Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cuba: Credenciales Respetables
Eduardo García Gaspar
25 noviembre 2008
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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En marzo de 1992, escribí una columna con algunos datos histórico de Fidel Castro y que vale la pena recordar. No es tanto el ver partes de una historia, sino el ir más allá y ver a una persona más cerca de la realidad. Especialmente, constantando la coincidencia entre el deseo de poder y la gran utilidad práctica de una teoría económica.

El padre de Fidel Castro fue un gallego emigrado a Cuba, trabajador de la United Fruit, luego próspero granjero con 10 mil acres de propiedad y 500 empleados. Este hombre, que tanto odiaba a los estadounidenses, tuvo por hijo a un estudiante-político y empistolado que cambiaría a Cuba.

Sí, de estudiante iba armado. Siendo rico, carecía de los problemas inmediatos que le hubieran impedido participar en 1947, con una ametralladora, en una invasión de la Dominicana. Tampoco hubiera podido al año siguiente ir a Bogotá y participar en los disturbios de la Conferencia Panamericana.

En fin, que tanto éxito tuvo Fidel Castro en su ascenso al poder que el mismo Batista lo reconoció e hizo lo que todo político pragmático hubiera hecho: le ofreció un lugar en su gobierno, regalo que fue rechazado por el futuro dictador. Hay evidencias, como el testimonio de un compañero de Leyes, que pintan a Castro como sediento de poder, sin principios y capaz de unirse a quien sea que le ayudara en su carrera al poder.

Y luego vino la Revolución cubana, tan glorificada y admirada. Algunas cifras de esa revolución resultan reveladoras: 150 personas llevadas a la sierra, 3 mil seguidores en total, unos 50 muertos en acciones bélicas y la circulación del New York Times a su favor, incluyendo a la CIA, más el embargo estadounidense de armas que se le impuso a Batista, no a Castro.

Total, una guerra de relaciones públicas, ganada en buena parte con el apoyo de Estados Unidos. Luego vino la toma del poder, de todo el poder por parte de Fidel. Desde enero de 1959 cuando se hizo comandante en jefe, siguió acumulando poder y más poder. Y los razonamientos usados para justificar eso llaman la atención.

Por ejemplo, para prohibir los partidos políticos se dijo que los hombres valiosos que pertenecen a partidos políticos ya tienen puestos en el gobierno provisional, los otros deben permanecer callados. Castro propuso la idea de una justicia sin preceptos legales, basada en la convicción moral y la idea de que habría elecciones cuando terminara la reforma agraria, cuando los niños tuvieran todos educación, cuando toda la medicina fuera gratuita. En pocas palabras, los cubanos harían lo que Castro quisiera durante el tiempo que él quisiera.

La  retórica castrista, al final, tuvo resultados. Castro hizo que Cuba dejara de ser dependiente de Estados Unidos. Castro hizo a Cuba dependiente de la Unión Soviética. Ese fue un efecto, por no mencionar el de la locura que produjo en otro gobernante con el que compartía el gusto por las relaciones públicas, J. F. Kennedy. Pero, sobre todo, Castro en lo personal se hizo dependiente de una teoría económica integral, que todo lo explica y de la que se derivan justificaciones de poder concentrado.

Otro dato es hacer decrecer la economía cubana a un 1.2 por ciento anual entre 1959 y 1981, haciendo crecer al ejército cubano de tal manera que Cuba es posiblemente una de las naciones más armadas per capita en el mundo.

Una nación, por cierto, que tiene en su historia el haber estado en medio del conflicto mayor entre la Unión Soviética y Estados Unidos, que llevó a las fuerzas estadounidenses al estado de alerta Defcon-2, el previo a la guerra. La vida sigue y resulta una experiencia ahora ver ese hombre que cambió a Cuba de ser dependiente de Estados Unidos a ser dependiente de la Unión Soviética, y más tarde de Venezuela. Pero, insisto, sobre todo, dependiente de una escuela de pensamiento que le da aún credenciales respetables para muchos.

Ver al viejo Castro ahora echa a andar la mente. Y de las muchas cosas que pueden pensarse, existe una que llama mucho la atención: la coincidencia entre las personas que tienen ambición de poder y sus preferencias ideológicas. Es la afortunada coincidencia , mencionada antes, que da al papel de tirano una justificación teórica y una legitimación filosófica. Castro, como Lenin, Mao y otros, fueron justificados por la ideología del marxismo. Chávez, Ortega, Correa, tienen la misma dependencia ideológica

No creo que Marx hubiera justificado ese uso de sus ideas, pero sin quererlo dio a los tiranos una credencial respetable en algunos círculos intelectuales. Es muy raro que alguien que desea acceder al poder tenga creencias liberales. Pero es muy frecuente que quien se ve como un salvador y desea el poder, sea un socialista. Obama es un buen ejemplo de esta mentalidad que se basa en retirar poder y libertad al ciudadano.

Post Scriptum

Los datos vienen de Johnson, Paul (1992). MODERN TIMES : THE WORLD FROM THE TWENTIES TO THE NINETIES. New York, N.Y. HarperPerennial. Existe una traducción de Vergara. Es una lectura muy aconsejable.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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