Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Buen Escepticismo
Eduardo García Gaspar
26 mayo 2008
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Si se hiciera una pregunta acerca de los problemas de seguridad que presenta Internet, seguramente en uno de los primeros lugares se percibiría a los de virus y programas malignos que espían la actividad de la persona. Además, también habría muchas menciones de los riesgos de robo de identidad, fraudes bancarios y similares.

Nada nuevo, sino simples nuevas oportunidades de hacer lo mismo que cuando no había Internet, como el riesgo de ser asaltado al salir de un banco o ser descuidado con el uso de una tarjeta de crédito. Esto es lo que me lleva a una segunda opinión sobre el tema: más debe temerse a la credulidad humana que a los malévolos programas de espionaje y robo de identidad.

Me refiero a la terrible ingenuidad que todos podemos mostrar cuando recibimos un correo que dice que nuestro banco necesita actualizar nuestros datos personales y le hacemos caso. Es la misma inocencia del que recibe un correo diciendo que las llaves electrónicas de los hoteles contienen todos nuestros datos y que deben ser destruidas antes que entregadas al hotel.

No me refiero a los programas malignos que en lo oculto pueden introducirse en la computadora y que pueden ser evitados con ciertas medidas tecnológicas. Sí me refiero a lo que no tiene una solución técnica, nuestras mentes cándidas dispuestas a creer las cosas más alocadas… como la del correo que nos pide dinero para cobrar otro dinero aún mayor de algún extranjero que no puede hacerlo personalmente.

Contra ese candor no puede sino haber otro remedio, mental, que es el de tornarse escéptico en extremo. Nunca, jamás, contestar un correo de una institución financiera que pide nuestros datos, así sea verdadero. Jamás dar datos personales a nadie incluso cuando todo se ve muy institucional y serio. Las páginas falsas de Internet pueden verse tan reales como las verdaderas.

Si usted quiere contactar a la institución financiera, vaya a su página directamente, no a la que está en el correo que usted recibió. Nunca haga caso de avisos de urgencia que dicen que necesitan los datos para mantener su cuenta. Nunca haga caso de ofertas de aplicaciones gratuitas, ni ofertas tentadoras. No cargue programas en su computadora que no vengan de empresas conocidas. Y use navegadores con protección, como Firefox.

En fin, nada que no sea de sentido común mezclado con una buena dosis de escepticismo y resistencia a las tentaciones. Contra el candor y la ingenuidad no hay soluciones tecnológicas. Yo recibo al día al menos un correo que me pide actualizar datos financieros en cuentas de bancos que no uso y del que uso. No le hago caso a ninguno.

Como en los fraudes y engaños anteriores a Internet, todo se basa en una hipótesis, la de creer que las personas son ingenuas, no soportan la presión y tienen ganas de ganar dinero fácil. Por eso se creen con facilidad las cartas en cadena, esas que dicen que de no reenviar la carta caerán maldiciones o se dejarán de recibir beneficios… lo que sólo logra llenar los correos de otros.

Quienes cometen esos fraudes creen que el resto somos ingenuos. Una buena colección de esos trucos está en una película que merece verse, House of Games (1987). Uno de los personajes principales dice, “De lo que estoy hablando se resume en un más básico principio filosófico, no confíes en nadie.” No creo que llegue a tanto, pero sí a un razonado escepticismo en circunstancias concretas.

Esa misma hipótesis de candor e ingenuidad, me parece, funciona en la política cuando los gobernantes intentan convencernos de sus promesas. Cuentan ellos con nuestra simpleza. Y les funciona bien porque trabajan la paradoja del fraude: no nos piden confiar en ellos, sino que primero ellos nos otorgan su confianza y más tarde les damos la nuestra sin pensarlo.

En fin, creo que establecí mi punto: así sea en Internet o en política, resulta de gran provecho adoptar una posición de sana incredulidad ante situaciones que no resultan normales ni esperadas. Igual que no debe creerse al que ofrece el doble de interés a depósitos pequeños, tampoco debe creerse a quien promete hacernos felices si lo elegimos para gobernar.

Post Scriptum

Mike, el personaje de la película tienen frases que son estupendas: “Dices que actué atrozmente. Sí, lo hice. Lo hago para vivir… No puedes engañar a alguien que no está poniendo atención… Se le dice un juego de confianza. ¿Por qué? ¿Porque me das tu confianza? No, sino porque yo te doy la mía.”


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información para el interesado en buscar ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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