Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Del Optimismo al Pesimismo
Leonardo Girondella Mora
15 septiembre 2008
Sección: Sección: Asuntos, SOCIEDAD
Catalogado en: ,


Ha sido escrito que el ser humano ha recibido tres golpes fuertes a la idea que de sí mismo tiene.

Copérnico mostró que la tierra no es el centro del universo —como se creía no hace en realidad mucho.

Más tarde, C. Drawin demostró que las diferencias del humano con los animales son mínimas —el hombre ya no podía ser visto como el gran señor del mundo como se pensaba.

Y, finalmente, S. Freud con sus teorías probó que ni siquiera de su mente es dueño el ser humano, como presuponían las filosofías anteriores.

Esos tres golpes al ser humano han sido repetidos muchas veces y, junto con otras ideas, son buena muestra de una mentalidad de nuestros tiempos —la de crear un sentido serio de culpa, muy especialmente de culpas colectivas. Por ejemplo, se ha dicho también que el mundo occidental es el causante de los retrasos del resto del mundo, y que los hombres han sido los responsables de la opresión de las mujeres.

Del optimismo humano que es un rasgo subyacente de tantas escuelas filosóficas —como en Aristóteles, Locke, Smith y muchos otros—, se ha dado un paso a una filosofía del pesimismo: Nietzsche, Sartre, Camus, Bouvoir y otros. Cualquiera que sean los nombres que se manejen, hay dos elementos en este nuevo pesimismo:

• Uno es ese preciso cambio: del ser humano considerado como capaz y racional, con potencial de mejorar, la visión actual es la de la persona como un ser dominado, que no puede controlarse a sí mismo y que no puede pensar.

• El otro elemento es menos conspicuo: de la responsabilidad personal e individual, se ha pasado a la culpabilidad colectiva —ya no hay culpables únicos, sino grupales.

La transformación es dual —en lo personal, el ser humano pasa de ser visto como un ser capaz a un ser incapaz; y en otro plano, las responsabilidades dejan de ser personales para ser colectivas. Es como si esa imagen de la sonrisa de la razón ahora haya dejado su lugar a la mueca de la tristeza.

El cambio tiene consecuencias. Ahora un dictador en cualquier parte del mundo puede hacer reclamos de justicia y recibir ayuda sin condiciones —o bien, una madre soltera puede reclamar derechos para subsidiar las consecuencias de sus actos. Más aún, llegan a justificarse las muertes de inocentes si el que lo realiza tiene una agenda política considerada correcta. Los empresarios corren a asignar recursos para ser clasificados como socialmente responsables creyendo que su labor esencial llega a ser reprobable.

Hay en todo esto una idea de Schumpeter: el formidable éxito de los sistemas liberales han creado tal estándar de vida que se olvidan las razones que lo causaron —lo mismo que apuntó Ortega y Gasset. El ocio de una mejor vida y saber que ella es posible, hace pensar que se trata de derechos y no de resultados de esfuerzos personales acumulados durante décadas. En un medio ambiente tan distorsionado la realidad es desconocida y se piensa que las utopías son posibles.

Ideas como la de justicia social tienen propósitos admirables, pero resultan tan vagas que pueden significar cualquier cosa: sirven para subsidiar al perezoso e irresponsable y para castigar al trabajador responsable; se usan para justificar gobiernos deficitarios con mayor poder.

Tener una opinión baja de nosotros mismos y creer que no somos culpables en lo personal de nada, tiene consecuencias de gravedad—nos hace ver impotentes, sujetos a fuerzas desconocidas que no pueden cambiarse y sentir que de nada podemos ser responsables. La única opción de un ser que piensa así de sí mismo es la esclavitud: darse por vencido y someterse al poder de autoridades que alegan poder construir utopías, como se ha hecho en la URSS, en Cuba y otras partes.

Un ser humano debe pensar muy poco de sí mismo cuando se pone a las órdenes de, por ejemplo, Fidel Castro para seguirlo sin condiciones. Un ser que cree que Hugo Chávez debe guiar su vida tiene que tener una opinión muy baja de su persona. Quien acepta que él no tiene responsabilidades porque los culpables de todo son las colectividades enemigas, se rinde con facilidad ante Ortega, Correa, o cualquier otro que le ofrezca compensarlo en el futuro con el botín de la lucha.

Se necesita recuperar el optimismo humano y el de la responsabilidad personal —es ese sentido que indica que la persona sí tiene capacidades y que debe pasar por las consecuencias de sus actos. Y en todo esto hay también un sentido religioso: rendir cuentas en un juicio final, cada uno por separado, frente a un juez que todo lo sabe y en cuya imagen hemos sido creados, es una noción de un optimismo desbordante.


ContraPeso.info es un proveedor de información e ideas que buscan explicar la razón de ser de sucesos económicos, políticos y sociales.



No hay comentarios en “Del Optimismo al Pesimismo”
  1. daniel santos rivera Dijo:

    Muy buen punto de vista.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras