Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Baños De Realidad
Eduardo García Gaspar
20 junio 2008
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Recientemente se ha reportado una noticia: algunas de las partes del gobierno mexicano han comenzado a actuar en contra de la práctica que se conoce como outsourcing. No quieren que las empresas lo practiquen

En resumen, outsourcing es la contratación de servicios a terceros y todos lo hacemos. Usted y yo, por ejemplo, subcontratamos con terceros la producción de zapatos. Lo hacemos porque nos resulta más barato eso que fabricar nosotros mismos esos y muchos otros productos.

La acción del gobierno mexicano va en contra de una de las formas de outsourcing, la de contratación de mano de obra y que tiene como objetivo reducir el costo de personal de la empresa. Esto es una consecuencia muy lógica de la legislación mexicana, que encarece notablemente la creación de empleos.

La queja principal es la de que ciertas empresas, principalmente en el sector de servicios, han usado una estrategia que consiste en contratar personal de sociedades cooperativas, y reducir esos costos de personal. Hasta donde se sabe, nada en las leyes lo prohibe, pero el gobierno juzga que es indebido porque los empleados no tienen un sueldo ni reciben las prestaciones de la ley de trabajo.

Los detalles pueden variar de un caso a otro. También se han dado quejas acerca de los casos en los que las empresas no firman contratos de trabajo con el empleado, sino que pagan sus servicios por medio de honorarios profesionales. En resumen, estamos en presencia de una práctica de negocios que intenta reducir costos de personal, no diferente a la que reduciría otros tipos de costos, para elevar competitividad y tener bienes más accesibles.

Querer que todos los trabajadores del país sean contratados bajo las condiciones que establece la legislación laboral mexicana tiene motivos loables, los de dar a esos trabajadores favores legales considerables (mayores a estándares de EEUU). Pero las intenciones no son suficientes: deben verse las consecuencias de lograr eso que quieren las autoridades mexicanas.

Es afortunado que sepamos con cierta exactitud lo que sucederá en caso de que el gobierno mexicano prohiba el outsourcing de personal: el costo de la mano de obra en el país se elevará. Esto es una realidad innegable y que nos manda a otra consecuencia sabida de antemano: habrá menos empleos.

Cuando sube el precio del tomate, los consumidores compran menos. Cuando sube el precio de la mano de obra, se contrata menos. Esto es real. No tiene nada de ideológico. Es una faceta de la conducta humana que ha sido llamada la Ley de la Oferta y la Demanda. Y ella hace interesante la acción gubernamental: va a realizar acciones que tienen la intención de elevar el bienestar de los trabajadores, pero que causarán una reducción de ese bienestar.

Es el mismo caso de un hombre que conocí ya hace tiempo y que sé que es movido por los más altos intereses que existen en este mundo. Una vez me dijo que la empresa para la que trabajábamos ambos debía elevar los salarios de todos al nivel de una vida digna. Me dijo él que en conciencia él sentía que ésa era una obligación moral.

La situación fue curiosa, porque yo estoy también en conciencia moralmente seguro de no apoyar una medida que sé que va a causar daños graves, creando una situación peor a la original.

Lo que creo que bien vale una segunda opinión es no tanto el detalle de lo reportado en los medios sobre las acciones del gobierno mexicano contra el outsourcing, sino lo que está detrás de casos en los que las buenas intenciones no son justificación legítima. El que apoya ideas como las de elevar los salarios mínimos suele alegar un respaldo moral incuestionable. Y sin embargo, ése es precisamente su punto más débil.

No es comprensible que pueda defenderse moralmente una acción que se sabe que producirá más daño del que intenta remediar. Ya no es una cuestión de economía, sino de moral. ¿Puede ser recomendada una acción, la que sea, sólo justificada por las intenciones que ella persigue?

La respuesta está dada por quizá la mayor de todas las virtudes, la prudencia y que es la habilidad de prever las consecuencias de nuestras acciones. Como me dijo uno, “Son muy necesarios los baños de realidad, no sólo de pureza”.

Post Scriptum

En Outsourcing Sin Mitos hay un examen desapasionado del tema. Pero el punto central es uno moral y no económico, el de tener en conciencia la obligación de implantar acciones que con certeza razonable no tengan consecuencias peores a las originales.

En Hazlitt, Henry (1979). ECONOMICS IN ONE LESSON [1946]. New York. Arlington House Publishers, se trata este problema dando un principio de acción que es el de considerar los efectos en el largo plazo evitando daños en terceros. En La Empresa Desconocida esta idea se ilustra con el caso de los créditos oficiales a empresas.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información para el interesado en buscar ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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