Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Balkan-Bolivia
 
21 octubre 2008
Sección: NACIONALISMO, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Román D. Ortiz. Agradecemos al autor el amable permiso de publicación. El autor es analista político y coordinador del Área de Estudios de Seguridad y Defensa de la Fundación Ideas para la Paz. La idea central del escrito es examinar al regimen de Evo Morales en uno de sus rasgos ideológicos: la separación política de los ciudadanos de acuerdo con su raza.

Si hubiese que culpar a un único factor de la violencia que ha marcado a Europa durante el último siglo, sin duda, todos los dedos señalarían hacia el nacionalismo étnico. La movilización política en función de la defensa de los supuestos derechos de un grupo racial a apropiarse de un territorio, imponer una cultura o monopolizar un gobierno ha servido de base para impulsar algunos de los proyectos ideológicos más letales de la historia reciente.

Nacionalismo étnico fue el motor detrás del genocidio armenio cometido por los turcos durante la Primera Guerra Mundial. Desde luego, fueron este mismo tipo de ideas las que alentaron y justificaron el holocausto nazi.

Y también fue el irredentismo racial el argumento de Slobodan Milosevic para poner en marcha su proyecto de limpieza étnica en los territorios de la antigua Yugoslavia. Visto desde esta perspectiva, parece claro que la ausencia de proyectos etnonacionalistas fue una fortuna para América Latina que en buena medida explica el relativamente menor número de grandes guerras totales sufridas por el continente. Hasta ahora…

Las cosas han cambiado de forma dramática desde la llegada de Evo Morales al gobierno de Bolivia hace casi tres años. En su carrera hacia el poder, el dirigente cocalero boliviano desplegó un discurso que combinaba vagas ideas socialistas con un fuerte mensaje de reivindicación étnica que demandaba el derecho de la población indígena a tomar las riendas del Estado.

Entonces como ahora, muchos vieron en este proyecto un imprescindible ejercicio de justicia histórica después de que los indígenas –cerca del 60% de la población –hubiesen sido marginados del poder durante toda la historia de la república. Pero lo cierto es que la politización de las diferencias étnicas nunca ha sido una receta para acabar con la exclusión sino más bien para atizar los conflictos interraciales.

De hecho, el etnonacionalismo de Morales dinamito los frágiles equilibrios de la sociedad boliviana en tres sentidos.

• Para empezar, su voluntad de entregar el Estado a los indígenas excluyó de las posiciones claves del gobierno central a los tecnócratas mejor preparados que eran en gran medida blancos o mestizos.

• Además, abrió una fisura insalvable entre las zonas pobres del altiplano de mayoría amerindia y las llanuras orientales más ricas habitadas principalmente por población de origen europeo. Dicho de otra forma, tras la llegada de Morales al poder, los blancos y mestizos de Santa Cruz y las otras provincias del este del país comenzaron a ver con escaso entusiasmo la perspectiva de continuar siendo los principales contribuyentes financieros de un gobierno del que no podían esperar un trato igualitario.

• Finalmente, la administración Morales utilizó su discurso populista para enmascarar una serie de medidas que prometían cambiar los equilibrios étnicos en ciertas regiones del país. Así, el proyecto de reforma agraria impulsado por el presidente boliviano en el oriente de la república incluía la idea de entregar lotes de tierra a indígenas provenientes del altiplano en un movimiento que necesariamente tenía que ser visto por los santacruceños como una amenaza a su identidad.

Para justificar semejante proyecto ideológico, el principal argumento esgrimido por los partidarios de Morales ha sido la fuerza de los votos. Desde su punto de vista, el líder boliviano disfruta de un apoyo mayoritario que le autoriza a dar un giro radical a las reglas de juego políticas del país.

Desde luego, esto ignora olímpicamente el principio del respeto a las minorías como uno de los fundamentos claves de la democracia. Pero es que además el comportamiento del presidente y sus seguidores esta muy lejos de ser un ejemplo de pulcritud democrática.

Para abrirle camino al poder, el Movimiento Al Socialismo (MAS) como partido del mandatario boliviano recurrió a una cuidadosamente orquestada estrategia de violencia organizada de masas que incluyó el desarrollo de disturbios a gran escala y el bloqueo sistemático de las vías del país.

El resultado fue el derrocamiento de dos presidentes legítimos como Sánchez de Lozada (2003) y Carlos Mesa (2005). Una vez en el poder, Morales ha continuado aplicando la misma receta. De hecho, el MAS y los milicianos de los “Ponchos Rojos” no han dudado en cercar por hambre aquellas regiones de mayoría opositora y recurrir a las armas para intimidar a aquellos sectores que no les son afines.

