Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
CSI: Las Penas
Eduardo García Gaspar
8 enero 2008
Sección: MEDIOS DE COMUNICACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Los cuentos son mejores que las novelas, ha sido opinado por más de uno incluyéndome. Los cuentos son una creación milenaria fácil de imaginar en un ambiente prehistórico, cuando algún cazador narra los sucesos del día y se atreve a adornarlos con invenciones suyas de animales fantásticos y peligros misteriosos. Los cuentos son ricos en imaginación y su brevedad los hace muy accesibles… a pesar de lo cual, me dijo un librero, se venden muy poco.

Dentro del género de los cuentos, los policiacos han sido favoritos de siempre. Tiempo atrás eran los de Sherlock Holmes, el padre Brown, Maigret y otros más. Son muy atractivos porque a la gran imaginación que contienen añaden la solución de un problema que parece insoluble: el encuentro del culpable de algún mal por medio de la enorme inteligencia del héroe. Elogian estos cuentos a la razón, a la experiencia, a la lógica, al sexto sentido, al poder de deducción, a la originalidad. Y desprecian al malvado que ha cometido un delito o causado un daño.

Supongo que de allí provenga la popularidad de las series policiacas de televisión, todas ellas basadas en la persecución del mal y su castigo. Por décadas han resultado programas exitosos a pesar de una fórmula conocida y similar: Dragnet, Kojak, Miami Vice, Las Calles de San Francisco y muchas más. Son también cuentos aunque puestos en televisión, muy breves historias de personajes que vamos conociendo, entendiendo su personalidad.

Una pena es que esos programas hayan sustituido la lectura de los cuentos. No digo que no deba verse a, por ejemplo, CSI Las Vegas, que es un favorito mío. Pero sí digo que poner de lado al padre Brown es una pérdida importante, o a Holmes, o a Poirot. Hay en éstos cosas que no pueden tenerse en la televisión. La televisión necesariamente resume en poco tiempo algo que ya de por sí es breve y por eso, la pena es perder parte de la riqueza que podría tenerse.

Quizá otra pena es la que se tiene ahora con respecto a las historias anteriores. Es comprensible que en la actualidad la tecnología juegue un papel central en las historias policiacas. Un capítulo de CSI sería imposible sin contar con una máquina que determine el DNA de un par de personajes. Demasiada tecnología tal vez y menos intervención humana, pero aún así no dejan de ser fascinantes por extremas y aventuradas en sus argumentos.

Lo que quizá suceda, y es una pena, es que se ha colocado más énfasis en la prueba física que en el poder intuitivo. En la serie de cuentos de El Poeta y los Lunáticos, Chesterton, por ejemplo, es capaz de solucionar grandes misterios por medio de simples razonamientos que ponen de lado toda tecnología. El héroe es alguien capaz de ver las cosas de otra manera. No depende de nadie más que de él. Y en este sentido CSI refleja los tiempos, esa dependencia en máquinas, lo que no es reprobable en sí mismo sino por su consecuencia mental.

Gil Grissom, el supervisor de CSI, repite con frecuencia que se guía totalmente por lo que dice la evidencia en la que confía ciegamente. La pena es esa confianza absoluta en la evidencia, pues no deja espacio explícito a lo que en realidad hacen, que es interpretar la evidencia. Los hechos, las pruebas, no hablan hasta que pasan por nuestra mente y reciben una interpretación que puede ser equivocada. Sería fascinante ver algo más profundo, como la posibilidad de varias interpretaciones con las mismas pruebas y hacerlo explícito.

En uno de los capítulos, Grissom se declara creyente en Dios, pero no en la religión. Revela así una posición lógica suya, la de una mente que exige que todo pase por un laboratorio y si no pasa, lo ignora. El problema es que no todo puede pasar por un laboratorio. Un laboratorio puede determinar el DNA de una persona, pero no sus motivos y creencias. Las cosas más importantes de la vida no son sujetas de estudio en laboratorios y eso es una pena, porque CSI pone de lado lo que resulta fascinante en, por ejemplo, el detective francés Maigret, que es un elemento humano siempre en primer plano.

Post Scriptum

Un sitio, por ejemplo, dice de Maigret, el detective francés creado por Georges Simenon:

“The Maigret stories are unlike any other detective stories — the crime and the details of unraveling it are often less central to our interest than Maigret’s journey through the discovery of the cast of characters… towards an understanding of man. Simenon said he was obsessed with a search for the “naked man” — man without his cultural protective coloration, and he followed his quest as much in the Maigrets as in his “hard” novels”.


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