Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Crear o Distribuir
Leonardo Girondella Mora
4 septiembre 2008
Sección: Sección: Análisis, SOCIALISMO
Catalogado en:


Dadas algunas de las propuestas que persiguen algunos gobernantes correré el riesgo de pasar vergüenza por aclarar cosas que todos parecen saber, menos ellos —una sola de ellas es vital afianzar: todos los recursos son escasos, todos, por definición y sin remedio posible.

No sólo los gobernantes, sino los que toman como idea central de su pensamiento político, la de distribuir la riqueza, los ingresos, los recursos —no suelen ellos recordar que los recursos son finitos. Si un gobernante hipotético decide pagar con gasto gubernamental, por ejemplo, una feria popular o una pista gratuita de hielo, sin remedio necesitará quitar recursos a otras posibilidades, tal vez cursos de entrenamiento policiaco.

Usar un recurso en una cosa significa no poder usarlo en otra —el subsidio otorgado a la producción de biocombustibles no puede ser usado en la construcción de carreteras. Por eso las decisiones de uso de recursos están destinadas a decidir el mejor uso de esos recursos, el de mejores resultados. Si hubiera recursos ilimitados, esas decisiones sobrarían y no habría necesidad por satisfacer —la pobreza sería inexistente.

Lo que digo es que las malas decisiones de uso de recursos son las causantes de pobreza mayor a la posible de reducir —malas decisiones en el uso de recursos limitados son las causantes de pobreza mayor. Por ejemplo, dar crédito blando a empresas ineficientes sin enmienda posible repercute en una menor cantidad de crédito disponible a otras empresas eficientes.

La decisión se ve claramente ya —consiste en responder una pregunta, la de donde produce mejores resultados el uso de recursos limitados. ¿Es más redituable dar crédito a empresas ineficientes o a empresas eficientes? Si los recursos fueran infinitos, la pregunta carece de sentido, pero ya que son limitados, la respuesta es vital.

Para comprender el tema, debo señalar que hay dos posibles soluciones o respuestas.

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Una de ellas consiste en centralizar todos los recursos existentes en una institución o agencia distribuidora responsable de asignar los recursos según los criterios que ella determine —así se decidirán partidas de recursos a una infinidad de usos, desde la investigación médica hasta la concesión de gastos para la asistencia al cine.

Bajo el criterio de distribución centralizada, las personas recibirían esos recursos junto con las instrucciones para usarlos de la manera dictada por la institución distribuidora —tantas naranjas para jugo, tantas sillas para la casa y así para cada bien de uso final. La producción de esos bienes finales sería realizada por la agencia: ella decidiría en qué procesos previos, como siembra de árboles, se invertiría para al final tener, por ejemplo, los grifos, los neumáticos, las pantuflas, las sillas que las personas necesitan.

La agencia distribuidora de recursos sería la responsable de responder esa pregunta, la de la mejor manera de utilizar recursos que no son infinitos. Para tomar las mejores decisiones y usar responsablemente los recursos tendría que contar con una enorme base de información sobre esos recursos: cantidades, calidades, localización, usos posibles; pero también con otra enorme base de datos: las necesidades de la gente para cada producto o servicio que necesite.

La tarea de la agencia distribuidora sería enorme —por ejemplo, tendría que decidir cuantos bolígrafos de tinta azul de precio bajo se necesitan cada momento en cada lugar; y qué recursos previos usar para cumplir con esos requerimientos: plásticos, tintas, papel, gasolina, camiones, dedicados a tener la cantidad de bolígrafos adecuada en el momento adecuado en el lugar adecuado. Necesita hacer esto para cada uno de los bienes y servicios finales, los que deben sumar millones.

Puede suponerse, aunque sea irreal, que existe la capacidad computacional para hacer todos los cálculos necesarios responder qué recursos deben usarse en qué bienes para al final lograr el mejor uso de esos recursos que son escasos. La máquina que haga esos cálculos necesitará obligadamente dos datos adicionales: las necesidades de cada una de los millones de personas y los precios de los recursos a usar.

