Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Creando Una Nueva Ética
Eduardo García Gaspar
18 noviembre 2008
Sección: ESCUELAS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Para demostrar una tesis que sostengo como probable, debo primero dar un ejemplo claro, que me servirá como una prueba de esa tesis. La prueba está contenida en un texto titulado Competencias ciudadanas y construcción de la democracia en México, cuyo autor es Jesús Cantú.

Su punto de partida es la capacidad de las personas para gobernarse a sí mismas, mejorar la vida y todo “depende de la posibilidad de desarrollar las competencias para ello” por parte de los ciudadanos. El gran tema es el de las competencias ciudadanas. Y en este terreno, dice, “hay que dominar, primero, el concepto de competencia y, posteriormente, identificar las competencias ciudadanas indispensables para contribuir al desarrollo de la comunidad, estado, país y mundo…”.

La idea de competencias, sigue diciendo Cantú, se origina en la idea del desarrollo de destrezas o habilidades que se necesitan para hacer una tarea —pero de ese terreno laboral, pasan a la educación para incluir conocimientos, creencias, habilidades que ya no tienen una connotación de capacidad mecánica sobre el cómo realizar una tarea.

La noción de competencia se abre a algo mucho mayor. Uno de los autores citados, por ejemplo, dice que las personas deben tener ocho competencias: conocimiento y cuidado de sí mismo, autorregulación y ejercicio responsable de la libertad, respeto de la diversidad, sentido de pertenencia a la comunidad —y otras más, como apego a la legalidad y sentido de justicia.

Las competencias normales que se conocían con un sentido de habilidad para realizar una tarea con calidad han sufrido un cambio, como se muestra en otro autor citado por Cantú. Este autor habla de cuatro competencias, como interpretación crítica de la realidad, el inquirir social interdisciplinario, deliberación político-ética y demás.

Siguen las propuestas sobre competencias, con otra que habla de tres categorías de ellas: las de la actuación autónoma, las que tienen que ver con el uso de instrumentos y las que se relacionan con la interacción en situaciones de comunidades heterogéneas. Se cita otra propuesta de competencias, una que habla de convivencia y paz, de participación democrática, de pluralidad, identidad y valoración de diferencias.

Otras propuesta citada es la que propone seis competencias: comunicación, trabajar con otros, solución de problemas y otros más. En esto también se habla de responsabilidad moral y social, involucramiento en la comunidad, comprensión de la vida democrática y otras más.

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Las diferentes propuestas sobre competencias personales, debe recordarse, tienen una razón —tener una nación de ciudadanos con esas capacidades, habilidades, creencias; ciudadanos activos e integrados, con “conciencia de los derechos y obligaciones ciudadanas”.

Se está en el terreno de lo que se ha llamado Educación para la Ciudadanía y que pide que los ciudadanos tengan “conocimientos, habilidades, actitudes y valores que permiten realizar actividades complejas y diversas para hacer frente en forma oportuna, eficaz y eficiente a las situaciones que presenta la vida”, según palabras del autor.

Aunque las expresiones y el lenguaje son en demasiadas ocasiones muy vagos, en todo el tratamiento se puede con certeza concluir que se trata de propuestas que varían entre sí, pero que tienen el objetivo de crear ciudadanos con las competencias que cada uno sostiene como necesarias para el buen desarrollo de la vida en comunidad. El gran énfasis es político y consiste en crear una cultura democrática en la población.

La Educación para la Ciudadanía tiene como temática general la de valores democráticos, legales, justos —que se apoyan en nociones de tolerancia, diversidad, pluralismo, derechos humanos, ecología, disposiciones constitucionales, sociedad libre y otras ideas similares que persiguen educar al ciudadano para mejorar la vida en sociedad.

Las propuestas de competencias ciudadanas, por definición, parten de la idea de que ellas distinguen entre lo bueno y lo malo y son, necesariamente, fuentes de preceptos éticos. Se trata de una ampliación de funciones: la Educación para la Ciudadanía es, para todo propósito práctico, una moral creada por el sistema educativo de un país. Usa la palabra competencias, pero se trata en realidad de reglas morales que sostienen deberes.

Cada una de las propuestas citadas por Cantú es un buen ejemplo de mandatos éticos propuestos por educadores, ONGs, instituciones como la OCDE y otros más. Bajo el admirable objetivo de tener mejores ciudadanos, se crean nuevos sistemas morales justificados por la creación de una mejor democracia.

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Los deberes morales son, por esa Educación para la Ciudadanía, transformados en capacidades o habilidades —ya no es un deber el tratar bien a otros, sino una competencia que está en el mismo nivel que la habilidad para solucionar problemas. El faltar a un deber ya no es una falla de voluntad, sino una carencia de habilidad, lo que crea la excusa perfecta: si alguien falta a sus deberes es que no ha desarrollado su habilidad para hacerlo.

Los deberes morales son, por esa Educación para la Ciudadanía, definidos en ausencia de un principio central, como la naturaleza humana y su derivado, el derecho natural —son esos deberes ahora una lista variable de cosas que se crean de acuerdo con las opiniones de quien sea, de lo que se considere políticamente correcto o gubernamentalmente aceptable.

Los deberes morales son, por esa Educación para la Ciudadanía, transferidos a la autoridad política quien los adecuará a su conveniencia dentro del sistema educativo público en donde el deber será definido de acuerdo con las creencias del gobernante en turno. Se trata de una acumulación colosal del poder en el gobierno —una ambición dictatorial como la de Platón. Si existe un intervencionismo del estado en la economía, la educación para la ciudadanía es un nuevo caso de internvencionismo estatal en la moral.

La tesis que sostengo está expresada en los tres párrafos anteriores y se resume en una idea: la Educación para la Ciudadanía es una manera de disminuir del valor de la persona y, por tanto, de empeorar las condiciones de vida de las personas. Cuando la moral y la ética son convertidas en listas variables de capacidades manejadas por el capricho del que tiene el poder, se pierde el sentido del deber y sin él, no puede haber comportamiento moral.

Post Scriptum

El texto de Jesús Cantú se encuentra en Cortina, Adela, Cantú, Jesús, Ochman, Marta, otros (2008). SOCIEDAD, DESARROLLO Y CIUDADANÍA EN MÉXICO. México. Limusa


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.



1 comentario en “Creando Una Nueva Ética”
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