Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Anticomunismo y Capitalismo
Selección de ContraPeso.info
1 noviembre 2008
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: AmaYi
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Comprender la sobre vivencia de tesis socialistas presenta un reto difícil: debe encontrarse una explicación del mantenimiento de ideas que en la práctica han fracasado una y otra vez, que han producido abusos totalitarios terribles y ante las que existe una alternativa muy superior.

Mises ofrece una explicación paradójica: la supervivencia del socialismo se debe a los anticomunistas. Quienes atacan al comunismo son sus promotores. Al menos unos de ellos, quienes creen poder hacer distinciones imposibles para ponerse al mando.

La idea resumida en esta carta fue encontrada en Mises, Ludwig von (1972). THE ANTI-CAPITALISTIC MENTALITY. South Holland, Ill. Libertarian Press, Chapter V, “Anticommunism” versus Capitalism pp 84-89.

Las escasas páginas de esa obra que son resumidas aquí colocan el dedo en un punto medular, el del clima intelectual, quienes lo forman y quienes se dejan llevar por él.

Inicia Mises el capítulo con una consideración: nunca y en ninguna parte la vida es estable ni inmóvil, está siempre en transición. La vida humana es un proceso que nunca está en reposo.

Nos engañamos al creer que la existencia no tiene cambios, como en las visiones utópicas que pretenden encontrar un fin a la historia al establecer una calma final y permanente en la que todo ha sido solucionado.

La causa de ese engaño es obvia: cada cambio en las condiciones de vida nos fuerza a ajustarnos a ellas, lastima a los intereses creados y amenaza a las condiciones existentes de producción y consumo. Además, el cambio molesta a quienes son intelectualmente inertes y no quieren cambiar sus modos de pensar.

El cambio crea resistencia entre quienes no desean mejorar sus condiciones y la ausencia de cambio es un objetivo deseado por ellos.

En esto tienen uso los calificativos de “conservador” y “reaccionario”, aplicado generalmente a partidos conservadores, pero ignorando que la actitud reaccionaria es aplicable a otros casos: los gremios que impiden la entrada a nuevos competidores, los agricultores que piden protección aduanal y subsidios, los asalariados hostiles a las innovaciones y otros casos similares.

Menciona ahora el autor a los literati y artistas que desprecian la actividad mercantil como una cosa de lucro anti-intelectual, aunque en realidad los hombres de negocios tienen más habilidades mentales e intuición que esos que los critican.

Por su propia inferioridad, los intelectuales no se dan cuenta de la necesidad de razonamiento y capacidades que son necesarias para crear y mantener un negocio. Estos intelectuales son uno de los fenómenos menos bienvenidos del moderno capitalismo, a los que Mises dedica muy fuertes calificativos.

Son ellos una molestia y a nadie resultaría dañado al evitar que los intelectuales manifestaran esas ideas simplistas; pero la libertad es una, y acallarlos significaría incrementar el poder de las autoridades decidiendo lo que debe o no decirse.

Quizá incluso no funcionaría para erradicar a esos inútiles, pero pondría una serie de fuertes obstáculos al desarrollo de la creatividad de otras personas.

El precio que debe pagarse por la buena acción de los innovadores y los pioneros creativos es la existencia de esos intelectuales y artistas estériles. La libertad debe darse a todos, incluyéndolos a ellos so pena de afectar los beneficios de la innovación y el genio.

Además, lo que ellos opinan no es causa de desastre, sino la realidad de un público que los escucha y es influido por ellos. Ellos moldean a la opinión y la gente quiere considerarse al día en las modas intelectuales.

Después de esa fuerte introducción al capítulo, Mises ilustra su idea con un caso concreto, el de George Sorel. El sindicalismo de Sorel, dice, y su entusiasmo por la acción directa ha tenido influencia, cautivando a los literati europeos.

Y fue una fuerza que radicalizó a los movimientos subversivos. Influyó en el antisemitismo, el bolchevismo ruso, el fascismo italiano y los movimientos juveniles alemanes que formaron el nazismo.

Provocó que los partidos políticos que competían en elecciones se transformaran en facciones que usaban bandas armadas. Se burló de los gobiernos democráticos, las instituciones y la seguridad burguesa. Fomentó la violencia y la guerra, civil y externa con su eslogan de violencia y más violencia.

Los intelectuales popularizaron esas ideas, aunque contenía un elemento anti-intelectual, pues para Sorel lo que cuenta es la acción, no el razonamiento: la violencia por la violencia misma, luchando por un mito y sin enfrentar críticas posibles. No debe pensarse, sólo actuar; no razonar, matar; destruir lo que existe.

La difusión de esas ideas, dice Mises, no es culpa de Lenin, ni de los discípulos de Sorel, ni de Mussolini, de de los intelectuales irresponsables.

Esa pseudo filosofía destruccionista tuvo influencia porque durante décadas nadie se atrevió a examinarla críticamente. Y quienes no la apoyaban, llegaron incluso a tener interpretaciones que mostraban simpatía por las peores realidades de los dictadores.

Las objeciones iniciales fueron tímidas y provinieron de intelectuales que apoyaban esos regímenes pero que se dieron cuenta que ese apoyo no era garantía de inmunidad al castigo y la tortura.

Existe hoy, continúa Mises en esta obra de 1972, un frente anticomunista al que califica de falso.

Son los anti-comunistas liberales que creen poder distinguir entre comunismo y socialismo y quienes apoyan al socialismo no comunista.

Son los que creen tener razón en su intento al emplear otros nombres, sinónimos del socialismo, como estado de bienestar y planificación.

Insiste Mises en definirlos, ahora como los que rechazan las ideas “rojas” de la revolución y sus aspectos dictatoriales, al mismo tiempo que ensalzan a Marx como el gran economista, filósofo, sociólogo y benefactor de la humanidad.

Y lo hacen en libros, universidades, revistas. Intentan vendernos la idea de un “totalitarismo no totalitario” en palabras del autor, algo como un triángulo cuadrado. Quieren hacérnoslo ver como la medicina de todos los males.

Estos anticomunistas odian al capitalismo mucho más que al comunismo, justificando los salvajes actos del comunismo ante las horrores que ellos ven en capitalismo. Quieren al final combatir al comunismo convenciendo sobre las bondades del Manifiesto Comunista.

No combaten al comunismo en realidad, sino al comunismo en el que ellos no están al mando. Lo que desean es colocarse en el poder, quitarse de encima a sus opositores y quedarse al frente, lo que sólo podrá lograrse con un sistema autócrata.

Un movimiento anti-algo es representante de una posición negativa que no puede tener éxito: sus invectivas en realidad promueven lo que atacan. Cuando se lucha por algo, eso no puede ser sólo el rechazo del algo.

La desilusión con el comunismo, por sus fallas y abusos, indica que el socialismo tendría una nula oportunidad de subsistir. Excepto por un factor, ese falso anticomunismo. La solución es el apoyo irrestricto al capitalismo, dejando de ser cautivados por las ideas socialistas que aparecen con nuevos ropajes.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.





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