El problema que la agencia tiene desde el inicio es que no hay precios. El dato no existe cuando la agencia es la responsable de distribuir los recursos —nada más existen los recursos bajo su dominio, pero ellos no tienen precios. No los pueden tener. A lo más que puede aspirar una agencia distribuidora central es a determinar la cantidad de recursos existentes en un momento, por ejemplo, carbón, o trigo. Pero hasta allí.

El cálculo es además imposibilitado por otra razón, tampoco existe la información sobre las necesidades del consumidor en cada momento —sin esta información, la agencia central cometerá errores de producción, por ejemplo, haciendo más sillas de las necesarias, o cultivando menos tomates de los demandados.

La agencia central de distribución de recursos tiene una posición que será ampliamente criticada —aún tomando decisiones sin favoritismos, ella será acusada de corrupción y clientelismo gubernamental con cada otorgamiento de recursos a cada persona. Las acusaciones incluirán también la crítica de desigualdad: es obvio que existe una relación de sumisión entre la agencia distribuidora y los ciudadanos.

La agencia central distribuidora tendrá un severo problema administrativo proveniente de la atención que debe dar a millones de personas —necesitará decenas de miles de empleados y miles de lugares repartidos en todo el territorio bajo su dominio. El costo del personal necesario y las instalaciones requeridas elevará los costos de la distribución de los recursos sin incentivos para reducirlos.

Y esa agencia además sería perenne —jamás dejaría de funcionar distribuyendo y redistribuyendo para mantener las igualdades buscadas por ella.

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La otra forma de tomar las decisiones de asignación de recursos es la que pone énfasis en la creación de ellos, no en la distribución. Es un proceso en el que no se realizan distribuciones de recursos —no hay en él ninguna agencia responsable de distribuir, lo que tiene la gran ventaja de quitarse de encima los problemas de la agencia central de distribución. El problema de la asignación de recursos es delegado por esta forma de pensar en las personas, a quienes hace responsables de qué recursos usar para qué fines.

La asignación de los recursos limitados a la satisfacción de necesidades sin fin es, bajo esta manera de pensar, una tarea que la misma gente debe realizar sin preocuparse por distribuciones, sino por creación de recursos. Se tiene así a millones de personas responsable de usar esos recursos creando bienes que son intercambiados por otros, según las necesidades de quien los pide.

Estos intercambios hacen posible la existencia de precios formados sin la voluntad expresa de nadie —y son tomados como bases de decisión para producir y consumir. Con cada persona, en lo individual, tomando decisiones, ya no se necesita ningún cálculo central. La información necesaria para asignar recursos existe, pero está repartida en cada persona y su trabajo. No es necesario centralizarla para usarla.

Sin haber distribuciones, sino intercambios solamente, las personas tienen estímulos para mejorar la asignación de recursos haciendo lo máximo posible la satisfacción de las necesidades de otros. Quien mejor satisfaga a otros, quien mejor anticipe sus necesidades, elevará sus recompensas y bienestar personal.

Esta forma de asignar recursos permite una definición de la pobreza que señala caminos para solucionarla —la pobreza no es tanto la carencia de ingresos de una persona sino su falta de capacidad para realizar intercambios que otros consideren valiosos. Si la persona pobre mejora su productividad, elevará su ingreso.

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Entre las dos maneras de asignar recursos limitados, sin duda la mejor es la segunda, la que pone su atención en la creación de riqueza —ella evita gobiernos demasiado poderosos realizando funciones que son imposibles y lo hace pensando de manera mucho más original. La distribución de la riqueza tendría sentido si ella fuera una una cantidad fija que no puede crecer —pero habiendo sido demostrado ampliamente que la riqueza sí crece, la principal tarea es la de incrementarla saliéndose de la prisión mental de la distribución.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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