La cúspide de esta estrategia ha sido intentar forzar la aprobación de una nueva constitución a la medida del presidente sin la participación de la oposición.

Con estos antecedentes, el respaldo casi unánime otorgado a Morales en la reciente cumbre de UNASUR en Santiago se parece bastante a la decisión de nombrar como jefe de bomberos a un pirómano. La prueba está en la evolución de los hechos en Bolivia durante los últimos días.

Mientras gobierno y oposición se han reunido en Cochabamba bajo la atenta mirada de la ONU, la OEA y la propia UNASUR, columnas de partidarios armados del presidente Morales han avanzado hacia Santa Cruz en un movimiento a todas luces destinado a amenazar a la oposición con un estallido de violencia si no aceptan someterse a las pretensiones del presidente.

Los gobiernos latinoamericanos reunidos en Santiago la pasada semana saben todo esto. Sin embargo, han optado por respaldar al gobierno boliviano en lo que consideran un ejercicio de realpolitik. Desde su punto de vista, cualquier cosa es mejor que la posible división de Bolivia, incluida la consolidación de un régimen ultranacionalista en La Paz bajo el liderazgo de Morales.

Se equivocan. Si no actúan de forma concertada para defender las reglas de juego democrático y forzar a Morales a dar un acomodo a las demandas de la oposición, los sectores que sienten su forma de vida amenazada por el proyecto etnonacionalista del MAS verán la violencia como su única alternativa.

A partir de ese momento, la balcanización de Bolivia será solamente una cuestión de tiempo. Las capitales latinoamericanas deberían ser bien conscientes de que Morales no es la solución. Es el problema.

Nota del Editor

A las ideas de Román D. Ortiz, puede agregarse el comunicado de la Human Rights Foundation que estableció lo siguiente:

NUEVA YORK (8 de octubre de 2008) – La Human Rights Foundation publicó hoy su Informe sobre la situación de los derechos humanos en Bolivia a septiembre de 2008. El informe de 14 páginas aborda las causas de la violencia política que en septiembre ha cobrado la vida de al menos 21 personas y dejado cientos de personas heridas en ese país. El informe fue enviado al Presidente de Bolivia Evo Morales a través de una carta donde se expresa la preocupación de la HRF por la violencia política y por los continuos pronunciamientos del jefe de Estado, que hacen propaganda de la guerra, apología del odio racial, amenazan la libertad de prensa y tienden a agravar la situación de los derechos humanos en Bolivia.

“Es muy grave que el jefe de Estado de un país signatario de la mayor parte de los tratados de derechos humanos esté convocando literalmente a las personas en su territorio a elegir entre su propio proyecto político y la muerte”, dijo Thor Halvorssen, Presidente de la HRF. “En la medida que el discurso oficial del gobierno continúe haciendo propaganda de la guerra y el odio racial entre bolivianos, lamentablemente la situación de los derechos humanos en Bolivia tenderá a empeorar”, finalizó.

El informe concluye que el discurso del gobierno del Presidente Morales consistente en atribuir a los dirigentes políticos departamentales y a las personas opositoras los adjetivos de, entre otros, “racistas”, “fascistas”, “separatistas”, “antipatrias”, y en llamar a “morir” para “defender la revolución”, viola el artículo 13 del Pacto de San José de Costa Rica, que prohibe la apología de la guerra y del odio racial. Asimismo, el informe identifica que, como resultado de un discurso igualmente beligerante, este mes también se han agravado las agresiones físicas contra la prensa a cargo de simpatizantes del gobierno.

De acuerdo al informe, desde el inicio del mandato de Evo morales en el año 2006, es en Bolivia el país donde se ha generado la mayor cantidad de muertes en América Latina por motivos políticos, después de Colombia que enfrenta una larga batalla interna contra la organización terrorista FARC. Las personas fallecidas y heridas durante los días 11, 12 y 13 de septiembre se suman a las más de 40 personas muertas y miles de personas heridas como consecuencia de la violencia política desatada desde que el Presidente Morales asumiera el gobierno. A estas muertes que se habían producido como consecuencia de la acción represiva policial y militar y de la acción consentida de los llamados “movimientos sociales” incitados directamente por el poder ejecutivo, se suman, a partir del 11 de septiembre, las muertes causadas también por personas del bando opositor al gobierno.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural. Tiene una colección de más de tres mil textos.





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