticas.

El punto serio del tema, sin embargo, es otro. ¿Hubo influencia de la autoridad en el despido de Aristegui? No lo sabemos. la misma conductora escribiendo al respecto una columna no dice nada sobre el tema específico.

En conclusión, los propietarios de los medios tienen derechos similares a los del resto, para dejar entrar en sus propiedades a quienes ellos desean. Violar ese derecho sería equivalente a violar a la propiedad privada y nadie quiere eso. ¿Tuvo malas consecuencias el despido? Allá Radio W y sus decisiones, ellos perderán o ganarán.

El problema surgiría si existiese prueba de influencia gubernamental, pero ni la misma conductora ha dado pruebas. También podría existir una violación de derechos si a ella o a otros se les impidiera hablar, escribir, publicar.

Ya que la conductora escribe en una cadena de diarios y tiene un noticiero en televisión, lo más razonable es suponer que ese derecho no ha sido violado.

Post Scriptum

Sobre los hechos, en una columna reciente, Carmen Aristegui, escribió una columna El Derecho de las Audiencias (18 enero, Grupo Reforma), que examino brevemente.

• La primera parte de ella está dedicada a señalar la “enorme cantidad de manifestaciones de solidaridad y aprecio que” ella ha recibido por causa de su despido de Radio W.

Habla de la ”brutalidad del silenciamiento” y de “una auténtica necesidad social de revisar el estado de las cosas sobre nuestros derechos fundamentales y de todo aquello que conspira para que podamos ejercerlos a plenitud”.

• Habla de otros profesionistas afectados y del gran éxito de su programa. Pero añade algo notable:

“… un derecho no reconocido en nuestras legislaciones: el derecho de las audiencias. El derecho a recibir información que resulte confiable y el derecho a mantener un vínculo de comunicación que debe ser respetado… los legisladores están más obligados que nunca para dotar al país de un marco legal que permita, garantice y estimule la competencia, la pluralidad, los derechos de las audiencias y de los profesionales, entre otras muchas cosas. Se trata de poner por delante el derecho de todos frente al de las grandes corporaciones”.

El tema merecía un mejor tratamiento, más claro. Si el despido es un acto de censura, las pruebas deben ser mencionadas, con detalles concretos. La conductora perdió la oportunidad de hacerlo. Y, más importante aún, su reclamo es vago.

Por un lado, expresa cosas que son positivas, como estimular a la competencia en medios, algo en lo que México no se distingue. Pero hablar de los derechos de las audiencias puede llevar a situaciones peligrosas, como la intervención gubernamental en los medios, oficial y aprobada, que llevaría a peligros aún mayores.

    La libertad de expresión es tan valiosa que su defensa debe ser prudente, como no lo ha sido la suya, ni la de los intelectuales que la apoyan. El sistema de estrellas es aplicable a Hollywood y las películas, no a la defensa de la libre expresión.


    ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información para el interesado en buscar ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.



    2 Comentarios en “Aclarando a Aristegui”
    1. Acusados Sin Pruebas | Contrapeso
    2. Acusados Sin Pruebas




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