Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Del Hablar Al Dialogar
Eduardo García Gaspar
25 julio 2008
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
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No creo que existan muchos placeres mayores al de una buena discusión entre dos personas razonables y educadas. Ser testigo de ello es un gran método de aprendizaje. Del otro lado, está una de las peores decepciones que puede tenerse, la de la mala discusión entre personas que apoyando opiniones contrarias no tienen ni habilidad ni buenos modales.

Lo interesante es que en ambas situaciones es posible aprender. En la buena discusión se termina sabiendo más del tema y sobre cómo razonar. En las malas discusiones también se aprende, si bien no mucho del tema, si sobre cómo no discutir o argumentar.

Digamos que usted tiene la opinión de que el monopolio estatal petrolero debe ser privatizado y explica su posición. Eso puede ocasionar una serie de reacciones en quien le escucha. Una de esas personas puede decirle, “Usted, sin duda, ha sido comprado por los grandes intereses petroleros del mundo”. No es una argumentación, sino un insulto.

Otra persona puede decirle a usted, “Lo que usted dice es lo mismo que sostienen los monopolios mexicanos, como Telmex y Televisa.” Esto equivale a decir nada: puede ser que sí sea lo mismo, puede ser que no, y cualquiera de las dos posibilidades no anula las razones que usted ha explicado.

Una tercera persona puede decir que, “usted es un burgués inconsciente de las necesidades de la clase trabajadora.” Esto es una gema de la intrascendencia: nada tiene que ver lo que usted ha dicho con el hecho de que usted sea un burgués o no. Lo que interesa es lo que se ha tratado de demostrar y eso no depende de si el expositor va vestido de corbata o no. Peor aún, usted jamás dijo que los obreros no eran de su interés.

Ese tiempo de argumentaciones se usan con frecuencia para atacar a opiniones con las que no se está de acuerdo. Son interesantes porque muestran que hay una posibilidad de crítica que no necesita argumentar: sólo requiere hablar mal de quien tiene posturas opuestas a las propias. No se necesita pensar. Sólo necesita acusar al otro de algo: ser corrupto, ser burgués, trabajar para el FMI, representar los intereses del capital, formar parte de la gran conspiración…

Creo que esto merece una segunda opinión porque también se aprende, y mucho, de los errores propios y ajenos. Otro de esos errores está muy bien ilustrado en la siguiente opinión de un columnista. Hace tiempo, él escribió que en los EEUU, el candidato republicano MacCain recibiría enormes contribuciones de grandes corporaciones interesadas en la defensa de sus intereses internacionales.

Un tiempo después, escribió que el candidato demócrata Obama recibiría enormes contribuciones de las grandes corporaciones estadounidenses interesadas en evitar la competencia comercial del exterior. No hay mucha congruencia entre ambas posturas: una favorece al libre comercio y la otra no. Es mucho más creíble que sean los sindicatos los que apoyan a Obama para evitarse competencia externa.

Mi punto aquí es que no importa lo que suceda, si alguien ya seleccionó al culpable de los hechos siempre acomodará la realidad a su teoría. Esto le sucede mucho a quienes adoptan teorías bipolares de explicaciones universales, como la del marxismo: los capitalistas burgueses son los malos y los proletarios son los buenos. Creyendo esto ya no hay necesidad de pensar, basta acusar al enemigo de burgués y la discusión se acabó.

También sucede esto en otras ocasiones. Digamos que usted tiene una opinión mala de, por ejemplo, Obama en los EEUU. De inmediato muchos pensarán que usted sin remedio es un partidario de MacCain, a pesar de que usted nada haya dicho de este hombre. Puede ser que usted piense que es aún peor que Obama, o que es igual de malo. El punto es el de una conclusión errónea.

El tema es importante porque las discusiones mal llevadas producen conclusiones equivocadas. En el caso de Pemex ahora en México, pienso que la posición del PRD es errónea, pero eso no quiere decir que creo que las opiniones del PAN son las correctas. En realidad, creo que también están equivocadas. Entender estos puntos, creo, es un requisito para poder dialogar en política.

Post Scriptum

Los malos hábitos de las discusiones no son propios de la izquierda. También los padece la derecha. Sin embargo, tengo la impresión general de que es la izquierda, la llamada rabiosa, la que más se acalora y tiende a usar esos argumentos inválidos como forma de contestar. Técnicamente, la manera de argumentar con el contrario usando insultos o calificativos personales se llama argumentación ad hominem, es decir, dirigida a la persona y no al tema tratado.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información para el interesado en buscar ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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